Tras la búsqueda del Yeti

En sus inicios, Internet era coto casi exclusivo de tres grupos: militares, miembros de la comunidad educativa y conspiranoicos / investigadores de lo paranormal que utilizaban la red para intercambiar información sobre los avistamientos OVNI, las últimas acciones del chupacabras o el vídeo porno de Pamela Anderson.

El anonimato que les ofrecía la red y la velocidad en la transmisión de sus historias constituían el caldo de cultivo ideal para que surgieran centenares de estos seres. En un principio dibujados como asociales ligeramente alejados de la realidad, chiflados ataviados con gabardina y gorros de papel albal, la figura del investigador de lo paranormal recibió un buen lavado de imagen gracias a Expediente X, esa serie en la que aparecía la arrebatadora Gillian Anderson y el tío de Californication, fan además de todo lo que viniera del espacio exterior.

La ley de Clooney dice que un tema divulgado por una persona guapa y/o famosa, adquiere respeto y credibilidad instantánea. Y según dicen el agente Mulder no estaba mal, por lo que a mediados de los 90, el mundo se vio inundado por estoicos investigadores tras la búsqueda de los animales más misteriosos, las apariciones más aterradoras y las conspiraciones más alocadas, cuyo objetivo último era parecer tan cool como el agente del FBI y poder ligar en la barra del bar: un verdadero misterio (y el único real) para muchos de ellos.

España era otro mundo y aquí los temas sin explicación tenían dos padres y ninguna madre: Jimenez del Oso y J. J. Benitez, que no tiene nombre, como los grandes escritores, y cuyo chaleco de explorador con innumerables bolsillos marcaría tendencia entre todos aquellos que se llaman orgullosos: investigadores del misterio.

En Internet, unos y otros tienen un punto de encuentro que no puede faltar en sus favoritos de Firefox: la web de Jeff Rense, una página que ya estaba ahí cuando llegué por primera vez a las autopistas de la información y que seguirá hasta que la red eche el cierre o suban un disco de Los Chunguitos, sin licencia, a sus servidores.

Con el sencillo nombre de Rense.com, el locutor de radio y conspiranoico estadounidense de homónimo apellido, junto con varios colaboradores, recopila noticias serias sobre geopolítica, brotes epidémicos, economía y demás dándole un ligero toque apocalíptico y otras más paranormales como “Los aliens nos han avisado sobre Lady Gaga” o el fenómeno de “The Hum”, ampliamente conocido por los seguidores de Iker Jimenez.

Aunque pueda parecerlo, no es un “Noticias del mundo” de tres al cuarto. La gente que escribe allí se cree lo que dice. Si queréis saber las posibilidades de que la enésima mutación de gripe se convierta en una pandemia mortal o si tras los atentados del 11S están los constructores de adosados del medio oeste, no dejéis de visitarla. Eso si, hacedlo bajo vuestra propia responsabilidad y riesgo. Podéis sufrir daños psíquicos o entrar en la lista negra de la CIA.

Enlace: Rense

Codeacademy

Aprender a programar es un trabajo arduo y penoso al que hay que dedicar más horas de tu tiempo de las que sería deseable. Es por ello que el monopolio del desarrollo de software está en manos de seres con sobrepeso, escasa vida social y amigos jetas que insisten en que les arregles el ordenador: nosotros, los informáticos.

Sin embargo pocas cosas hay más gratificantes que ejecutar un programa hecho por ti mismo, que te salude con un "Bienvenido Dr. Moriarty, amo y señor de la realidad virtual" y acto seguido cargue el video más visto del día en Youporn.

En general crear cualquier cosa te otorga una satisfacción solo comparable a la ingesta de estupefacientes, un orgasmo o un orgasmo sin haber tenido que pagar para conseguirlo. Si te pica el gusanillo de hacer tus propios programas y lo único que dominas del PC es descargar películas en Megaupload, búscate otra afición ahora que ya no puedes y visita la página de Codeacademy, que alberga uno de los mejores cursos que he visto en el que aprender a picar código.

