Los niños me llamaban Dr Moriarty

Este post contiene spoilers de "Glass", la película de M. Night Shyamalan que concluye la inesperada trilogía superheroica que comenzó con "El protegido" y continuó con "Múltiple".

Al final de la mencionada cinta, los protagonistas secundarios difunden un vídeo por todos los canales de televisión además de por Internet, de los "superhéroes" en acción, desvelando así al mundo su existencia. Los viandantes se detienen, impactados, en mitad de la estación de tren y comentan con el de al lado las imágenes. Considero esos dos minutos de metraje los más impactantes que he podido ver en la pantalla grande en lo que llevamos de siglo, pues tuve conciencia plena de algo que tenía tan asumido que no me había detenido a valorarlo: el hecho de que ya nada que salga por una pantalla, sea vídeo, imagen o audio, sería creído por la ciudadanía. De cualquier texto mejor ni hablamos. La palabra escrita ni siquiera es digna de mención.

Los más viejos del lugar tal vez recuerden la campaña para televisión que se llevó a cabo para promocionar "Independence Day". La transmisión habitual de un canal cualquiera era interrumpida por un comunicado urgente proveniente del Pentágono. Las imágenes de unos señores uniformados frente a un atril con el logo de la conocida sede marcial llenaban las pantallas anunciando el contacto con varias naves extraterrestres. Eran fragmentos de la película, salpicados por el testimonio de una reportera local que informaba del acto desde los estudios centrales, lo cual le añadía una pátina de credibilidad que hizo, me consta, que muchos se creyeran aquella farsa, al menos durante un par de minutos. Era 1996 e Internet cosa de un puñado de frikis de la informática.

Hoy día, algo así sería impensable pues todo el mundo captaría el carácter publicitario de la acción, y tendría el mismo impacto que el anuncio de un enema de la Wehrmacht (si sabes por qué lo digo, deja un comentario para que nos regocijemos juntos por haber encontrado una mente gemela). Y esto se produce, no por una evolución intelectual de la sociedad, más crítica con lo que le entra por los ojos (de hecho ha sucedido más bien lo contrario), sino porque los medios han perdido toda credibilidad. No es culpa solo de ellos, por las causas que todos conocemos, sino, además, de toda la sociedad, que con herramientas de uso sencillo al alcance de todos, han podido alterar la realidad digital a su antojo, ya sea por diversión o interés propio.

Si ese fuera el único de nuestros problemas, la vida podría seguir su camino con normalidad. Al fin y al cabo, los medios de comunicación de masas apenas surgieron en una fracción de tiempo minúscula de lo que lleva el ser humano sobre dos patas. Siempre nos quedaría creer en lo que vemos en persona, delante de nuestras propias narices. Pero, hete aquí que me encuentro con el caso de espionaje a Podemos que ha estallado recientemente, de la forma en que se incendian las redes estos días: con poca pólvora. Aunque este no sea más que la punta de un iceberg inconmensurable de desmanes sin respuesta por parte de la ciudadanía, sirve como paradigma del zeitgeist occidental. Que un hecho tan grave no haya provocado un movimiento, el que fuera, tampoco hay que asaltar la Bastilla, contra los causantes de dichos actos, nos deja un panorama aterrador para el futuro y hace que me pregunte si tiene sentido la existencia de los medios de comunicación, en su sentido real, no como una máscara del aparato propagandístico de tal o cual partido, o del sistema en su conjunto, cuando se destapa algo de una magnitud que haría revolverse en la tumba a Nixon y tiene menor repercusión social que la Pantoja en Supervivientes. ¿Qué finalidad tiene el estar informado entonces? Conocer que tras la loma hay un barranco no sirve de nada si no cambias el rumbo del vehículo. ¿La gente está anestesiada, hastiada, resignada, atomizada, apollardada o todo a la vez? ¿Puede desarrollarse la democracia en un país en el que sus ciudadanos desprecian la verdad y los valores más básicos? Son preguntas retóricas cuyas respuestas evoca a Nerón leyendo su TL en Twitter mientras toda Roma arde ante la impotencia y el desconcierto de los plebeyos.

