La línea muerta

Como todos sabéis, hace unos días el congreso de los diputados aprobó la modificación de la ley de propiedad intelectual, que incluye el Canon AEDE. A toda prisa, porque los representantes electos de los ciudadanos (esperaré a las próximas elecciones para denominarlos de la forma que merecen) tenían que irse de vacaciones, y claro, por mucho diputado que se sea, el tren o el avión no le va a esperar a uno, que eso sería ya dar demasiado el cante.

La ley, redactada por analfabetos digitales, o simplemente, por analfabetos, como siempre que se legisla, sea el tema que sea, busca gravar los enlaces hacia distintos medios escritos, como El Mundo, El País, La Razón y otros panfletos del montón o incluso la cita de sus artículos. En principio esta medida, llamada significativamente Tasa Google, va dirigida a los agregadores de noticias, manejados por empresas de mayor o menor importancia, que son las que pueden pagar millonadas y aumentar así las arcas de esta nación que está en franca recuperación económica (sic).

Pero no se queda ahí. Teóricamente, si alguna web decidiera enlazar, por ejemplo, uno de mis posts, también podrían cobrarle al administrador de la misma dicha tasa, aunque yo haya dado permiso expreso para que lo haga y haya mostrado mi voluntad de que no se le cobre nada. Lo peor es que ni siquiera vería un duro de ese robo a mano armada, se lo quedaría la sociedad encargada de gestionar el canon, que lo repartiría entre sus socios.

La inseguridad jurídica es total. No se sabe a ciencia cierta a quién va a afectar directamente, quién va a recaudar el dinero, cómo, cuándo... Una chapuza, en definitiva, de tal calibre que le lleva a uno preguntarse por qué lo han hecho.

La primera respuesta es trivial: para salvar a los medios de información escrita tradicionales, arriba mencionados, que, incapaces de evolucionar hacia un nuevo modelo de negocio, agonizan con un descenso de ventas imparable, sobreviviendo gracias a base de créditos de la banca que mantiene al gobierno, a los que debe sumisión. Cualquiera con dos dedos de frente sabrá que lo que hará dicho canon es reducir las visitas a sus webs a la mínima expresión, y nadie va a comprar más periódicos porque en Meneame no aparezca un enlace a La Vanguardia.

Sin embargo, si hacemos que la gente ya no pueda compartir un enlace por no poder pagar el impuesto revolucionario de los corsarios de papel, ¿qué nos queda? Dificultar el acceso a la información a gran parte de la sociedad. Un primer paso hacia el control (casi) total de las noticias. 

Y entonces llegó una tarde de este verano descafeinado, en que me quedé sin conexión a Internet. Y empecé a preguntarme qué ocurriría si en un momento dado al gobierno de turno se le ocurriera "apagar Internet"; que una mañana nos levantáramos y nuestro móvil no recibiera actualizaciones de Twitter, que no pudieramos enviar un correo a nuestro amigo del alma en Francia, que no pudiéramos ver un videoclip de Los Rolling Stones mientras desayunamos (que ya hay que tener estómago). Y entonces empecé a analizar la pirámide de las necesidades secundarias y cómo se verían afectadas por el apagón de la línea.

Empezando por el ocio, quizás es la vertiente que menos se vería afectada. Tengo libros y juegos como mínimo para disfrutar durante esta vida. También podría echar mano de la biblioteca para la literatura, o podría programar mis propios juegos en caso de que me aburriera de los casi 5 000 que tengo.

Alguien dijo que ver series no es un derecho, y tiene toda la razón, por eso me quedaría sin ver el final de Juego de Tronos (tengo los libros), cosa que me importaría más bien poco. Con las películas y la música, otro tanto. Guardo en discos duros lo que me interesa y no creo que mi mundo cultural se vaya a hundir por perderme el último blockbuster de Michael Bay o el nuevo disco de... no sé ni siquiera qué grupo o cantante está de moda en la actualidad.

Aparte de perder el tiempo navegando en Pornhub, de vez en cuando me gusta informarme de lo que pasa en el mundo. Sin Internet... no tendría manera de saber qué ocurre en Libia o Sudán del sur, por ejemplo. Ni tampoco podría conocer las recomendaciones del FMI sobre política económica para este país. Estaría ciego, nada. Lo único que podría hacer sería acudir a la librería de mi barrio y comprar el Financial Times, claro que seguiría teniendo una visión parcial de la información y carecería de la capacidad de poder contrastar los hechos.

Y hablando de Pornhub, aunque parezca mentira, hace tiempo tuve que enfrentarme a un dilema imposible: ¿conservar los chorrocientos gigas de vídeos XXX o borrarlos y hacer sitio para la trilogía en versión extendida de El señor de los anillos? Total, que salió cara y borré el porno. Así pues, si quisiera tener algún tipo de estimulación sexual, tendría que echarme novia... Qué horror. Espero que Internet no se vaya nunca. Y no, he visto demasiado porno alemán como para volver a echar mano de la imaginación.

Sin embargo, la Red no es solo diversión y perversión, también tiene su lado pedagógico. Hay multitud de webs y cursos de los temas más inverosímiles. Previsor como soy, y con un síndrome de Diógenes digital que no se lo salta un gitano, tengo descargados suficientes cursos como para formarme y adquirir unos conocimientos que me permitieran encontrar un trabajo fuera de esta dictadura bananera.

Aunque claro, aquí tendríamos la primera consecuencia realmente negativa de la desaparición de Internet: encontrar trabajo en otro país sería infinitamente más complicado. Hoy día, tienes a golpe de ratón las ofertas de empleo de prácticamente todo el mundo. Puedes enviar tu currículum a cualquiera de ellas, y si le interesa al encargado de RRHH, hacerte una entrevista por Skype aun estando cada uno en una punta del globo.

Sin esa conectividad, la única opción sería elegir un país en función de las perspectivas que, pensaras, pudieras tener en el mismo, gastarte un buen dinero, estar allí unos días o semanas buscando trabajo.. y la incertidumbre de que hayas hecho todo eso para algo.

Sin embargo, si algo sentiría de la desaparición de la red de redes, sería la imposibilidad técnica de comunicarme con la gente con la que diariamente charlo y comparto mi vida cotidiana. En mi pueblo no conozco a absolutamente nadie, con lo cual, estaría completamente solo. Aislado, sin capacidad de organización con otras personas...

Y a vosotros, ¿cómo os afectaría la imposibilidad de conectaros a Internet?

6 comentarios:

  1. Yo me moriría, seguramente. De pena, de rabia, de dolor, de soledad...

    Esta nueva ley es una basura monumental. Cuanto más leo, más alucino.

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  2. Ah, y yo no tengo NADA descargado así que probablemente me iría a vivir a una biblioteca o a casa de mis padres.

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  3. Discrepo sobre lo de informarse. Si se cargan internet podrías informarte, en sus TVs, radios y periódicos, podrías conocer la versión que les interesa de las noticias que quieren que conozcas, convenientemente filtradas y maquilladas. ¡Todo son ventajas!

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  4. Como siempre, lo has explicado mejor que yo, Gordi :)

    Jajajja Deyector, si eso ocurriera compondría entonces poemas a Marhuenda y llamaría a mi perro Inda. ¡Aterrador! :)

    Besos y abrazos!!

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  5. Yo sólo me lo imagino y ya estoy con taquicardias.

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  6. Yo estuve un par de días y justo cuando me llegó estaba a punto de sacrificar un centollo al dios de Internet!

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