Solo necesitas una dirección de correo y un password para comenzar las lecciones. A medida que vayas superando los ejercicios en Javascript que se van sugiriendo a lo largo de las distintas lecciones, irás ganando logros que servirán como una motivación extra. Las lecciones están en desarrollo todavía, por lo que es pronto para conocer la profundidad de la totalidad del temario, pero es un buen punto de partida en el que comenzar el largo viaje hacia el dominio de tu computadora.

Enlace: Codeacademy

Apocalipsis digital

Durante mas de una década el departamento de defensa de los USA advirtió de la posibilidad de que su país sufriera un Pearl Harbour digital, sin embargo no han esperado a sufrir semejante ataque para lanzar una bomba nuclear contra sus supuestos enemigos.

La guerra en el ciberespacio se libra en dos frentes. Uno es el cibernético, formado por organizaciones y países enemigos y cuyo objetivo es la destrucción de los sistemas informáticos del adversario dañando sus estructuras vitales como plantas de energía, comunicaciones militares, etc (el ataque del virus Stuxnet contra los complejos nucleares iraníes es un ejemplo de ello); el otro frente de lucha es el social: en este caso, al enemigo “formal” se le añade un nuevo objetivo, la población civil propia y la de los aliados. Los ataques van encaminados a controlar a la población, cortar sus fuentes de información, anular su capacidad de organización y evitar que conozca o al menos dificultar las protestas por otras acciones realizadas en el mundo real dejándoles las manos libres para hacer lo que les plazca sin temor a protestas y/o disturbios.

Hace un par de días (novedad, novedad), agentes del FBI cerraron Megaupload, el famoso servicio de hospedaje de archivos con base en Hong Kong y detuvieron a la cúpula directiva, cuyos miembros residían en Nueva Zelanda y Alemania (Interpol en acción), todo esto con la ley SOPA rondando sobre la libertad de expresión en Internet como un buitre sobre un ñu con la pata rota.

La reacción de los cibernautas no se hizo esperar, los lamentos en Twitter se entremezclaban con comentarios sobre Gran Hermano (España es irrecuperable, ya se sabe) pero todo el mundo esperaba la respuesta de los hackers de Anonymous, la cual no se hizo esperar, con varias páginas web del gobierno estadounidense como la del FBI y otras relacionadas con discográficas y gestión de derechos de autor tumbadas con su particular Low Orbit Ion Cannon.

No fueron pocos los que declararon la World War Web I aunque el ataque de denegación de servicio no sea más que algo simbólico, un ataque en el frente social de guerra de escasa repercusión práctica y que no afectará al “plan de guerra” de los poderes establecidos. El que no se pueda acceder durante unas horas (o para siempre vamos) a la página de la RIAA o la SGAE es igual de significativo que el vuelo de la paloma que acaba de pasar frente a mi ventana.

Las consecuencias del súbito cierre de la famosa página se irán viendo a lo largo de las semanas e irán más allá de unas cuantas páginas inútiles inaccesibles. Para empezar, el miedo y la desconfianza se van a instalar en la web 2.0 desde el momento en que se hace responsable al dueño del servicio de los actos de sus usuarios. Las páginas en las que la gente puede interactuar se volverán mas restrictivas, la autocensura se impondrá y habrá determinados temas que serán vetados y apartados de la corriente general de debate, pues, por si alguien lo dudaba, ha quedado demostrado que el gobierno americano tiene jurisdicción para arrestar a ciudadanos residentes en paises “amigos” por delitos que no sean de sangre. Si alguien pensaba que por vivir en España podía alojar en su servidor algún archivo con copyright o un enlace al mismo sin consecuencias judiciales, se puede ir olvidando.

Otra consecuencia importante es la herida de muerte infringida a la computación en la nube, llamada a ser el paradigma informático de la década. Si ya de por si cualquiera con dos dedos de frente recelaba de depositar sus datos en servidores ajenos, el hecho de que el gobierno americano pueda cerrar cualquier web sin importar su relevancia (Megaupload era la séptima página más visitada de la red) hará que nadie se deje seducir por los cantos de sirena de tener sus datos al alcance de la mano en cualquier lugar del mundo (bueno si, los usuarios de Apple, pero ya sabemos todos que son “especiales”) Sin ir más lejos, yo tenía alojado en Megaupload mi novela visual “Jim del Espacio Exterior 2” de próximo reestreno en este blog y he estado a punto de perderla para siempre. Suerte que siempre he grabado todo en DVDs hasta la llegada de los discos duros de un terabyte.

