El mar dará a cada hombre una nueva esperanza

La mar es como esa amiga íntima que te ha acompañado en el sendero de la vida desde que compartiais plastilina para merendar en el parvulario y a quien ya de mayor le han crecido las tetas como balones de Nivea sin que te percataras de ello. Hasta que no te ves obligado a estar una larga temporada lejos de ella, no te das cuenta de lo que tenías.

Por ello, en mis años mozos solía caminar con indiferencia por el paseo marítimo de mi pueblo, maravillándome solamente por las reacciones de aquellas gentes de secano que la única masa de agua que habían visto en su vida era la alberca del tío Manolo, y que afrontaban su primer chapuzón con una alegría que escapaba a mi comprensión. No fue hasta que tuve que vivir algunos años a centenares de kilómetros de la costa, que no empecé a echar de menos el rumor de las olas rompiendo en los cuerpos esculpidos en mármol de las suecas, el olor a salitre en la brisa, la paz que puede transmitir la luna reflejada en un mar en calma...

Y así, al volver a mi hogar, comencé a apreciar la playa y a visitarla con cierta frecuencia. Aunque poco me duró la afición, porque, para ser sinceros, a no ser que vayas con una chica a la que conociste por Twitter con el objetivo de ligártela, es un lugar muy aburrido. Cuando me veía obligado a acudir por causas de fuerza mayor, buscaba formas alternativas de diversión que no fueran el juego de las palas. De hecho, si juegas a las palas en la playa, dejas bien claro que eres un turista de paso con una mochila repleta de dinero y pronto tendrás detrás a un ejército de chinas dispuestas a darte un masaje sin final feliz.

Cuando me cansaba de escribir, con rotulador permanente, mensajes de auxilio en las piedras que encontraba en la arena, solía clasificar a la gente por lo llamativo de su bronceado, desde el típico primerizo escandinavo, pálido nivel "Metálico en un jardín botánico" hasta el moreno "Samuel L. Jackson". Otra opción socorrida era mirar tetas, aunque pese a lo que pueda parecer, no me atraía demasiado. Es demasiado fácil, como pescar en un acuario. Es en el esfuerzo donde reside la satisfacción.

Gracias a la inspiración de @pecass_ y el apoyo a la causa de @naar_blog, encontré otra cosa a la que dedicar mi tiempo: intentar averiguar si se puede ligar con un tampón en la playa. El objetivo era emular un conocido anuncio en el que una actriz enseñaba a un chico cómo colocar un tampón, como si aquí nadie hubiera usado un Rampant Rabbit directa o indirectamente. Además de eso, tenía que lograr "intimar" con la chica en cuestión (y si esto no pertenecía al reto, bueno, lo incluyo yo) o al menos ligar con ella, abriendo las puertas a una relación, sexual o de las aburridas.

Lo primero que tuve que hacer fue ir a comprarlos, claro. Soy un hombre moderno, seguro de su sexualidad (ahora mismo nula), que ha visto mucho mundo y ha tenido pareja, así que no me supuso ningún problema. Aunque en la farmacia me miraron raro, la dependienta muy amablemente me redirigió al Mercadona más cercano, que se ve que le paga comisión por cada cliente que envía para allá.

No encontré los del anuncio, pero me valía cualquiera y lo bueno es que no recibiría ningún reproche por haberme equivocado con el color del paquete. Ya que estaba compré condones, arropado por un manto de optimismo del que no me desprendí hasta mi primera prueba de campo.

En principio el domingo era el día elegido para llevar a cabo el reto, pero viendo que el tiempo acompañaba, que la ciudad estaba preñada de turistas y que las quemaduras que me había producido la última vez habían curado rápido, decidí adelantarlo a ayer. Además me levanté más caliente de lo habitual, y, mira, si salía bien, eso que me llevaba.

Preparé la mochila con la correspondiente toalla, patatas para matar el gusanillo, tampones, una chocolatina Reese que encontré en el fondo del congelador, los condones, una estampita de Ron Jeremy, patrón de los polvos inesperados, gafas de sol y un ejemplar de La Casa de Bernarda Alba, por si me encontraba con alguna gafapasta (una de mis tribus urbanas favoritas porque se rumorea que tragan) y así, me dirigí a una playa a la que no suelo ir y a la que jamás volveré.

No me lo pensé mucho y me coloqué en el sitio más despejado, a varios metros de la orilla. Extendí la toalla, coloqué el libro en una de las esquinas de la misma, con el título bien visible, y tras percatarme de que aún tenía la etiqueta del precio, quitársela y volverlo a colocar en su lugar, eché un vistazo a mi alrededor mientras escuchaba los lamentos de un niño al que su madre torturaba con la inevitabilidad de pillar un resfriado en verano, que es mucho peor que en invierno, porque los médicos de la seguridad social están pensando en las vacaciones más que en otra cosa.

Justo frente a mi tomaban el sol la típica pareja de veinteañeras sexys enfundadas en sendos bañadores de los 90. Charlaban animadamente con sus smartphones en la mano con los que ocasionalmente retrataban el paquete de algún afortunado e ignorante joven. Me quedé mirándolas por unos instantes que me parecieron segundos pero que resultaron ser diez minutos. Y es que el tiempo vuela cuando tienes una mujer bonita delante; ya si la tienes encima, qué os voy a contar...