Por cierto, acabo de hacer las cuentas y hace 23 años que se estrenó Independence Day. El horror...
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La inmortalidad

Hace unos días, por uno de esos caprichos mentales que traen a la superficie lo que parecía hundido para siempre en el mar de la consciencia, me acordé de una de mis profesoras de Física y Química que me dio clases durante un par de años de educación secundaria. Era una persona estricta, creo que algo cansada de su labor docente; a ojos de los alumnos despistados podía parecer bastante huraña y mostraba un carácter agrio en cuanto algo la contrariaba. Esa era mi opinión hasta el día en que tuve que salir al encerado a resolver un problema para el cual no tenía solución alguna. Me puse tan nervioso por ello que no sabía ni qué decir.

Debió darle pena la forma en que intentaba balbucear palabras inconexas que relacionaran la velocidad centrípeta con la aceleración, mientras me ponía colorado como un tomate y se abrían las compuertas de una presa sudorosa que pronto cubrió todo mi rostro. Me devolvió a mi asiento y tras acabar la clase se acercó a hablar conmigo para ver cómo me encontraba y darme ánimos. Desde entonces entablamos una cierta amistad que duró el tiempo en que estuve cursando mis estudios.

Un par de años después, me enteré de que había muerto de cáncer de pulmón. No había dicho a nadie que estaba enferma y estuvo dando clases hasta que las fuerzas le fallaron. Pese a que su deceso fue una sorpresa, no lo fue tanto su causa, pues fumaba más de dos cajetillas al día. Un vicio que quien la conocía había intentado que dejara.

No sé por qué razón, la busqué en Internet. Quizá quería verla una vez más en alguna vieja foto de archivo o saber si había alguien más que la hubiera conocido y hubiera plasmado su experiencia en papel. Lo único que encontré fue un viejo B.O.E. en el que aparecía su nombre como nuevo miembro del profesorado de Física y Química del Ministerio de Educación. Nada más. Sin embargo, al ver su nombre allí escrito me asaltaron decenas de recuerdos y vivencias que no recordaba. En ese momento me di cuenta de la profunda huella que había dejado en mí sin haberme dado cuenta ni con ostentosas muestras de afecto. Con su apoyo, me ayudó a ser quien soy hoy. E imagino que, al final, en la vida de una persona es lo único que importa, el dejar una huella en los que le rodean de tal forma que siempre esté con ellos y, de esa forma, uno nunca muera del todo. Es todo lo máximo a lo que podemos aspirar.

Un beso, Esther, donde quiera que estés.
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Sister, can you spare me 5000 euros?

Dos chicas negras queer de género no conforme, que debe de ser que están en contra de los toques de humor en los dramas, montaron una campaña en GoFundMe, una de tantas plataformas de mecenazgo, para recaudar dinero con el que escapar de la opresiva y opresora Madrid y poder mudarse a la ciudad dorada de Berlín, ciudad abierta en la que la gente de color ha sido bien recibida históricamente, donde todos sus sueños se harán realidad.

Como no podía ser menos, Twitter ha ardido con una facilidad que ya le gustaría al grisú, y ha comenzado a insultar sin piedad a las dos chicas, haciendo referencia al caradurismo y sinvergonzonería de las pedigüeñas, ironizando sobre su futuro brillante en el crisol racial germano y demás argumentos que me parecen una excusa, cosas nimias que palidecen ante el pecado de haber insultado a la capital del imperio.

Porque, me pregunto, ¿qué tiene de malo el hecho en sí de que estas dos pavas pidan dinero para marcharse a otro sitio? Aunque sea mentira y se lo gasten todo en Ajax Pino. El que de dinero para algo así bien merecido tendrá el resultado que obtenga. La gente es mayorcita y puede hacer con su dinero lo que quiera. "Ante el vicio de pedir, la virtud de no dar" y "Es mejor de pedir que de robar" son dos refranes españoles que las hordas morales de Twitter olvidan en pos de su chute diario de ofensa y crítica, dando sus efímeros minutos de fama a dos personas cuya anécdota no debería haber pasado de un párrafo en un libro sobre las locuras de la gente en Internet.
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12 nombres para tu sociedad pantalla

  1. Tekito Todito S.L.
  2. A la saca S.A.
  3. Los ladrones van a la oficina Inc.
  4. Módulo 2 S.L.
  5. Black Origin Corporation
  6. Volquets & Hoes S.A.
  7. Desfalcon Crest S.L.
  8. No pierdas la Esperanza S.A.
  9. Die Envelope S.L.
  10. R78 S.A.
  11. El Honesto Mariano S.L.
  12. Te estamos robando Inc.

