Cosas que nunca te dije: Especial Cine

Esta noche se celebra una entrega más de los Oscar. Los cinéfilos, los amantes del glamour y aquellos que no saben programar un vídeo, permanecerán hasta prácticamente el final de la noche, pendiente de quien pisa la alfombra roja, a quien se le queda cara de palo cuando el oscar goes to otro actor que no es él y en definitiva, a quien premia la academia: si a Guillermo del Toro por aquello de la inmensa comunidad latina estadounidense, al documental sobre Irak por tratarse de un tema cool sobre el que debatir en los cócteles que se celebran en el Soho, o si le dan la estatuilla a Penelope Cruz por continuar la tendencia de los últimos años de no concedérsela a la mejor actriz.

Para aprovechar el tirón del acto, he aquí una relación de frases pertenecientes a obras del séptimo arte, que siempre he querido decir, pero nunca he tenido oportunidad:

. Fráncamente querida, me importa un bledo: más de una vez estuve tentado a clavar tan afiladas palabras. Ahora me pregunto por qué no lo hice antes, me hubiera ahorrado un dineral en el cine.

. Yo intento hacer con las mujeres lo que Einsenhover ha estado haciendo al país: de mayor quiero ser Woody Allen, salvo lo de la estatura, la miopía, la calvicie y Mia Farrow.

. Desde el corazón del infierno yo te apuñalo: Ricardo Montalbán fue desde aquel momento Khan para los restos. El apuñalamiento sería metafórico por supuesto. Lo más afilado que suelo llevar encima es mi ingenio y con eso no podría trinchar ni un pavo de nieve.

. No tires al suelo Mariconetti, hay que cuidar la ecologia: Clint Eastwood antes hacia películas para tíos duros. Tan pronto era un policía con métodos extremos, o un marine con los huevos cuadrados o iba por ahí peleándose acompañado de un mono. Si algún día viajo al pasado, evitaré por todos los medios que ruede "Los puentes de Madison".

. Me encanta el olor del napalm por la mañana: hasta ahora todos mis intentos para crear napalm han sido infructuosos, pero pronto llegará el día...

. Que ingrato, después de la de veces que te he salvado la vida: Clint Eastwood de nuevo, en su papel del "rubio" en esa obra maestra que es "El bueno, el feo y el malo" Cinismo y mala leche en una combinación perfecta.

. Soy el sargento de artillería Highway. He bebido más cerveza, he meado más sangre, he echado más polvos y he chafado más huevos que todos vosotros juntos, capullos: de nuevo el bueno de Clint en El sargento de Hierro. Todavía no he hecho ninguna de esas tres cosas, así que tendré que conformarme con soltarla en algún chat a modo de mentira para impresionar a alguien.

. Luke, yo soy tu padre: Obviamente no lo soy, pero eso no impide que cada día me fume un paquete de tabaco para conseguir la voz asmática de Darth Vader. Pseudo friki que es uno.

. Cuanto hijo de puta y tan pocas balas: desde que vi las aventuras del detective rockanrolero, quiero tener un koala como mascota.

. No piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual.

. 'Prescindible' es, cuando te invitan a una fiesta. Tu no vas, pero nadie se da cuenta: o como definir mi vida con una sola frase. Lo más preocupante es que sale de boca de Rambo.

. Voy a hacerte una oferta que no podrás rechazar: lo malo es que siempre terminan haciéndolo.

Grandes Músicos feos: Oliver Onions

Puede que a la mayoria no le suene el nombre de este compositor italiano, cosa hasta cierto punto lógica, puesto que al igual que Hanna-Barbera, no se trata de una persona, sino de dos. Concretamente de los hermanos: Mauricio y Guido De Angelis, italianos para más señas y tan poco agraciados que ha sido imposible encontrar una foto suya en toda la internet.
Como el barbudo de Martes y Trece o el quinto Beatle, los De Angelis no han sido reconocidos por el gran público como se merecen, pese a ser los artifices (ya fuera componiendo las letras o cantandolas) de las canciones de las series de nuestra niñez: Banner y Flapi, Dartacán, Willie Fog, Sandokan, Orzowei... y es que siempre estuvieron a la sombra de dos titanes del cine europeo y mundial. Los inimitables, inigualables e inmortales: Bud Spencer y Terence Hill.
Se puede decir que cada banda sonora que compusieron para seis de las películas de Bud y Terence, atesora un incunable de la música contemporanea; desde "Banana Joe" a "Dune Buggy", pasando por "Mr Nothing goes right" o "Sheriff". Y pese a ello, en goear no tienen ni una misera canción, algo imperdonable que no se merece alguien que tiene el valor de coger la música de Banner y flapi, ponerle una nueva letra, y hacerla pasar por la canción italiana de Doraemon (el que quiera, que me la pida)