A mi espalda, montaban un toldo un grupo de amigos a medio camino entre los de Friends y Los Inhumanos, estrellas de un microcosmos de infidelidades y traiciones en el que se crean tramas que nunca serán filmadas; pero allí estaban, bebiendo cerveza antes de que el sol alcanzara su cénit, rebozándose en arena y amenazando de farol con quitarse la parte superior del bikini. Bordeando el mar, el típico grupo de tíos a los que denomino como "Los Walking Dead" porque van en manada en busca de carne humana fresca que devorar, y siempre suele haber alguna pánfila que cae en sus garras de la forma más estúpida posible. Desperdigadas a mi alrededor, algunas familias, señoras con sus maridos, mujeres solitarias y jóvenes celebrando el final del curso. Pese a todo, esperaba haber encontrado más gente. Puede que la frialdad del agua, de categoría "2 hostia puta", tuviera algo que ver.

Tengo que decir que uso una escala propia de medición de la temperatura del agua, basada en los "Hostia puta" que uno suelta cuando se sumerge en ella, parcial o totalmente. Hasta ahora el valor máximo jamás registrado está en 5 hostias puta, cuando vivía en Canadá y me quedé sin agua caliente mientras me daba una ducha. No importó que estuviéramos en verano, ni los 40º a la sombra. Tuvieron que venir en mi ayuda mis compañeros de piso con martillo y cincel para liberarme del hielo cual Capitán América.

Para comenzar elegí un blanco fácil: una morena que apenas alcanzaba las 20 primaveras, de metro sesenta y tantos, bien desarrollada, que lucía una mariposa tatuada por encima de la línea de la parte inferior del bikini (a la que me niego a llamar braga porque no llevaba lacito) Ya lo decía Shakira: hips don´t lie y un tatuaje en dicha zona solo significaba una cosa. Poco se ha hablado del lenguaje secreto de los tatuajes. Quizás en un futuro post.

Caminaba la chica distraída con el agua por sus tobillos y ofreciendo su mirada oculta bajo unas gafas de sol de Gucci a uno y otro lado. Cogí uno de los tampones y lo sopesé un instante en mi mano. Me lo imaginaba más pesado. Me levanté de un salto y me dirigí hacia ella con paso firme. No podía permitirme un instante de vacilación pues el valor hubiera aprovechado para huir como el desodorante de un usuario del metro.

Comencé a caminar a su lado preocupándome de no invadir su espacio vital y esperé a que entablara contacto visual con mi persona. Comenzó entonces a aumentar el ritmo de sus zancadas. Hola, le dije apresurado temeroso de asustarla antes de tiempo. ¿Tú sabes cómo se usa esto? y extendí mi mano abierta con el tampón coronándola.

Esperaba un insulto, una mirada de desprecio que traspasara los cristales tintados, una mueca de disgusto, pero en lugar de todo eso, comenzó a correr como si se hubiera olvidado de tomar la píldora, y cuando hubo recorrido 300 metros, se lanzó al agua de cabeza, dejándome plantado en el sitio, con el hilillo de algodón colgando desganado a merced de los vaivenes de la brisa.

Me recuperé casi al instante. Había sido la primera y aún tenía todo el día por delante. Como Aníbal ad portas de Roma, incapaz de asaltar sus muros, decidí retroceder al campamento base para lanzar desde allí una nueva ofensiva. De camino a la toalla, me topé con una atractiva milf que tumbada de cubito supino,  intentaba atraer el sol para que la poseyera cual Zeus libidinoso. Me aclaré la garganta, puse mi cara de cachorrito desvalido con la que he conseguido grandes éxitos (2 de cada 5 cajeras me perdonan los céntimos sueltos cuando la muestro) y me agaché ante ella. Al ver que algo le tapaba el sol, abrió los ojos y conectó con los míos.

- Hola - comencé. Es una forma clásica y aburrida pero tampoco era plan de ir al turrón directamente - Te he visto aquí tumbada y me he dicho: seguro que una mujer de su experiencia podría sacarme de dudas.

La milf me sonrió, pensando que estaba siendo protagonista de un relato rosa y que de la mano que ocultaba tras mi espalda, saldría un ramo de rosas y no él tampón desangelado que coloqué ante sus narices. Por suerte o por desgracia, antes de que pudiera decirle nada más, apareció la hija que había emergido de las aguas de improviso cual monstruo de las profundidades y que salió caminando torpemente hasta llegar a donde me encontraba para a continuación señalar el tampón y decir con voz angelical: Eso es para el piriodo ¿no mama? Musité una escueta despedida y me batí en retirada una vez más mientras madre e hija se reían de mi.

Hasta entonces no estaba teniendo resultados aceptables, pero no podía rendirme. Las restantes chicas, elegidas al azar, me obsequiaron con toda una ristra de insultos y desprecios. Todas se quedaban paralizadas sin saber qué hacer por unos instantes, no se si sorprendidas por mi atrevimiento o por estar pensando bien qué responderme, aunque "gilipollas" y "capullo" fueron tendencia, adornadas con miradas que iban desde el desprecio más absoluto a la pena infinita.