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¿Para qué volver?

Hace casi un año de la última entrada. Creí que era más reciente pero el tiempo pasa tan rápido que es más que probable que sea así. Al fin y al cabo las máquinas no se equivocan nunca, menos la del tuit ese del Roomba y los excrementos del perro esparcidos por el suelo del apartamento del dueño.

Algunos se preguntarán qué fue de mí en todo este tiempo, así que como me debo a mi querido público, vengo a contar que seguí en Twitter, puede que no me deje ver mucho por mi cuenta principal pero actualizo otras tantas con más o menos frecuencia, al igual que las dos cuentas de Instagram que abrí y un par de blogs alternativos a este que me consumen mucho tiempo.

Y en esas el otro día entré sin querer a Blogger...

Fue entonces cuando vi los meses que hacía que no publicaba nada nuevo y lo abandonado que parecía todo. Así que me dije: El blog no puede quedar así para siempre, con un post haciendo un llamamiento que se estudiará en la Sorbona islámica del futuro. Tras pensarlo mucho me decanté por este gran tema musical de nuestro tiempo, que me sirve además, a escasos días del 14º aniversario del blog, para desearos felices fiestas.



Macauly Culkin Forever
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Manifiesto por la despreocupación artística

Siempre he pensado que en el campo de las artes no tiene sentido el maniqueísmo simplista de lo bueno y lo malo, simplemente hay cosas que te gustan y cosas que no, las cuales no siempre encajan con la manufactura técnica con la que han sido llevadas a cabo.

Es por ello que aunque entienda el afán por acercarse a la perfección a la hora de crear una obra, no veo por qué hay que denostar o incluso olvidar en un cajón todo aquello que no alcanza unos mínimos estándares de calidad, entendiendo esta como la aproximación más cercana al virtuosismo metodológico.

Se dice que el arte debe transmitir sensaciones o al menos un mensaje. ¿Debe? ¿Acaso no basta con el simple deseo del creador de expulsar de su imaginación aquello que no deja de ocupar su atención? ¿Debe amoldarse a unas reglas establecidas quién sabe por quién y por qué? ¿Por qué gastar tiempo y energía en tratar de moldear su obra para que encaje en lo aceptado?

Es curioso cómo en la época narcisista por excelencia, el respeto hacia los cánones artísticos, custodiados por la crítica "especializada", solo ha saltado por los aires (de forma generalizada) de manos de los creadores de vídeo en YouTube, aunque por una motivación más prosaica que la mera expresión de sus ideas, como puede ser las ansias por ganar dinero a toda costa.

Animo a todo el mundo a que se libere de las cadenas de la autocrítica, y dé rienda suelta a su expresividad, a su imaginación, sin estar constreñidos por la necesidad vana e inalcanzable de una supuesta calidad.
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La tragedia y la farsa

Uno echa un vistazo al mundo y puede ver cómo de nuevo tenemos una Cataluña secesionista, un gallego al mando en España, una Alemania que domina Europa con una Francia débil y en descomposición, Gran Bretaña vuelve a estar sola, Rusia inmiscuyéndose en terceros países y los USA en curso de colisión con un país asiático. La gente, a verlas venir. Tranquilizador.
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Ha llegado a su ciudad

Hace algunos años, las calles de mi barrio se inundaron con una melodía largamente olvidada, la de la armónica del afilador anunciando su llegada a las amas de casa necesitadas de devolver el filo a sus cuchillos romos. No conozco la obra de Almodóvar pero si no ha incluido a un representante de tan digna profesión en alguna de sus películas, mucho está tardando.

Su presencia había desaparecido del acervo cultural al mismo tiempo que los chinos y sus baratijas desembarcaban en la península para comprar nuestro futuro a cambio de un puñado de collares de cuentas. Las gentes pudientes comenzaron a afilar sus cuchillos en casa, o mejor dicho, sus sirvientes lo hacían, mientras que las clases trabajadoras, "target" del afilador, optaban por comprar cuchillos nuevos, cuya escasa calidad los hacía propensos al usar y tirar.