¿Para cuando el Oscar a la mejor banda sonora?

Cosas que no me hacen gracia (VI)

Mañana, mejor dicho, dentro de unas horas, se vota el nuevo estatuto de Andalucía. Sí, nosotros también tenemos de eso, por aquello de parecer modernos y copiar a los catalanes, por mucho que Chaves diga que no tenemos nada que envidiarles (el tiempo desde luego no, es parecido). Como ciudadano de una democracia que soy, ejerceré mi derecho a pasar del tema olímpicamente y como yo, un porcentaje no menor del 60% que ni le va ni le viene una reforma del estatuto de autonomía planteada ante la incapacidad para resolver los problemas reales.

Por aquello de perpetuar la imagen de simpáticos y buena gente, los dos partidos mayoritarios, apoyan el sí al estatuto (estos son los que presuntamente se reparten el pastel) siendo únicamente contrario al mismo el partido andalucista (a estos no le dejaron ningún pedazo) y es que la política actual de ayer y hoy consiste en eso, en enriquecerse. Si no de qué iba a querer trabajar alguien por un sueldo aceptable, temporal y con responsabilidades penales en caso de cagarla, de no ser porque puede lucrarse a la velocidad del sonido.

Cierto día, antes de que el tomate se interesara por los escándalos de corrupción urbanística, paseando junto al ayuntamiento de Marbella, me di cuenta de que las ventanas estaban abiertas de par en par. ¿No tienen miedo de que alguien entre y les robe? le pregunté a mi acompañante. Que va, me respondió ella, ahí ya no queda nada por robar. Pues eso.


Tributo andaluz a la silla eléctrica

Oido en televisión

En clase de literatura nos machacaban lo de los pseudónimos de los escritores, de lo que no me acuerdo es qué escribió este hombre.

Un concursante a propósito de Azorín y su verdadero nombre

Veinte años de educación española, resumida en una sola frase. No me gustan los concursos, no le encuentro interés alguno a ver cómo la gente gana dinero, a no ser que lo haga de la forma más ridícula posible, pero el otro día fuí a deleitarme con los encantos de Nikki Cox en "Las Vegas" cuando comprobé que habia sido sustuida por un concurso con luces de neón, presentador de sonrisa profident y chistes de tercera, y un cuerpo de bailarinas, con muy buen cuerpo, valga la redundancia. Por ellas resistí hasta que en un lance del concurso, le preguntaron al simpático andaluz que jugaba en esos momentos, por el verdadero nombre de tan insigne autor español, del que seguro más de uno recuerda la fecha de nacimiento, donde nació, dónde se tomó un carajillo antes de coger el tranvia a la calle Preciados y cuando murió; pero, al igual que el afortunado concursante, seguro que no conoce siquiera el nombre de uno de sus libros y de saberlo, seguro que le es desconocido el significado de su obra, qué quiso plasmar en cada una de sus lineas, qué le movia a escribir.
Valga este post para reivindicar a mi último profesor de literatura, al que todo el mundo criticaba por no enseñar toneladas de datos que "valdrian" más tarde en selectividad, pero que introdujo en la tozuda mente de más de uno, el amor por la literatura y el gusto por escribir.

Un día cualquiera de Felicia

El timbre del móvil anunciándole una llamada mía la despertó. Se levantó entumecida. El suelo, aún siendo verano, era demasiado frío como para dormir en él, y aunque le había permitido hacerlo sobre un cobertor no había podido evitar helarse hasta los huesos, pues por descontado había dormido completamente desnuda.