Los medios de comunicación, como no podía ser menos, han aplaudido con las orejas la noticia y se han centrado en la problemática de los derechos de autor. Sin embargo la cuestión no es si la gente descarga la última película de Nolan, si Lady Gaga no puede renovar su vestuario en Zara, si no podré seguir viendo la 2ª temporada de The Walking Dead en versión original o si Ramoncín aprovecha para salir por la tele lo que le dejen hablando del uso ilícito de los casettes de doble pletina. Se avecina una guerra y esta ha sido la primera salva de la misma. Cada día que pasa la situación internacional se va enrareciendo. La crisis económica se alarga (nunca terminará, pero ese es otro tema para otro post), la lucha por los recursos se acentúa y cada vez es más clara la división entre ciudadanos, políticos y, llamémosla así, la élite que se enriquece con todo lo que está pasando. Es una nueva edad media disfrazada de pseudodemocracia y falsas libertades en la que conviene que la masa esté aborregada e ignorante de lo que le rodea. Con los medios de comunicación anulados, carentes de credibilidad e interesados en ganar dinero y no en informar, solo queda Internet como fuente de información y libertad.

Como decía M.A.M. en un episodio de Al salir de clase, la información es poder y actualmente, esta reside en la red. Cuando las cosas se pongan feas en el mundo real, Internet dejará de existir. Mientras tanto, siempre se podrán usar otros servicios como Mediafire o Rapidshare o mejor aún, volver a la mula. Le preguntaré al dueño del cyber si ha salido ya el Counter Strike.

Ahora que ya no queda nadie

Como ya lo hizo dios, la peseta y la honradez (entre otros), los blogs han muerto. La gente ya no tiene tiempo para leer más de dos lineas o 140 caracteres, lo que llegue antes y mucho menos para estrujarse las neuronas y escribirlas. Otros formatos triunfan ahora, harto conocidos como para que comience a desgranarlos ahora.
Y no creo que mi percepción esté adulterada por la larga ausencia lejos de estos parajes digitales. Tras un somero repaso a lo que un día se llamó la blogosfera, he comprobado que ya no quedan blogs dignos de interés. Solo el de Tortlon, y algunos más, resisten imperturbables estos tiempos difíciles.  La sociedad se descompone a marchas forzadas y con ella, su cultura.
Así que ahora, cuando el ojo de Sauron y el de la opinión pública está enfocado en Twitter y sus chistosos de SMS, cuando la masa huye ante todo lo que no pueda leerse en un semáforo, es hora de volver.

¿Por qué lo llaman descanso cuando quiere decir sexo en el sofá?

Corría el triste invierno de 2009. Europa aún seguía intentando zafarse de las intrincadas redes de la crisis económica que los Estados Unidos y sus hipotecas subprime habían lanzado contra ella, causando graves perjuicios a su industria y sus exportaciones; y en los distintos paises de la Unión, jóvenes desesperanzados por el desempleo y la falta de un futuro estable en el que desarrollar su carrera, buscaban con denuedo por miles de portales web de búsqueda de empleo (y alguna porno verían pero solo para desestresarse y seguir buscando con más ánimo) una oferta que cubriera sus expectativas laborales.

En la próspera Holanda un atractivo ciudadano llamado Renart (omitimos su nombre real para evitar problemas legales) respondía melancólico a sus cientos de admiradoras. Cada día inundaban su buzón con mensajes de todo tipo. En unos, fervorosas valonas le declaraban su amor incondicional, en otros le pedían un hijo, otras simplemente se conformaban con que les dijera qué champú usaba para el pelo... (aunque su secreto estaba en el acondicionador) Lo que para muchos hubiera sido motivo de satisfacción, llenaba al bueno de Renart de una profunda tristeza, pues la admiración que le profesaban las chicas no era correspondida. No había entre las autoras de aquellas misivas digitales, ninguna que provocara un torrente de mariposas batiendo sus alas en su estomago, figura retórica que por otra parte causaba ciertas dudas sobre su sexualidad. Mas aquella lluviosa mañana de febrero las hadas de la fortuna tuvieron a bien iluminar su destino y en su habitual visita a la web de Monster, encontró el anuncio de una desconocida empresa de testeo de videojuegos, ubicada en Canadá.