Hubo una rubia de ojos claros que se rió y me preguntó "Como en el anuncio ¿no?" Germinó entonces la esperanza de poder invitarla a una fanta en el chiringuito más cercano, pero esta semilla fue aplastada por un rotundo "Qué absurdo" escupido directamente a mi pobre corazón. No supe qué decir mientras se alejaba aquella belleza nórdica de tersos glúteos, hasta que en un arranque de valor grité a la desesperada: ¿Follamos o jugamos al baloncesto?, que imagino no escuchó pues no se giró siquiera para hacerme un corte de mangas. Quien si que lo oyó fue una señora de Badajoz que en un primer momento recriminó mi actitud soez, extrapoló mi comportamiento al resto de mi generación apelando acto seguido a tiempos pasados en los que la juventud se conducía con más decoro y rectitud, y finalmente me invitó a compartir una tortilla de patatas que había cocinado aquella mañana, mientras me contaba su apasionante vida. Porque otra cosa no, pero con las señoras mayores tengo mucha mano.

Decidí tomarme el asunto con más calma y esperar a que la playa se llenara un poco más, pues me había quedado sin sujetos aceptables para la continuación del reto. Incluso comencé a leerme el libro, pero al llegar a la dedicatoria me quedé dormido. Al despertar comprobé con pesar que la chocolatina se había derretido sobre los tampones, cubriéndolos con un desagradable y equivoco color marrón con el que no me pareció adecuado continuar la experiencia. Después de cada prueba iba desechando los tampones que usaba y cogía otro, así podrían decir de mi que era un guarro, pero no que careciera de higiene.

Solo me quedaban un par en condiciones aceptables. Tenía que ser muy cuidadoso con quién los utilizaba. Mientras me decidía, me giré para comprobar qué tal les iba al grupo de amigos con el toldo, pero estaba desierto, sin embargo, delante de él, tumbada de cubito prono, una chica mostraba a quien se interesara por ella, la interminable extensión de su espalda, que iba a morir en su delicioso trasero.  Con el modus operandi habitual me acerqué a ella, pero esta vez no esperé a que se percatara de mi presencia, sino que directamente le espeté: - Perdona, ¿podrías decirme como se usa esto?

Lentamente, como un dinosaurio que se desperezara tras una pesada digestión, se recostó sobre su brazo derecho, míró el tampón que tenia en la mano, y me miró por encima de sus gafas, con la seguridad que da el saberse en la cima de la pirámide alimentaria. Con la media sonrisa que se dibujaba en su rostro a la velocidad con la que imprime una impresora de agujas una foto, parecía decir: He comido corderitos como tú desde que descubrí el DIU; pero debería estar empachada porque me despachó con un lacónico: Piérdete gilipollas, antes de recuperar su postura inicial.

Las cosas no iban muy bien y yo quería poder escribir en Twitter con letras mayúsculas: funciona. Solo me quedaba una última bala, y debía ser como la que acabó con Kennedy: infalible. Me puse mi rolex de imitación, las gafas de sol que me daban un toque rebelde, me embadurné de coco para oler bien (que aunque me consta que el coco no está muy aceptado entre la población femenina, a la que le gusta, se desmadra con él), y elegí a la chica más fea de entre todas las que se encontraban a mi alrededor.

Morena, con el pelo recogido en una trenza espigada que serpenteaba su espalda y otros rasgos que no describiré para no hacer sangre; se encontraba con una amiga, pero esperé a que esta fuera a darse un chapuzón para atacar a mi presa. Me acerqué lentamente, dejando que se percatara de ello y se preparara para la conversación que tendría lugar a continuación. Cuando le enseñé el tampón se rió. No era una risa forzada ni sarcástica, era sincera y fresca como la brisa que le revolvía el pelo. Me respondió que ella no era mucho de usar tampones, así que no podía ayudarme. No me quedó más remedio que preguntarle si conocía el anuncio, lo cual me afirmó con aquella sonrisa que no se le borraba de la cara. Me confesó que nunca pensó que alguien pudiera entrarle de aquella manera, pero que le había hecho gracia. Estuvimos hablando un par de minutos de cosas intrascendentes hasta que por el rabillo del ojo vi que su amiga salía del agua.

La tuve que dejar. No quería romper la belleza del momento con un ¿follamos? y tampoco tenia pensado intentar llegar a algo más serio. Cuando me dejó mi ex me dije que jamás volvería a cometer el error de salir con una mujer.

Volví a mi toalla, donde permanecí hasta que el sol se hubo batido en retirada, meditando sobre la vida, el amor y lo feliz que hubiera sido en la Grecia clásica, en la que no llevaban pantalones para no tener que estar todo el tiempo subiéndoselos y bajándoselos. Luego llegaron los barbaros nuncafollistas y se cargaron el invento...

El estruendo de la música electrónica que expelían los locales de marcha del paseo me sacaron de mi ensimismamiento. La noche era apacible, el mar estaba en calma y la arena serena y solitaria me producía cosquillas en los pies. Era hora de volver a casa. Apreté con fuerza en mi puño el último tampón y lo lancé hacia el mar, no como mi particular grano de arena para la contaminación de sus aguas, sino como mensaje de aviso a aquellos hombres inexpertos que se dejan atraer por los cantos de sirena de las féminas. Quien lo encuentre, podrá leerlo, escrito en él con rotulador permanente.

Conclusiones: La primera y más importante: La casa de Bernarda Alba es un coñazo. Si Lorca hubiera tenido el valor de respetar la forma en que fue concebida, en la que todos los personajes femeninos eran transexuales en una España que no les entendía, hubiera sido más entretenida.

. No te tatúes una mariposa en la parte baja de la cadera si no quieres que piensen eso de ti.