Incluso cuando surgió la moda de los cuchillos japoneses, estos no se usaban en el devenir diario, sino que se mantenían en su caja original, sin desprecintar, colocada en un lugar privilegiado del salón, para demostrar a las visitas que ellos pertenecían al Club Ginsu.

Quién sabe lo que pasó por la cabeza de ese pobre hombre para decidir que su vuelta era necesaria. Puesta en contexto, el ambiente de crisis que asfixiaba a la ciudadanía podía hacer pensar que la grey estaba más por la labor de reutilizar, reparar y/o afilar sus utensilios. Apenas un par de semanas duró su aventura. Como la vuelta de Formula Abierta, calculó mal la aceptación de un público que estaba ya instalado en el consumismo low cost y la negación de las tradiciones ancestrales.

Donde quiera que esté ese derrotado afilador, espero que le esté yendo bien. Su animada melodía ha quedado grabada en el subconsciente de varias generaciones. Nunca morirá.

Esta situación no es algo nuevo, es un proceso del desarrollo humano que culminará cuando todos los trabajos sean realizados por robots e inteligencias artificiales y quedemos relegados a ser ordeñados por estos periódicamente. Los vendedores de hielo fueron barridos del mercado por los frigoríficos, los copistas por las imprentas, los serenos por Franco y los taxistas por Hummungus y sus seguidores.
Sin embargo, hay una profesión que contra viento y marea, ajena a las ofertas, a la obsolescencia programada, a las ansias de renovación constante, nunca ha dejado de estar presente en nuestras vidas, y cuando oímos la peculiar tonadilla que le acompaña, no podemos evitar terminarla, pues "ha llegado a su ciudad, el camión del tapicero". Sillas, tresillos, sofás, todo es susceptible de ser tapizado, hasta un plato de macarrones o la calva de su marido.

Cuando era niño no tenía ni idea de qué extraña magia invocaba aquel hombre en el interior de su furgoneta, luego me enteré de lo prosaico del asunto. No conozco a nadie que recurriera a sus servicios en la edad moderna. Sospecho que la última vez que tapizó algo, todavía se podía pagar en pesetas; pero el caso es que el hombre perseveró en sus convicciones, o igual tomó el relevo su hijo, como los linajes de los reyes o de los pelotaris vascos: Tapicero III, el conciliador, que sofocó la revuelta de las hamacas y las hermanó con los sillones de escay, cuatro veces ganador del Abierto de Santuchu.

Hubo una temporada en la que se creyó, en broma, porque en mi barrio no somos tan retrasados, que al volante de la furgoneta no había nadie y que la voz que se escuchaba por los altavoces provenía del mismísimo Satán, pues nadie había visto el rostro del conductor. La chanza no se pudo mantener por mucho tiempo más, cuando una señora que vivía sobre la panadería comentó en una de las espontáneas reuniones de cotillas que se producían en la plaza, que había tenido contacto con el tapicero, y que era un señor muy apuesto. "Esa fresca seguro que se lo ha follado", me comentó mi vecina al día siguiente. No con esas palabras porque era una septuagenaria y en su época no existía la palabra "follar", pero la forma en que arqueó las cejas así me lo pareció. Por poco se le sale el ojo de cristal del énfasis que le imprimió al gesto.

¿Podrá este David motorizado resistir los envites de Ikea, el Goliath sueco? El tiempo dirá si le aguarda un destino junto a los repartidores de helados, los escritores que no tienen canal de Youtube y Xuxa. Mientras tanto, ahí me parece escuchar ya la alegre tonadilla... Voy a llevarle un taburete, a ver si me lo tapiza con una tela de la Patrulla Canina.
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Alguien ha mordido a un perro

Tengo la malsana costumbre de curiosear mi TL en Twitter recién despertado de una reparadora siesta. Esto hace que mis niveles de atención y mi criterio se desparramen por los suelos y pinche en enlaces de dudoso gusto y escasa utilidad. Es por ello que cuando vi un tuit de Euronews Español que rezaba: "Palillos de dientes en los asientos del autobús", ilustrado con la imagen de un asiento (podría ser de tren, eso sí) asaeteado por mondadientes, me zambullí de cabeza en el artículo sin pensármelo demasiado, por no decir nada.