Sin pensarlo un instante envió su solicitud y tras unas semanas de espera, con una sencilla prueba escrita de por medio, recibió la confirmación de que había sido elegido para el puesto de tester lingüístico holandés en el remoto pueblo de Sainte Adele.

Hizo las maletas con un nudo en la garganta pues desconocía el idioma de los francos, que era el que se hablaba en aquella región de Canadá y por ello no podría entablar conversación con las féminas del lugar, teniendo que postergar así durante lo que durara su contrato, la búsqueda de la mujer que llenara su corazón y convirtiera sus solitarias noches en un espacio de confidencias y risas.

Tras un tortuoso y desesperante viaje en el cual estuvo a punto de despeinarse dos veces, hubo de utilizar sus encantos para que la agente de aduanas le dejara pasar y no le retuviera en las oficinas de inmigración más tiempo del necesario por culpa de un perro policía en sintonía con el aroma del cáñamo, en el que están impregnados todos los holandeses. Una vez más su mirada Stronjen con media sonrisa y guiño izquierdo le salvó de un apuro.

En su diario personal recogería sus primeras impresiones sobre el pueblo en el que había decidido vivir: un inmenso estercolero donde la alegría decide pasar de largo los meses de invierno, en los que más vale tener a mano un revolver con el que poner fin a tu vida antes que vivir enclaustrado en una nívea prisión sin muros. Claro que eso mismo escribía de todos los sitios que visitaba, incluido Disneylandia.

El cielo plomizo con el que le recibió su primer día de trabajo era una metáfora perfecta de sus ánimos en el momento en que cruzo las puertas de la empresa. La primera persona a la que conoció fue a la recepcionista, una nativa de nivel 7 en la escala Renart de sensualidad, que le invitó a pasar a una sala donde le esperaban el resto de sus nuevos compañeros para iniciar un pequeño cursillo donde aprender a desarrollar su trabajo de manera eficiente.

Allí conoció a gente muy dispar: un sueco muy alegre al que un par de cuervos solían acompañar a todas partes, un francés de Puerto Rico, una española bastante atractiva a la que incluiría en su lista de mujeres a conquistar, y aparte de alguno más, un español llamado Moriarty, un tipo siniestro de sonrisa falsa, mentón prominente y manos de tahur, con cierta afición a mirar de soslayo los senos del último miembro de aquel heterogéneo grupo, una alemana rubia y pizpireta cuyo nombre rememoraba la gloria del viejo imperio germano: Federica. Un nombre un poco rudo pero la chica tenía un buen cuerpo y Renart no pudo evitar caer en sus sensuales redes.

Por suerte para él, era el soltero más dotado en decenas de kilómetros a la redonda y solo dos días después, ya estaban rozandose disimuladamente por las pasillos de la empresa, domeñando su pasión en los baños y borrando sus perfiles en Badoo, pues no necesitaban buscar más a su pareja ideal: la habían encontrado.

Y ocurrió que Cupido agitó sus alas y dejó sin proyectos a la empresa. Mientras Moriarty alcanzaba la gloria derrotando a las huestes de Shredder en la aventura de acción para Nintendo DS "TMNT Arcade Attack", Renart y Federica se veían libres de trabajo y pasaban las horas abrazados o cogidos de la mano, dedicándose arrumacos en los bancos frente a las oficinas. Sin embargo allí podían ser vistos con facilidad, por lo que, con cierta picardía, Renart sugirió a su amada guarecerse de miradas ajenas en la sala de juegos, dispuesta para el ocio y el relajo de los trabajadores. La habitación estaba perennemente dominada por las penumbras y no solo eso, disponía de dos cómodos sofás donde poder dedicarse al desenfreno amoroso sin temor a sufrir de cervicales o problemas de espalda.