. Como dice el tópico, la suerte de la fea la guapa lo desea, porque de haber sido otras las circunstancias, a la poco agraciada pero encantadora fea la hubiera llevado hasta las estrellas y la hubiera hecho estallar en mil fuegos artificiales que hubieran iluminado la noche con la fuerza de una supernova.

. Las señoras de Badajoz son muy simpáticas aunque haciendo tortillas dejan mucho que desear.

. Al final, a la hora de ligar con una chica, no importa que uses productos de higiene femenina, chistes, frases ingeniosas o gominolas, si ella es simpática y la pillas de buen humor, siempre tendrás una oportunidad. Esto vale para los feos pobres, claro está. Los demás, con enseñar músculo o un fajo de billetes tienen suficiente.

. Los tampones flotan.
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Learning English with Dr. Moriarty (II)

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Casanova en los tiempos modernos

Yo no podría ser vampiro. Estos terminan por volverse melancólicos, depresivos y adquieren tendencias suicidas tras largos siglos de vivencias y experiencias de todo tipo. Con poco más de tres décadas de vida, yo estoy hasta los cojones de lo que me rodea y lo de más allá, así que si alguna vampiresa me pegara el mal de Caín como si de una E.T.S. se tratara, no esperaría ni al mediodía siguiente para dejar que me clavaran una estaca, por aquello de experimentarlo todo, y ahorrarme la ingesta de Prozac y helados de nata y nueces de macadamia durante océanos de soporífero tiempo.

Es por este hastío vital que me subyuga por lo que el otro día decidí mandarlo todo a la porra y comenzar a hacer cosas nuevas, atrevidas y arriesgadas. Esa clase de cosas que no te atreves a hacer porque luego la ves todos los días en la oficina y quieres evitar la vergüenza de recordar que te comiste sus bragas a palo seco mientras la paseabas a caballito por la habitación de un motel barato, con luces de neón y máquina de hielo en el pasillo. Que no digo que me haya pasado a mi, pero nunca se sabe en esta vida lo que puede suceder.

Por ello, decidí poner en práctica una vieja teoría, de los tiempos en que las mujeres eran para mí deidades etéreas e igualmente inalcanzables. Una época de investigación y aprendizaje sobre cómo seducirlas, embaucarlas y engañarlas con palabras bonitas si fuera el caso, con el noble fin que ha espoleado el valor de miles de caballeros, ha dado alas a la imaginación de centenares de bardos y ha provocado la compra de millones de Fantas: follar como un conejo.

Todo comienza una solitaria noche de finales de los 90, en una página ya olvidada de Internet. Era una de esas noches en que comenzabas buscando la dirección de Traci Lords para mandarle flores, y por la magia de los hiperenlaces (antes se llamaban así) terminabas inscribiéndote en la newsletter de los Panteras Negras. Antes de aquello, fui a parar a una web en el que se describían diversos métodos para ligar con la chica de tus sueños o la que quedara libre a las tres de la mañana en el pub. De entre todos ellos, uno llamó especialmente mi atención. Era muy sencillo: consistía en acercarse a nuestro objetivo y susurrarle al oído, con voz sensual y firme: ¿Follamos o jugamos al baloncesto?

Según se comentaba, los resultados obtenidos no eran del todo insatisfactorios, sin embargo jamás me atreví a probarlo en mis carnes por el qué dirán, el qué pensarán y la posibilidad de recibir una buena hostia con la mano abierta, que las chicas de aquí son muy brutas. Es ahora, cuando lo único que me impide inundar la blogosfera de comentarios guarros dirigidos hacia las atractivas autoras, es el respeto por los demás que aún mantengo, que decidí poner en marcha esta curiosa técnica de ligoteo, aguijoneado por la curiosidad y las ganas de frotar mi cuerpo contra el tuyo apoyado en la pared.

Las cosas como son: a la hora de ligar soy como el león, dejo que la mujer haga todo el trabajo mientras yo me ras... contemplo las musarañas bajo una palmera. Por ello no tengo mucha experiencia a la hora de interactuar con el género femenino. Mi relación actual con mujeres de carne y hueso se limita a los escasos comentarios que intercambio con las cajeras del Mercadona y los breves instantes en que nuestras manos se tocan cuando me dan una bolsa, aunque últimamente no se por qué me la lanzan a varias metros, al final del "finger" de la comida, como llamo a esa parte de la caja, a falta de un vocabulario más rico.

Tenía lo más difícil, una forma de romper el hielo, pero me faltaba un lugar propicio donde hacerlo y que no quedara el suelo perdido de agua. ¿Dónde liga la gente?,me pregunté. Lo primero que hice fue una encuesta entre mis amigos, para saber dónde habían conocido a sus respectivas parejas. Vale, no es lo mismo el fornicio esporádico que una relación, en esta última hay que mentir más, pero todo empieza igual, con un intercambio de fluidos en la playa bajo la luna llena.

Como son un poco "raros", la mayoría resultó haber dado con su media naranja en diversos sitios de Internet, ¡uno incluso en Badoo!. Pero bueno, este medio virtual no me valía porque ya se sabe que una frase ofensiva en la red dura lo mismo que el parpadeo de una princesa (y tiene la misma importancia). Además, ¿y si alguna dijera que si? Tampoco es plan de irse a Madrid a follar. Que bueno, si hay que ir se va, pero se corre el riesgo de que la susodicha cambie de opinión y termines haciendo turismo en el kilómetro cero, más caliente que el castizo palo de un churrero. Además Madrid ya lo conozco.