En plena moda de la "turismofobia", esperaba encontrar la adopción de las tácticas del Vietcong por parte de los grupos de protesta o de la CUP (más cercanos a los vietnamitas de décadas ha), en su lucha contra el turismo masivo y los nacionales de Italia, que ya está bien con la tontería de las manos. Una chorrada de noticia, sí, pero de cierto interés por la presumible escalada del conflicto, y de cierto servicio público para el viajero que vaya a visitar la ciudad condal en un futuro cercano.

Cual fue mi sorpresa, recordemos que era un artículo, proveniente de un tuit de Euronews ESPAÑOL, y no lo pongo en mayúsculas por fervor patrio sino para que enfatizar el hecho, que conste, cuando, leyendo el primer párrafo de la nota, descubrí que el suceso había ocurrido en Indonesia. Un señor de 60 años que se aburría mucho, se dedicó a clavar afilados palillos ¡en Indonesia! Que a saber por donde queda eso, pero me da que en Eurovisión no participa, ni siquiera en los cuartos de final.

No estoy en contra de que se informe sobre lo que acontece en otros países aunque sea desde un medio enfocado a una determinada región, faltaría más, aunque leer chorradas en sitios supuestamente serios me hace torcer el gesto, pero por lo menos podrían especificar dónde ocurre.

¿Qué es lo que pasa? Primero que es verano, y como los temas importantes no se pueden tratar porque el dinero manda y los juntaletras también tienen que comer, se ven obligados a buscar material para rellenar el gaznate de los ociosos ciudadanos que acuden a sus medios para sentirse medianamente informados con una retahíla de historias que ni siquiera ellos creen pero que acallan sus conciencias por un rato, esa que les dice que el iceberg ha hecho una grieta en el casco y que aunque toque la banda viejos valses vieneses, algo no va bien. Lo segundo es que por mucho que el espíritu crítico de sus lectores raye la indecencia moral, tienen que competir por su atención con los cuerpos semidesnudos de la gente que les rodea, con las cervezas, el fútbol de verano, las drogas y demás opciones de ocio estival. Normalmente se suele echar mano de un cebo, pero con noticias tan chorras como la mencionada, es imposible generar uno, como mucho obtendrás comentarios tipo "ya podría clavárselos en los testículos" y pasarán al siguiente tuit. Por ello tienen que refinar hasta el límite de la profesionalidad los titulares de las noticias. Y por eso omiten la procedencia de la gamberrada, que se viene haciendo, que tenga constancia, desde que yo estaba en 3º de EGB (y yo soy un señor provecto ya), porque a nadie en su sano juicio le interesa saber que un viejo malayo, en lugar de mirar obras, se dedique a estas gilipolleces. Lo próximo será leer: "Le tira un moco en el plato de sopa que iba a cenar", y cuando entres en la noticia, que haya ocurrido en Rhodesia.

Semejante técnica la vi no hace demasiado en otro tuit, del periódico El País, en el que se podía leer: "La fiscal general es destituida", y a continuación el enlace a dicho artículo. Claro, pinchas y te enteras de que habían dado la patada a la fiscal general de Venezuela. El País, diario independiente de Venezuela. Lo de "independiente" lo dejo para completar el chiste. Es esta la única manera de que el lector se preocupe por lo que ocurre en el país sudamericano. No le importa lo que le pase al vecino, le va a preocupar lo que pase allí. Cristal hace mucho que dejó de emitirse. Vemos que esta técnica de redacción puede servir tanto para el marrullerismo económico como para la propaganda.