Como consecuencia de ello, sus pezones se habían endurecido como una roca y no tardó en hacérmelo saber en un caliente sms de buenos días. Permaneció de rodillas frente a un espejo contemplando su cuerpo, su sexo palpitante en espera de mi respuesta, con las ordenes diarias.

Era sábado y no tenia que ir a trabajar así que dispondría de todo el día para disfrutar de los juegos que le tenia preparado.

Vivía sola en un pequeño apartamento del centro, por lo que no tuvo problema en cumplir mi primera petición, permanecería desnuda en casa, no importa la circunstancia que se produjera. Aquello le pareció fácil, de hecho solía hacerlo a menudo; con lo que no contaba es que a los pocos minutos se presentó en casa un repartidor con siete rosas blancas (una por cada mes que llevábamos juntos) que había encargado para ella a modo de regalo de aniversario.

Al joven encargado de entregarlas apenas le dio tiempo de deleitarse con su esbelta figura, pues presa de la excitación cerró de un súbito portazo para acto seguido llamarme para darme las gracias.

Llevaba meditando mi siguiente orden durante varios días y como esperaba, ella la aceptó encantada. Conocía su timidez desde nuestra primera conversación y sabía también que pese a ella, imaginarse deshinibiendose antes los demás, exhibiendose, la excitaba sobremanera.

Para decantar esta aparente contradicción hacia un lado u otro, había ideado la prueba "estrella" de aquel día.

Se vistió con la blusa más ajustada y la falda más corta de su guardarropa. La lencería la dejó aparcada en la mesita de noche donde solía guardarla, pero bajo la ropa no iba totalmente desnuda, pues bajo la falda plisada negra, se escondía un pequeño vibrador de apenas unos centímetros, dentro de su sexo, lubricado prematuramente en previsión de lo que acontecería más tarde.

Ya en el rellano de la escalera, le sobrevino su primer orgasmo. Las piernas le fallaron súbitamente y tuvo que agarrarse al pasamanos para no caerse. Por suerte vivía en un segundo piso, ya que cada vez que bajaba un escalón el consolador se iba adentrando en sus entrañas, produciéndole oleadas de placer que nublaban su vista y su juicio, tanto, que al salir a la calle, tropezó con un vecino y de su boca se escapó un suspiro de placer que atrajo las miradas del resto de transeúntes, que al instante se posaron en los afilados pezones que luchaban por destacar entre los numerosos pliegues de su blanca blusa de seda.

Con paso vacilante, pero disfrutando de cada metro que recorría, se dirigió a un parque cercano, que a esas horas de la mañana, solía estar animado por deportistas, gente paseando y parejas a las que el amanecer había sorprendido unidos tras alguno de los numerosos (e inmensos) arbustos desperdigados por el lugar. Cuando llegó volví a llamarla. Hasta ahora había desafiado con éxito su timidez, quería saber hasta donde era capaz de llegar.

- Enróllate con quien más te guste- le dije- pero con una condición, debes hacerlo ahí.

Nunca me dijo cómo lo hizo, pero pocos minutos después estaba dando rienda suelta a su pasión con una corredora de jogging, a la que había echado el ojo desde hacia semanas, en una zona alejada del gentío, y libre de las miradas ajenas gracias a un bosquecillo artificial.

Volvió a casa exhausta, tras ducharse, desnuda, se tumbó sobre la manta y se quedó dormida con una sonrisa en los labios.

Cuestión de volumen

Vaya par de perolas, que melones para degustar a la sombra de un almendro, acogedor pecho donde se crean las fantasias, que botijos con los que saciar la sed, biberones de placer para los ansiosos, montes gemelos que conquistar con delicadeza, domingas hipnóticas que llevan al borde la locura, senos de azucar con los que empalagarse, mamas para rememorar la infancia, ubres que se desbordan entre las manos, lolas con personalidad propia, globos con los que surcar el infinito extasis, rigidos bustos coronados por pitones, peras acuosas que lamer hasta el amanecer.... por dios, vaya par de tetas!!!!

PD: si no lo digo, reviento.
PD2: no, no tengo fotos.