Quedaba un reducto de gente normal que había encontrado el amor tête a tête, los más afortunados; la mayoría, cara a cara. El primer lugar de la lista de los sitios donde pescar una mujer, resultó ser la discoteca.

No se muy bien a qué generación pertenezco, si a la Generación X, la Grunge, la Generación Nintendo, WASP, a los chavales de la E.G.B. o los Panteras Negras, aunque bueno, de estos soy socio. El caso es que los miembros de mi generación se dejaron el dinero de sus padres, la salud, el oído y la ropa interior en estos templos del pecado y el vicio a los que nunca fui porque me parecía una experiencia similar a meter la cabeza dentro de un cubo y darte golpes con una cuchara, siendo esto mucho más barato y menos frustrante. No sabía bailar, no tenía amigos, no bebía alcohol y me daban miedo las gogos, que siempre he pensado que son replicantes dispuestas a saltar sobre aquel desdichado que les mirara demasiado el culo para descabezarlo. Y yo soy mucho de mirar culos. Hoy día, con más información y experiencia, se que esto no es así. No les importa que les miren el trasero mientras las inviten a un gintonic.

Así pues allí me colé y en la disco me planté, tripis para todos y poco que beber. De hecho solo tenían agua. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba en un after hour con tres salas de ensordecedora música electrónica en el que jóvenes que apenas habían dejado el instituto unos días antes, se retorcían y se restregaban al ritmo de siete octavas. Dudé si irme a otro local, porque igual esa gente no sabía siquiera lo que es el baloncesto, pero como corría el riesgo de meterme por equivocación en otro sitio peor, me quedé.

Me acerqué a una chavala que parecía ser la hermana mayor de alguna de las chicas que danzaban como los zíngaros del desierto a mi alrededor, y que además parecía estar lo suficientemente colocada como para ofrecer un entorno seguro para mi experimento. No es que me quisiera aprovechar de su estado, sino que soy tímido y por mucho que me importe todo tres pimientos, para "iniciar las hostilidades" quería asegurar mi integridad física.

Bien, fue un error. Inicié el acercamiento con unos ensayados pasos de baile que ante una audiencia sobria hubiera provocado carcajadas, pero lo bueno de los after es que a no ser que grites "Pastillas gratis" en medio de la pista, nadie se fija en ti. Una vez colocado a su lado, me acerqué discretamente y le susurré la fórmula mágica: ¿Follamos o jugamos al baloncesto? Algo se encendió en su drogado cerebro. Una idea que se abrió paso entre una tonelada de Speed y MDMA para ir a desembocar a su brazo, que se disparó de forma instantánea hacia mi. Por suerte su aparato locomotor estaba acompañando de juerga a su dueña y la bofetada que iba destinada a mi persona recayó en un "afortunado" espécimen de choni que como respuesta ante la gratuita agresión la agarró de los pelos al grito de... bueno, no fue muy amable, todo hay que decirlo. Tuve que poner pies en polvorosa.

El bar ocupaba la segunda posición en el ranking de lugares con mujeres "predispuestas a". Pero claro, aquí los bares son esos sitios donde van los padres a jugar al dominó, criticar al gobierno, insultar a los perroflautas y fumar aunque esté prohibido a ritmo de Manolo Escobar y la melodía pegadiza de las tragaperras. En ellos no entran las mujeres. Lo que mis amigos llaman "bar", aquí son "locales". Es una confusión cultural como cuando una argentina me dijo una vez: Cógeme bien fuerte, y la levanté a pulso dos metros sobre el suelo, que ni Iñaki Perurena.

De todas formas, me parecen sitios similares a los after solo que con más alcohol y menos pastillas, así que me limité a merodear la entrada de algunos, hasta que por pura dejadez, con la misma esperanza que tiene el coyote cuando cae por el precipicio y alza las manos en busca de una rama que frene su caída, me acerqué a una pelirroja que se disponía a entrar en el local de moda de mi pueblo y le pregunté a bocajarro. Me miró de arriba a abajo, frunció el ceño y me respondió:

- Yo preferiría un partido, pero los 50 euros te los cobraría igual.

Y yo no se vosotros, pero no me gusta pagar por jugar al baloncesto. Prefiero pasar el rato practicando los tiros libres.

El siguiente lugar me pareció lo más extraño del mundo. Tengo un amigo, aunque sería mejor decir compañero o incluso colega, que conoció a su actual esposa en una iglesia. En fin,casualidades de la vida me encontraba cerca de una y me metí en medio de no se qué ceremonia. Como casi todo español de cierta edad, la última vez que pisé una iglesia parecía un desertor de la marina inglesa y asomaba dos palmos sobre el suelo, por lo que ya entrado el siglo XXI, no recordaba nada de lo que sucedía entre esas cuatro paredes.