Para que luego digan que Internet está matando a los medios tradicionales, si no fuera por las posibilidades de engaño que la Red les ofrece hubieran desaparecido hace tiempo. Ya nadie busca información y el número de los que buscan adoctrinarse en su ideología no es suficiente para mantenerlos a flote.
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Instagram

Recientemente he abierto una cuenta en Instagram. En realidad, ya la tenía desde hacía meses pero decidí darle un nuevo enfoque y... en fin, no os voy a contar aquí mi vida. Sin embargo, tras varios días de actividad en dicha red social, he llegado a varias conclusiones que si que vais a tener que leer porque algo tengo que escribir. También os podríais haber ofendido por estas palabras y decidir no leerlo, pero, ¿y si es todo una trampa y en realidad hablo de las famosas con las que me he enrollado? Veamos...

. La gente pasa como el culo de Instagram los fines de semana. Perdonad el lenguaje florido pero acabo de ver el cuarto episodio de la séptima temporada de Juego de Tronos y me he venido arriba. Es un caso curioso, algo que se supone diseñado para rellenar nuestros momentos de asueto es usado en horario de oficina. En Twitter pasa lo mismo, y en Facebook. "Es que yo lo uso para buscar información para el trabajo y por eso los fines de semana no entro", dirá alguno. Los cojones. Cualquier excusa es buena para no trabajar. Eso con los blogs no pasa porque... están muertos.

. Nadie lee los textos que acompañan a las fotos. Lo único válido son los hashtags con los que hacer más visibles nuestras fotografías. La palabra ha muerto como medio de expresión. ¡Larga vida a la foto del desayuno! En una foto puse que me gusta la pizza con piña y la tortilla sin cebolla y aún así recibí varios likes. Claro que puede que la broma esté más quemada que una caja fuerte que albergue los papeles de la Gurtel. Además la foto era de un plato de croquetas. Este experimento no me lo aceptarían en la Royal Society, desde luego.

. Hablando de favs, likes o como demonios se llame la muestra de aceptación de las aportaciones por parte de la comunidad. Son tan adictivos como la comida china, y casi diría que más. En cuanto recibes un par, algo se activa en el núcleo del placer del cerebelo y quieres más y más. Hasta que una tarde te descubres refrescando la pantalla de interacciones cada segundo y llamando hijos de puta a todos aquellos que no saben apreciar tu arte. Desconozco si en otras redes sociales el sentimiento es el mismo porque nunca se ha dado la circunstancia de que a más de dos personas les haya impresionado tanto algo que haya dicho o hecho como para demostrarlo con un complejo click de su ratón o un esforzado tap de su dedo.

. Otra cosa que he percibido es que hay muchas tetas, de las artísticas, sin pezones, porque en Instagram son unos mojigatos y piensan que sin pezón no hay teta y sin raja no hay culo. Eliges a una joven IT girl y ahí lo tienes, curvas peligrosas en su máximo esplendor. Ojo que no me quejo, más bien al contrario. Ya era hora de que se normalizara esa parte del cuerpo humano. Eso sí, las pajas me las sigo haciendo igual.

. No te deseo ningún mal pero ojalá en tu grupo de amigos tengas un fan de las Stories. Una de las razones por las que me alegra no tener amigos a los que pueda ver con asiduidad es que no tengo que soportar que alguno de ellos se dedique a grabar todo lo que acontezca en nuestras reuniones. Como no nos solemos ver en persona por un espacio de meses o incluso años, cuando nos juntamos a ninguno se le ocurre sacar el móvil siquiera. Es motivo de anulación de amistad instantánea. Por cierto que una vez le toqué con el codo sin querer el culo a la señora que hacía de la mujer del Fary en Menudo es mi padre. No fue una relación sexual, qué duda cabe, pero yo disfruté mucho. Tengo el codo muy sensible.

Con todo, el nivel de adicción de estos fans  no llegará jamás a los niveles de...

. La gente que vive para subirlo todo a Instagram. Los reyes del postureo, el equivalente humano a una cáscara de nuez vacía. Un muñeco de esos que prueban los airbags de los coches vive más que estas personas que han hecho de la cámara, o el móvil, una extensión de su brazo. Son los primeros humanoides biónicos. Interpretan la realidad a través de la lente fotográfica, la cual les sirve de nexo social con otros miembros de su subespecie. Creo que se aparean frotando los palos de selfie. Por suerte son estériles y en una generación la tontería se quitará. Hasta entonces habrá que aguantarles haciendo fotos de las cosas más insospechadas: la risa de un abejorro, el miedo de una servilleta o un pezón pero sin teta.