Aunque debería haber algún quebecois perdiendo el tiempo jugando al hockey, la sala se encontraba vacía. Los cantos de sirena que entonaba el mullido tresillo que dominaba la estancia eran demasiado sugerentes como para resistirse a ellos y pronto se hallaron semirecostados en él, en una orgía de besos y caricias, inadecuada para ser emitida por el canal Playboy. La intensidad de su pasión fue en aumento, hasta hacerles olvidar de donde se encontraban. Federica se sentó a horcajadas sobre él y comenzó a devorar sus labios mientras las manos de Renart se introducían bajo su ancha blusa, cartografiando cada centímetro de su piel, encendiéndola hasta el punto de perder la cordura y empezar a desabrocharle el abultado pantalón, lo cual hubiera conseguido de no ser porque en ese momento apareció el malvado jefe de planificación y les pilló con las manos en la masa, arruinando una tórrida relación y el video amateur que estaba grabando en secreto el bedel y con el cual pensaba asegurar su jubilación.

Días más tarde la exhibicionista pareja regreso a Europa, porque así lo habían decidido, aunque siempre quedó la sospecha de un despido improcedente por la exuberancia de su cariño. Con todo, lo peor fue la retirada de los sofás de la sala de juegos, con lo que nadie pudo volver a dormir a pierna suelta allí. Aunque esa, es otra historia.

Une poutine s´il vous plait.

Una sensación de pesadez en el estomago, malestar general y una noche de insomnio dando vueltas en la cama, eso es lo que me ha dejado de recuerdo la primera poutine del año. Para el que no lo recuerde o sea nuevo en este blog además de profano en la gastronomia quebecois (quebequeño me suena muy mal) la poutine es el plato típico de la región, se podría decir que el único, consistente en patatas fritas, queso chicloso y bastante ruidoso cuando se mastica y un buen chorreón de salsa gravy (de carne indeterminada) regando el conjunto, que se suele servir en un plato de corcho blanco. Dependiendo del establecimiento puede ir acompañado de diversos ingredientes, algunos incluso saludables, como salsa boloñesa, verduras, ternera, pollo, tofu...

Cosa importante es no tomarla en cualquier lugar al que nuestros pies nos lleven. Recomiendo encarecidamente que si visitáis Montreal o alrededores, os desviéis de vuestra ruta unos cuantos kilómetros y os acerqueis a un pequeño local de Sainte adele al que los lugareños tiene a bien llamar "Mon oncle" pero que para los foráneos que vivimos allí, no es más (ni menos) que "El palacio de la poutine" donde los más refinados gourmets acuden a rendir pleitesía a su orondo y simpático dueño, que recibe a sus clientes frente a un altar de patatas de color amenazador. El restaurante es considerado por un prestigioso diario canadiense como el tercer mejor lugar donde comer poutine de todo Québec, que es como decir de todo el mundo, pues no se puede encontrar en otro lado tan carismático plato.

La peculiaridad de este sitio es que cierra durante los meses de invierno, cosa que se puede permitir perfectamente pues el preciado tiempo que sus puertas permanecen abiertas al público, por sus puertas fluye una riada de gente, desde hambrientos transeuntes y ángeles del infierno jubilados hasta apocados trabajadores españoles que han jurado fidelidad a la poutine hasta la muerte.

Tantas horas echadas ahí dentro...

I was only 19 - Guerra Mundial Z

Resulta extraño para el lector crítico leer la recomendación de la banda sonora de un libro, pero ese es el caso de esta canción de un total desconocido para el público hispano como es el grupo australiano Redgum. Al fin y al cabo de Australia solo sabemos que es el hogar de paletos como Cocodrilo Dundee y el koala Mofli y que además de allí partía el avión de Lost. Es más, a lo mejor lo que está al oeste de la península es Australia y no Portugal.

La canción cuenta la experiencia de un chaval que abandonaba la adolescencia en plena jungla de Vietnam y es nombrada con frecuencia en la obra cúlmen del género zombi de Max Brooks "Guerra Mundial Z", una original novela en formato de entrevistas a los supervivientes de la guerra global no declarada contra los zombis, bajo un planteamiento realista de la situación, mostrando los puntos de vista de un amplio abanico de personas que se vieron envueltas en la vorágine bélica sin quererlo, como el joven recluta de la canción al que meten en un helicóptero hacia Nui dat dejando atrás una vida que pensaba duraría para siempre.

Una lectura recomendada mientras dure la fiebre por los muertos que caminan en la que nos hayamos sumergidos y que como ocurre con la fama de David Hasselhof, nos atormenta periódicamente con productos simplones, zafios y repletos de miembros desgarrados.