La luz tenue, las casullas, los rostros picados por la viruela, el olor a incienso, el leproso de la puerta, un loco fuera advirtiéndonos del fin del mundo, una estatua de papel maché de Giordano Bruno ardiendo en la hoguera... Me pareció todo muy rollo Edad Media. No me hubiera extrañado que en algún momento entrara por la puerta un Lannister a caballo y que este comenzara a defecar por todos lados. La ceremonia comenzó y el párroco instó a los presentes a dar gracias por los alimentos que íbamos a comer, o algo así, yo estaba demasiado ocupado dando gracias por el culo de la señora que tenía delante; que también era obra de dios o de un cirujano que obtuvo sus poderes de Él. Me disponía a preguntarle si quería pasar un buen rato cuando un rayo de dolor atravesó mi corazón e hizo que me doblara sobre mi estomago. Capté el mensaje: nada de sexo en la casa del señor si no llevas el uniforme.

Hasta ahora la suerte no me había acompañado, pero mantenía la esperanza. Otro sitio afortunado había sido la cola del pan. Olvidé preguntarle a mis amigos a qué panadería iban porque a las de mi pueblo solo acudían clientas de avanzada edad, y puede que me gusten las maduras, pero no las momias. Sin embargo, cuando ya había desechado este lugar, dio la casualidad de que en la panadería que está junto a mi casa contrataron a una dependienta de buen ver.

Esperé hasta quedarnos los dos solos y se lo pregunté a quemarropa. Se rió y me dijo finalmente que si. Me quedé mirándola fijamente unos segundos esperando una continuación a dicha afirmación que no llegaba. No quería presionarla, pero mi lenguaje corporal gritaba a gestos: ¡Sí ¿a qué?! Opté por preguntarle de nuevo.

- ¿Follamos... - pausa dramática esperando su respuesta- ... o jugamos al baloncesto?

- ¡Siiii! - exclamó aún más convencida si cabe. Lo intenté de otra forma.

- ¿Jugamos al baloncesto... - pausa dramática con la misma función que la anterior y similar resultado - ... o follamos?

Volvió a gritar que si, totalmente exaltada. No entendía nada, así que le di una palmada en el culo para no irme de vacío y me fui a mi casa.

Luego tuve que volver porque había olvidado comprar las baguettes para el almuerzo. Fue un poco violento.

La biblioteca en la que tantas veces había perdido el tiempo dibujando setas y tetas era mi siguiente campo de pruebas. Me senté frente a una chica trigueña, acompañada por una morocha muy grosa. El destino no iba a ponermelo fácil. Había un inconveniente: la mesa era muy grande y si hubiera querido susurrarle algo, no me hubiera escuchado bien. Además, cuando intentaba alzar la voz, algún pobre diablo que seguía pensando que estudiando podría labrarse un futuro, me reprendía. Me vi obligado entonces a escribir en un folio mi proposición, de tal modo que lo leyó ella, lo leyó su amiga y además el bibliotecario gay, que me sonrió, me guiñó un ojo y me informó de que él tenía varias pelotas en caso de que necesitara una.

La morocha y la trigueña se levantaron y salieron juntas en dirección al baño. Quiero pensar que allí se lo montaron en plan salvaje, golpeando las puertas, dejando las huellas de sus manos en los cristales empañados por el vaho creado del calor de los cuerpos deslizándose uno contra el otro... y con esa fantasía di por aprovechado el día, porque pese a lo que pueda parecer, soy un hombre sexualmente sencillo que me conformo con pequeños detalles. Y si, este es un mensaje para vosotras que me leéis.

Al final decidí tomar el camino fácil. Invité a tomar un café a una amiga cuya amistad no me dolería demasiado perder (de hecho no podía ni verla, era una bruja. Ni siquiera era una amiga, era una conocida de una amiga, de una ex a la que le dejó el móvil su prima. Tenía buenas tetas) Quedé con ella en una concurrida cafetería junto a una residencia universitaria. Comenzamos a charlar de temas intrascendentes para romper el hielo, cuando de pronto sentí que mi silla era golpeada de forma violenta. Me giré como un resorte y entonces vi a la culpable, una rubia tan despampanante que lo primero que salió de mi boca fue: ¿follamos o jugamos al baloncesto?

- ¿Te parece bonito decirle eso a esta pobre chica? - preguntó mi amiga en un intento de distanciarse de mi presunta sinvergonzonería.

- Pues para eso te he traído aquí - repliqué yo inocentemente.

Sin decir más, me tiró el café a la cara y se marchó airada. A la pobre rubia debí darle pena porque aceptó mi proposición. Me ganó de 14 puntos. Y luego follamos.

Así pues había demostrado que el atrevimiento tiene su recompensa si te lo trabajas mucho. Quién sabe, quizás algún día vaya por la calle preguntando directamente a las chicas que me salgan al paso en una forma rápida de mantener relaciones, pero eso será cuando mi nivel de desesperación sea comparable al cansancio de mi mano.

Por cierto, antes de terminar... ¿follamos o jugamos al baloncesto? (es que la semana que viene voy a Madrid)
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¿Puedo preguntarte algo?

Es difícil escribir sobre lo que se ama porque las palabras no pueden dar forma a los sentimientos que nacen en el corazón mudo, y este habla con hechos y no con discursos. Por ello, si alguien te dice que es capaz de expresar lo que siente por ti con palabras, siento decírtelo pero no te quiere. Mi único amor sincero hasta la fecha ha sido por las tetas, por ello cuando Gordi me pidió que escribiera un texto sobre ese tierno objeto de deseo, al principio no supe cómo enfocarlo. Enfrentado a la blanca llanura del folio en el que pretendía dar forma a este post, solo podía imaginar cómo de la hoja se alzaban imponentes protuberancias carnosamente coronadas por acerados pezones. Y así estuve durante diez minutos: dibujando areolas hasta conseguir hacer una circunferencia perfecta a mano alzada.