. Esto no tiene mucho que ver con el tema, pero mientras procrastinaba antes de corregir el post, para lo que ha servido..., acabo de descubrir que las vaginas se pueden deprimir. Hay que ver el cuerpo humano... En cualquier caso, ¿qué decimos sobre eso en esta casa? Not today.
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La señora del tupper

Las circunstancias de la vida y el miedo a volar me han hecho asiduo de las estaciones de tren, en concreto las de Atocha y Chamartín, sitas en la capital del Reino, de visita obligatoria si quieres ir a cualquier otro lugar de España gracias al centrismo ferroviario que aún domina este país y del que se está desperezando a marchas forzadas.

Es frecuente que deba pasar las horas del almuerzo esperando en ellas algún tren, por lo que suelo comer en las salas de espera, siempre carentes de asientos libres, lo cual provoca una lucha soterrada y carreras disimuladas entre los usuarios de la estación. Y no hablaré de los HIJOS DE PUTA que "sientan" a sus maletas, no vayan a coger un resfriado si tocan el suelo, porque no quiero exaltarme. ¡BASTARDOS HIJOS DE PERRA!

Me encontraba el otro día en Atocha degustando un jugoso bocadillo de tortilla de patatas, cuando, para distraerme, procedí a inspeccionar los rostros de aquellos viajeros que me rodeaban. En qué mal momento lo hice, pues en el mismo instante en que levantaba la vista de la mezcla divina de patata y huevo, mi mirada se cruzó con la de una señora que me contemplaba como si fuera un pastel de manzana enfriándose en el alféizar de una granja de Missouri. Era la mirada del hambre, del ansia irrefrenable, de la desesperación ardiente y el deseo inextinguible... la mirada de los mil cochinillos.

La pobre señora se encontraba algo lejos de mi asiento y además calibré su respuesta al ver que me acercaba con la pechera cubierta de migas, el bocadillo en una mano, una coca cola rebosante en la otra, y una franca sonrisa. Bien podría haberme devorado allí mismo o gritado histérica en busca de la policía; ambas opciones nada deseables, así que decidí no ofrecerle un pedazo de tortilla. Espero que esa buena señora encontrara a alguien que la alimentara y no muriera de inanición.

Para evitar experiencias similares, terminé de comer enfocando la vista en los trenes que languidecían en las vías, como serpientes de metal adormecidas que solo revivirían tras engullir a la masa humana que se agolpaba, cansada, frente a ellas.

Cuando el último bocado del bocata traspasó mis fauces, creí oír un lamento lejano; el rugido de millares de estómagos clamando por un pedazo de pan. No me atreví a mirar hacia donde se encontraba la señora de antes. A veces es mejor no saber.

Aún me quedaba media hora antes de embarcar, así que como no tenía otra distracción, me dispuse de nuevo a observar a mis congéneres. Miré en la dirección contraria a donde se encontraba la novia de Galactus. La estampa que me encontré no era menos aterradora.

Otra señora, y no es que me fije solo en ellas y obvie de mi campo visual todo aquello que tenga rabo, que también, abrió un tupper con avidez, dispuesta a darse a la pitanza, como la hora lo requería. Cual fue mi sorpresa, cuando del tupper no sacó una cucharada de lentejas, un puñado de croquetas o un filete empanado acompañado de sus correspondientes patatas, sino.. ¡galletas de chocolate!

Y ojo que no es la primera, ni será la última, persona a la que he visto con semejante platillo. Hay mucha gente que decide portar sus preciadas galletas en tuppers gigantes. A ver, que puedo entender que no quieran que se queden manidas o se despedacen en el traquetreo del viaje, pero yo las he llevado envueltas en papel de aluminio siempre y han llegado como recién sacadas del paquete a su destino.

Estuve tentado de preguntarle el por qué de semejante empaquetado: ¿precaución? ¿paranoia? ¿una promesa? ¿estupidez? ¿extravagancia?, pero los altavoces anunciaron la salida de mi tren en escasos minutos y tuve que salir corriendo. Había pasado 23 minutos viendo a una mujer comer galletas, y ni siquiera se las metía enteras en la boca.
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