En Laponia hace frío

Cruel, despiadado, inmune a las súplicas, sin remordimientos, sin conciencia de algún tipo... Así es el frío, enemigo despiadado de los invasores de la santa Rusia, elemento fundamental en el devenir histórico, y algo muy sufrido de vivir cuando tienes que ir a trabajar a las 7 de la mañana.

Con todo, no se puede decir que los dos inviernos que he vivido aquí hayan sido demasiado duros para lo que son los estándares canadienses, pero para alguien acostumbrado a pasear en ropa interior durante todo el año y a pernoctar en las más variopintas comisarias, el contraste fue algo más que notable: fue catastrófico. Aun así tuve la suerte de vivir el cambio en el clima de forma gradual, desde las destempladas mañanas de verano hasta las gélidas noches de invierno, pasando por un amplio abanico de temperaturas, con lo que tuve tiempo de adaptarme y conocer las reglas de supervivencia a bajas temperaturas (además me vi un par de episodios de "El ultimo superviviente" y me leí el manual de operaciones de combate en el Ártico, por lo que si algún día me encuentro con un comunista, ya se como acabar con él y luego comérmelo para obtener valiosas proteínas)

La regla nº 1 a la hora de salir a la calle, pues tenemos claro que por desgracia no podemos quedarnos en casa siempre, es la teoría de la cebolla. De nada vale cubrirnos únicamente con un voluminoso abrigo de chinchilla, si acaso existe ese mítico animal o como muchos pensamos, no es más que un sinónimo de rata adinerada. Si tienes pareja es distinto pues vestido así solo puedes ir a un lado y el furor "interior" hará que no sientas el frío ni el calor ni ninguna sensación que no comience en tu bajo vientre, pero para los solteros lo más aconsejable es portar varias capas de ropa al estilo de las "plañideras" verduras, para que las bolsas de aire que se forman entre ellas, impidan que el calor que irradia el cuerpo escape a la atmósfera y con él, pedazos de nuestra vida.

Otra cuestión importante es el calzado, sobre dos pares de calcetines por supuesto. Botas duras y que cubran por encima del tobillo son esenciales pues en no pocas ocasiones deberemos meter la pierna hasta la rodilla en la fría y húmeda nieve. En cualquier caso, no hay que preocuparse, pues no es muy difícil encontrar en las tiendas calentadores de pies y manos con los que evitar la aparicion de sabañones y la pérdida de valias falanges cuya ausencia dificultaría nuestra vida sexual (el que la tenga). Otras prendas con las que proteger nuestro busto, y cuando digo busto no me refiero a los pechos, que para protegerlos a esos ya están mis voluntariosas manos, son la socorrida braga con la que cubrirnos hasta la nariz, el típico gorro de lana que nos librará de un buen dolor de cabeza en mas de una ocasión y algo que yo llamo la "cuellera", una prenda de lana circular no muy extensa con la que cubrir nuestro cuello, pues aquí las bufandas son para vestir durante el otoño. No son nada prácticas en invierno. Para aquelllos que sean cuellilargos, puede que les quede algo corta, pero para los Fernando Alonso del mundo, les sobra la mitad.

Otro complemento que nunca viene mal son unas orejeras, calcetines con pilas para calentar los pies mas fríos, y pantalones de nieve, que nos protegerán de ella y nos calentaran por un módico precio. Si, y todo eso debes ponerte cuando te despiertas tarde y debes salir de casa en cinco minutos. Hay veces en que es mejor perder una falanga, total, para lo que lo voy a usar.

En cualquier caso, no hay que tomarse a risa el frío, ni pensar que porque estamos en un lugar donde es posible la vida humana (algunas casas hay por aquí), no nos va a pasar nada. En cierta ocasión tuve que volver a casa a eso de las 8 de la tarde, siendo noche cerrada y con el vaho helado empapando mi ropa mientras caminaba durante 3 o 4 kilómetros a más de una decena de grados bajo cero. Cometí el error de no proteger demasiado mis piernas y pronto empecé a sentir un leve dolor en las pantorrillas que a medida que pasaban los minutos se fueron volviendo rojizas (no es que las mirara en ese momento pero es lo que suele ocurrir) para a continuación ser asaeteadas por centenares de frías agujas cuyo dolor se hizo patente hasta que llegó un momento en que me veia caminando sobre una nube pues había dejado de sentir las piernas. Basta con ponerse en la piel del veterano John Rambo para saber que no es una sensación agradable que no recomiendo a nadie.