¿Cómo podría hablar de algo que todo el mundo tiene aunque, como en el caso de las opiniones, solo las de las mujeres sean las buenas? Primero se me ocurrió que podría intentar explicar qué es lo que me atrae de ellos, pero si me pongo a pensarlo, no podría dar una respuesta certera. Son esponjosos, globos a cuyo extremo engancharse y aspirar en lugar de soplar, fruta madura y fresca que devorar con fruición, surtidores de hidromiel de los que chupar sin cesar, muy suaves y los puedes achuchar al irte a dormir, aunque también a un peluche, y no por ello mataría por hundir mi cabeza entre un par de exhuberantes gusiluz a esperar la dulce muerte por asfixia aparejada a dicho acto, por mucho que estos brillen.

Podría haber contado mil y una anécdotas relacionadas con los dulces cántaros de miel, como el italiano (¿de dónde si no?) con el que conviví durante una temporada y que se ufanaba de reconocer a las chicas por su busto y no por sus caras. Y quien dice chicas, dice prostitutas. "Las mujeres pasan pero las tetas permanecen", era otro de sus aforismos con el que, sospecho, pretendía posicionarse a favor de los implantes de silicona. Nunca llegó a aclararme del todo qué quería decir con aquello.

Podría haber escrito una oda al pezón, pero rimar teta es complicado, quizás con arqueta, pero juntar ambos términos no queda serio. Además, no podía competir con las poetisas de un par de posts más abajo y quedaría en evidencia si lo intentara (aún más). Estuve un rato dándole vueltas por si las musas se dignaban a tocarme, con una teta por supuesto, pero lo único que se me ocurrió fue:

¡Enséñame los pechos!
¡Enséñame los pechos!
Cuatro senos veré esta noche,
cuatro senos tersos y grandotes.
A mi me gustan las tetitas
blancas, negras y amarillas.
Y si en la disco se descocan
un push up y a otra cosa.
¡A enseñarlas! ¡A enseñarlas!
¡que luego todo son risas!

Pero a capela y sin un sintetizador perdía mucho. Estaba claro que ni siquiera las mujeres imaginarias se atrevían a acercárseme. Así que dejé el verso a un lado.

En fin, hay muchas formas de enfocar la cuestión de los pechos, aunque yo prefiero la forma directa: abalanzarse sobre ellos y no soltarlos ni aunque mi vida dependa de ello, así que al final decidí escribir sobre lo que mejor se me da: pedir que me enseñen las lolas. ¿Por qué ese interés por verlas? os estaréis preguntando. ¿Por qué vuelan los pájaros? ¿Por qué sale el sol por la mañana? ¿A qué sabe el pollo?... nadie lo sabe y a nadie le importa. Los pájaros surcan los cielos, al amanecer hay luz, el pollo está bueno y nadie dice que no a verle el busto a una chica.

Para los que caminan solitarios por el sendero de la vida, la única oportunidad que tienen de ver unas perolas de cerca es apelar a la buena voluntad de alguna bienhechora. A ser posible una amiga cercana, nunca a una desconocida que nos obsequiará con una sonora bofetada en cuanto se lo insinuemos, y tampoco es plan de ir marcado por la vida con la "mano escarlata". Alguna habrá que se lo tome a risa y tal vez nos acepte una copa, pero alguien así es tan difícil de encontrar como un tuitero casto. Además, mucho jijijaja pero tampoco nos enseñará sus panes de azúcar.

Y mira que en principio podría parecer algo sencillo. Uno piensa que bastaría con una simple proposición para que las camisas se abrieran, los tops se subieran y las rebecas cayeran al suelo dejando en libertad a los Caribdis y Escila donde todos zozobramos en un momento u otro de nuestra existencia, pero, sorprendentemente, tras años de trabajo de campo, he comprobado que no es así. Ver las tetas de una amiga requiere de insistencia y tenacidad. Con una amplia y valiosa experiencia a mis espaldas, me siento capacitado para aconsejar a aquellos compañeros que quieran descubrir si de verdad el corazón de sus amigas es tan grande como sus senos, siguiendo estos sencillos pasos:

. Aprovecha sus momentos de bajón: ¿Que le ha dejado el novio? ¡Ataca!. Crea ambiente con el disco de Adele y pídele que se abra la blusa como terapia. El otro le ha puesto los cuernos con la chica que reparte el 20 minutos en la estación del FEVE, no se va a molestar porque le pidas eso; y si lo hace, pues al menos habrá olvidado al cerdo de su ex y la habrás ayudado a superar la traición, que para eso es tu amiga. Es una situación que los tetólogos llamamos Win-Win (onomatopeya que los hombres imaginamos en silencio cuando pellizcamos ambos pezones).

. Pídelo con educación: Dicen que un "Por favor" abre más puertas que un cerrajero, pero cuando de hacer que una mujer se desnude se trata, aunque sea de cintura para arriba, los buenos modales carecen de eficacia. Ya puedes hablarle en castellano antiguo, que suena más educado, que seguirán negando con la cabeza hasta descoyuntarse las vértebras.

