Oido en el bar

- Hoy día se lleva ser maricón, decirle: ¿Cómo estás cariño? ¿Necesitas algo?


Semejante afirmación, que haría palidecer a una sufragista, provenía del típico habitual del bar del pueblo junto al que pasaba en aquel momento, gañán, inculto, de dudosa higiene personal y pensamiento retrógrado, anclado en el tiempo, fiel reflejo de la sociedad española actual pues tras escuchar semejante declaración de intenciones, sus amigos le jalearon entre trago y trago a sendas cañas de cerveza.

No seré el primero en apuntar el carácter irracional, esquivo y a veces anárquico de las mujeres pero por encima de todo eso está la educación. Vale que lo único que quería el Casanova del bar sería un encuentro furtivo en su casa con hipoteca a 40 años con una choni de discoteca de similar talla intelectual, pero preocuparse por ella es lo mínimo. Y no por ello se es "menos hombre". Vamos, digo yo.

Algo pasa con Susanna

Cuando comencé este nuevo blog, decidí continuar con una sección que me había reportado pingues visitas en un proyecto anterior y que además, me alegraba la vista: la sección de chicas. Lo que en su día comenzó como una forma de listar las mujeres que en su momento me parecieron atractivas, se convirtió pronto en una fuente constante de nuevos y breves lectores que esperaban encontrarse con decenas de galerías de las damas más despampanantes y al final se tenían que conformar con un par de fotos y un comentario chorra.

En cualquier caso, durante mi ausencia, el blog no dejó de tener visitas gracias a los seguidores de esa mujer, con todas las letras, que es Susanna Griso. De todas las españas llegaban diariamente decenas de salidos que buscaban fotos de sus piernas, relatos eróticos relacionados con ellas, respuestas a extravagantes preguntas como si Matias Prats es un robot. Sirva de homenaje a todos ellos este mapa con los lugares desde donde han accedido a mi blog, que se irá actualizando diariamente. Algún día veremos el mundo cubierto de iconos azules...


Ver Fans de Susanna Griso en un mapa más grande

Más allá de la cúpula de la incorrección política

La crisis del 93 es la primera de la que tengo consciencia. Los 80 fueron una crisis continua pero yo andaba más preocupado en que Dartacán rescatara a Julieta de una improvisada torre de papel echa con mis propias manos, que de pulsar el ambiente desolador que se vivía en aquel entonces.

La situación mejoró algo a finales de la década  y la amorfa rebeldía de Cobi junto con las luces que Curro, mascota de la Expo de Sevilla, lanzaba por su pico, nariz o lo que fuera aquello que tenía en la cara, desterraron las sombras de la recesión hasta que los atletas volvieron a sus casas con sus medallas y las puertas del último cerraron sus puertas para no abrir jamás, dejando a Curro hundido junto a una carabela en el lecho del Guadalquivir.

La realidad del paro golpeó entonces con fuerza a mi familia, sufrimos dificultades económicas y, como de todo se aprende, yo empecé a valorar el dinero. Pese a que la economía no estaba para darse muchos caprichos, de vez en cuando iba a la librería local a comprar algún tebeo con los pocos ahorros que podía conseguir de forma lícita.

Por aquella época era seguidor de Mortadelo y Filemón, y atesoraba gran cantidad de sus historietas, y como si fueran pokemons, aspiraba a hacerme con todas ellas. Un día, en una de mis habituales visitas a la la librería, el dueño me informó, con gran consternación por mi parte, de que no tenía nada nuevo de la pareja de detectives. Sin embargo, en las estanterías, junto a al SuperPop y el Teleindiscreta, tenía un cómic dibujado por el mismo Ibañez, que al final compré porque... no lo recuerdo, supongo que porque mi naturaleza impulsiva me empujaba a no irme de vacío y no me atrevía a comprar el Intervíu.

Los protagonistas del mencionado tebeo era "Chicha, Tato y Clodoveo. De profesión, sin empleo", un heterodoxo trio de desempleados (perroflautas más bien)  que viñeta tras viñeta trataban de encontrar ese objeto místico de la misma importancia que el Santo Grial o el peluquín de Hilario Pino: un contrato indefinido. No lo conseguían, por supuesto, y de forma inexorable las historias desembocaban hacia un final repleto de golpes y miembros vendados.

No me gustó, las cosas como son. El esquema de las historias era similar al de los Mortadelo, pero los protagonistas no tenían carisma. Tanto es así, que desconozco quién era quién. Aún así, hace unos meses, sumidos de nuevo en la eterna crisis nacional, decidí en un acto nostálgico, volver a leer alguno de sus números por si ahora, con la experiencia adquirida con los años,  podía encontrar más "Chicha". No me dio tiempo a comprobarlo, porque nada más empezar con el primero "El Cacharro Fantástico" Nº 7 de la colección, página 2, me encontré con una viñeta que me dejó patidifuso:


Así de primeras parece una señora es estrangulada gratuitamente, sin venir a cuento en una historieta para niños. Se nota que fue dibujada en tiempos más "permisivos" (mediados de los 80) donde todavía quedaba alguien que escuchara a Almodovar y McNamara o viera a Martes y 13 decir que su marido le pegaba.