Verlo y entrarte un ligero escalofrío, es todo uno.

Back to the curro II

Es curioso cómo la ausencia de la gente con la que te llevabas bien se acentúa con la presencia de aquellos a los que desearías patear sus partes nobles de forma periódica. En realidad no es para tanto, pero no lo había sentido de primera mano hasta que llegó mi primer día de trabajo en esta nueva etapa. Demasiadas caras familiares se habían marchado ya, y tantas otras amenazaban con hacerlo en un futuro próximo. Por ello, ante la posibilidad de quedarme un poco más solo, una ligera perturbación se extendio por el fino tejido de mi confianza, hasta que recordé que el año pasado me había lanzado sin paracaídas alguno sobre este pueblo del que lo desconocía todo, incluso su grafía correcta.

Así pues respiré hondo y crucé la puerta del vetusto edificio que alberga  las oficinas de mi empresa. Unos dirían que es de estilo colonial clásico, pero a mi me parece un edificio okupado por la junta directiva en el que se instalaron definitivamente ante la pasividad de las autoridades. Puede que algún día venga los GEOS canadienses a obligarnos con la amabilidad de sus porras a abandonar las instalaciones.

Jamás se me hubiera ocurrido imaginar que hubiera tanta gente que pudiera recordarme (de una forma agradable sobre todo) Y aquel primer día, que pese a la cercanía en el tiempo se pierde ya en el recuerdo, lo pasé a medio camino entre el rubor y el agradecimiento por las muestras de afecto de los que habían sido mis compañeros. Incluso una alemana llegó a abrazarme, lo cual, si la vida real dispusiera de ellos, podría considerarse como un logro desbloqueado. Eso si, me clavó los pinchos de su muñequera en la espalda, para que no se diga que los germanos son suaves.

Por motivos de confidencialidad no puedo dar datos sobre mi trabajo, más allá de que en estos momentos no dispone de muchos proyectos por lo que ya el primer día pedí la tarde libre y en el segundo, me colocaron donde acaban todos aquellos que no tienen una función especifica en el organigrama y no pueden despedir porque es sobrin@ del jefe: recursos humanos.

Mi tarea consistía en realizar sendas entrevistas telefónicas a los aspirantes a entrar en la maravillosa industria del testeo de videojuegos. Allí me vi con una pila de curriculums y un teléfono fijo al que hace no muchos años hubiera sido incapaz de enfrentarme. Sin embargo no me costó mucho descolgar el auricular y marcar el primer número, cosas de la edad y de que te importe un pimiento cualquier cosa que no sea tener el congelador repleto de helado.

La mayoría no me cogieron el teléfono. No me extraña pues cuando yo en su día estuve al otro lado de la linea, tampoco lo hice la primera vez, sin embargo un par de personas tuvieron el valor suficiente para afrontar la llamada de un número desconocido y gracias a los minutos de charla que mantuve con ellos descubrí el primer gran secreto de recursos humanos: solo contratan a la gente que les cae bien. Pues son las vibraciones que te transmite alguien con el que hablas, y no lo que ponga en un pedazo de papel, lo que determina tu afinidad con esa persona, que al fin y al cabo es lo más importante a la hora de desempeñar un trabajo en equipo.

Por suerte para ellos, se trataba de entrevistas informales sin ningún valor inmediato pues hasta después del verano dudo que vayan a a necesitar a alguien en la empresa, y para entonces, segundo gran secreto de RRHH,  intervendrá más el azar que los méritos del demandante.

Cuando llegó la hora de marcharme entregué los documentos a la encargada del departamento y me fui con cierta angustia. Entre los solicitantes del puesto se encontraban ingenieros, profesores de ciencias políticas con años de enseñanza en universidad del extranjero, informáticos de amplia experiencia con cuatro idiomas... todo un indicativo de lo mal que deben ir las cosas en España para que gente así aspire a perderse en un pueblo olvidado de la mano de dios en un país a miles y miles de kilómetros del hogar, por un puñado de dólares.

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