. Con una canción: Un tema sugerente podrá resquebrajar sus defensas emocionales. Con suerte podrás aprovechar ese resquicio para conseguir tus fines. Recomendadas: Knocking on heaven doors, de Guns N´Roses, que es así como más lascivo. Don´t dream is over de Crowded House, esta para animarnos; o The captain of her heart, de Double. La "Ramona" de Fernando Esteso se debe usar como último recurso. Pese a lo que más de uno esté pensando, no es aconsejable el "Boys, boys, boys" de Sabrina, porque ninguna chica quiere que la relacionen con ella. ¿Habéis visto qué cejas se gastaba en aquella actuación? Pues eso. No olvidéis llevar un cartel en el que expreséis vuestra petición y poner cara de cachorrito desamparado, que eso siempre llega al corazón.

. Emborrachándola: Acción rastrera donde las haya y considerada ilegal por la Asociación Internacional de Tetología, que descalificará de la competición a quien haga uso del alcohol para conseguir sus fines.

. Apela a su sentido de la amistad: Cuando un amigo le pide a otro que le enseñe su "taladradora" (por aquello del optimismo antropológico del hombre respecto de su pene) este se lo muestra sin dudar; razón por la cual solo tengo amigas. Sin embargo el concepto que de la amistad intersexos tienen las mujeres, es diferente. Si una amiga te pide que le enseñes tu "cosa" (si la llama "polla" es que quiere tema. Lo digo por si hay algún despistado), uno se la enseña encantado. No así en el caso inverso. Por eso cuando una mujer me dice que cree en una amistad pura, sin más artificios entre un hombre y una fémina, yo siempre le digo: Si, ya, pero entonces ¿le enseñarías las mamas? Y entonces, tras meditarlo unos segundos, calla y se aleja sin mirar atrás, consciente de su derrota.

. Haz el Pagafantas: El viejo método de echar mano de la billetera y dejarte el sueldo en bebidas espirituosas con las que endulzar el ánimo de nuestra amiga. El pagafanteo para ver tetas es más triste que el pagafanteo clásico, que al menos puede aspirar, de forma irreal eso si, a tocar, lamer, estrujar, acariciar y amagar con ordeñar, antes de ser reprendido por ello, al objeto de sus atenciones. Hacerte consumidor premium del Club Sensaciones solo para mirar, es algo reservado a los muy desesperados.

. Por Whatsapp: No es tan molesto como una llamada ni tan caro como un SMS. Podrás iniciar una campaña de acoso digital de una forma económica y rápida. OJOCUIDAO que el WA lo carga el diablo. A ver a quién le pedís que os enseñen las domingas. Yo le envié el mensaje por error a mi Ex y a punto estuve de volver con ella. Así que precaución y aseguraos bien de quién es el destinatario, que luego vienen los arrepentimientos.

. Di que tienes dudas sobre tu sexualidad: Si, es un tópico muy manido, pero funciona. Yo lo he visto con estos ojos que han contemplado tantísimos melones. Corres el riesgo de ser catalogado como el amigo gay, y si bien es posible que te dejen entrar en probadores o te dejen tocar partes sensibles de su anatomía para comprobar lo duras que están, se correrá la voz de su recién adquirida condición sexual y tendrás que irte a otro pueblo en busca de un ligue. Un pueblo sin Internet claro.

. Díselo con flores: Existe un lenguaje erótico-festivo de las flores, por desgracia, ampliamente desconocido pero muy directo. Cada planta lleva asociada un mensaje. Así por ejemplo, la Madreselva, incita a quien se le regala a que se haga las ingles brasileñas, las rosas quieren decir: Te quiero cariño. Ahora tráeme las zapatillas y hazme la cena mientras leo el periódico. Con las margaritas dejas caer que: Te vas a quedar más sola que la última croqueta del plato. Y si quieres insinuar que la relación que mantenéis ya no te llena, regálale un pepino. En nuestro caso, para que nos muestren el camino a los Apeninos, deberemos obsequiar a nuestra amiga con un ramillete de Pelargonium.

. Suplicándoselo en un post: Ejém.

Si aun con todo, las peras de tu amiga permanecen vedadas a tu ojos, resígnate y acude a Internet, que en estos casos es como la margarina. Pero si además ella continúa compartiendo sus momentos de alegría y zozobra contigo, si ofrece su hombro para que llores tus penas, si sigue hablando contigo con una sincera sonrisa en su rostro, si sabes que estará ahí para lo que quieras; si, en definitiva, continúa siendo tu amiga pese a todo lo que le has babeado, alégrate de que aunque le hayas insistido hasta la náusea, no te ha mandado a paseo, y eso, aunque no pueda parecerlo en principio, es infinitamente mejor que un buen par de tetas.*


* Y ya si con este último alegato no cae, ve probando con otra amiga. Esto es como la lotería. A alguien le toca siempre ¿por qué no vas a tener suerte tú?

** Post escrito para el blog de Gordi, que no debéis dejar de visitar: http://eltitulodehoyes.blogspot.com
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Excepto usted, señor/a de Cantabria o norte de España en cualquier caso, que ya viene de allí y no me deja un solo comentario. El blog de Gordi, de nombre variable y calidad constante, es uno de los must read de la blogosfera y de seguro que lo conocéis, pero bueno, para los que no, es una buena oportunidad para que le echéis un vistazo, aprovechando que hoy soy el bloguero invitado con un post... bueno, mejor lo leéis en: http://eltitulodehoyes.blogspot.com.es/2013/06/puedo-preguntarte-algo.html/
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