La ley de la calle

Ayer me robaron una bici. Bueno y a mi vecino también pero como no lo conozco mucho, no me importa. Amparados por la noche y las tormentas de los últimos días, varios indeseables aprovecharon la quietud de la madrugada para subir las escaleras de mi casa, forzar los tres candados con la que la habia amarrado a un poste de mi terraza y cargar con ella hacia no se sabe donde.
Le faltaba una rueda, el sillín estaba roto, el manillar suelto y estaba bastante oxidada, ni el chatarrero la querría. Pensandolo friamente me han hecho un favor porque estaba ocupando demasiado espacio, pero es algo que no se puede consentir, aunque ¿qué se puede hacer ahora?
Claro, si luego yo veo mi bicicleta en manos de otro no puedo acudir a la policia como dicta el sentido común, pues no harian nada, es un hurto menor y tienen cosas más importantes que hacer (como poner multas a los que no llevan casco por ejemplo) y de hacerlo el asunto se perdería en la maraña burocrática de la justicia, con la subsiguiente pérdida de tiempo, dinero y quien sabe, igual terminaria siendo acusado por el caco por daños morales, el juez hasta le pediria perdón al ladron por las molestias de la detención. La única opción que hay es partirle las piernas al infractor e imponer el respeto y el orden de la única forma que entiende todo el mundo: a hostias. Porque la sensación de que la ley nos deja desamparados en demasiadas ocasiones se va acrecentando con el paso del tiempo y el aumento de los delitos que quedan impunes y con resultado negativo para el afectado, que sufre en sus carnes la antitesis de que el crimen no paga.
Y así es como el imperio de la ley se derrumba, los garantes de la ley se convierten en opresores y se siembra la semilla de la revolución. Hoy es sólo una inutil bicicleta, pero ayer fue un hombre que defendia a su familia, siendo acusado de no se qué (supongo que de no dejarse matar). Mañana quien sabe...
Para finalizar, unas palabras para el desgraciado que osó robarme: espero que despues de gastarte un dineral en repararla, pierdas el control de la bici y tu cabeza se abra como un melón maduro contra una farola, porque lo que te haré yo como te pille, será mucho peor.

Cuando el viento sopla

Todo el mundo tiene una película especial que visiona de forma masoquista en los momentos de bajón, para animarse ante las desgracias de mayor magnitud que se desarrollan en la pantalla. La mía no trata de las dificultades para que triunfe el amor, ni de la decadencia de clanes familiares, ni siquiera está protagonizada por actores de carne y hueso, se trata de una película de dibujos animados: Cuando el viento sopla.

Recuerdo haberla visto por primera vez, no se me olvidará nunca, un jueves por la noche en la segunda cadena (todavía no era la 2). Yo apenas había rebasado la decena de años y los problemas del mundo me eran totalmente ajenos.

Ante mi se desarrollaba la historia de un matrimonio de ancianos, que vivían en algún lugar de la campiña inglesa, alejados de todo y de todos, que hacían frente a una guerra nuclear con la tranquilidad que da la ignorancia y la confianza ciega en un gobierno, que da consejos absurdos y contradictorios sobre como actuar ante el estallido de la bomba.

Por aquella época no entendía nada de guerras, bombas o los efectos secundarios de la radiación, pero la historia me conmovió mucho. El saber que no habría final feliz y peor aún, el saber que aquello podría pasar de verdad, me dejaron una comezón en el estomago que me duró semanas.

El film está basado en la novela gráfica del mismo nombre dibujada por Raymond Briggs, encargado también del guión. Técnicamente innovadora en su tiempo, con un decorado real sobre el que se dibujaron a los personajes, cuenta con una banda sonora de primer nivel a cargo de grupos como Génesis, Pink Floyd o David Bowie, autor de la canción principal.

La película es demoledora, descorazonadora y el final abre en tu corazón las puertas de un abismo insondable de soledad, impotencia y tristeza, que sólo cierras cuando apartas la vista de la pantalla, para posarlas en el frondoso árbol que asoma tras la ventana o en la chica que sonríe a tu lado. Si tenéis oportunidad, no la veáis.

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