Sin entrar en discusiones de si debería estar ahí o no esa imagen, lo que yo me pregunto es por qué dibujo eso. ¿Era en aquellos tiempos ver algo así gracioso? Si vemos la única viñeta en la página que podría tener relación con la mostrada:


Obtendremos el cuadro completo. La buena señora le echa la bronca a su marido porque el trio de perroflautas protagonista le ha robado los pantalones y este, decide pagarlo con ella. ¿Crítica social? ¿Gag fallido? ¿Mensaje oculto al estilo "El Código Da Vinci? Se admiten apuestas.

Tras la búsqueda del Yeti

En sus inicios, Internet era coto casi exclusivo de tres grupos: militares, miembros de la comunidad educativa y conspiranoicos / investigadores de lo paranormal que utilizaban la red para intercambiar información sobre los avistamientos OVNI, las últimas acciones del chupacabras o el vídeo porno de Pamela Anderson.

El anonimato que les ofrecía la red y la velocidad en la transmisión de sus historias constituían el caldo de cultivo ideal para que surgieran centenares de estos seres. En un principio dibujados como asociales ligeramente alejados de la realidad, chiflados ataviados con gabardina y gorros de papel albal, la figura del investigador de lo paranormal recibió un buen lavado de imagen gracias a Expediente X, esa serie en la que aparecía la arrebatadora Gillian Anderson y el tío de Californication, fan además de todo lo que viniera del espacio exterior.

La ley de Clooney dice que un tema divulgado por una persona guapa y/o famosa, adquiere respeto y credibilidad instantánea. Y según dicen el agente Mulder no estaba mal, por lo que a mediados de los 90, el mundo se vio inundado por estoicos investigadores tras la búsqueda de los animales más misteriosos, las apariciones más aterradoras y las conspiraciones más alocadas, cuyo objetivo último era parecer tan cool como el agente del FBI y poder ligar en la barra del bar: un verdadero misterio (y el único real) para muchos de ellos.

España era otro mundo y aquí los temas sin explicación tenían dos padres y ninguna madre: Jimenez del Oso y J. J. Benitez, que no tiene nombre, como los grandes escritores, y cuyo chaleco de explorador con innumerables bolsillos marcaría tendencia entre todos aquellos que se llaman orgullosos: investigadores del misterio.

En Internet, unos y otros tienen un punto de encuentro que no puede faltar en sus favoritos de Firefox: la web de Jeff Rense, una página que ya estaba ahí cuando llegué por primera vez a las autopistas de la información y que seguirá hasta que la red eche el cierre o suban un disco de Los Chunguitos, sin licencia, a sus servidores.

Con el sencillo nombre de Rense.com, el locutor de radio y conspiranoico estadounidense de homónimo apellido, junto con varios colaboradores, recopila noticias serias sobre geopolítica, brotes epidémicos, economía y demás dándole un ligero toque apocalíptico y otras más paranormales como “Los aliens nos han avisado sobre Lady Gaga” o el fenómeno de “The Hum”, ampliamente conocido por los seguidores de Iker Jimenez.

Aunque pueda parecerlo, no es un “Noticias del mundo” de tres al cuarto. La gente que escribe allí se cree lo que dice. Si queréis saber las posibilidades de que la enésima mutación de gripe se convierta en una pandemia mortal o si tras los atentados del 11S están los constructores de adosados del medio oeste, no dejéis de visitarla. Eso si, hacedlo bajo vuestra propia responsabilidad y riesgo. Podéis sufrir daños psíquicos o entrar en la lista negra de la CIA.

Enlace: Rense

Codeacademy

Aprender a programar es un trabajo arduo y penoso al que hay que dedicar más horas de tu tiempo de las que sería deseable. Es por ello que el monopolio del desarrollo de software está en manos de seres con sobrepeso, escasa vida social y amigos jetas que insisten en que les arregles el ordenador: nosotros, los informáticos.

Sin embargo pocas cosas hay más gratificantes que ejecutar un programa hecho por ti mismo, que te salude con un "Bienvenido Dr. Moriarty, amo y señor de la realidad virtual" y acto seguido cargue el video más visto del día en Youporn.

En general crear cualquier cosa te otorga una satisfacción solo comparable a la ingesta de estupefacientes, un orgasmo o un orgasmo sin haber tenido que pagar para conseguirlo. Si te pica el gusanillo de hacer tus propios programas y lo único que dominas del PC es descargar películas en Megaupload, búscate otra afición ahora que ya no puedes y visita la página de Codeacademy, que alberga uno de los mejores cursos que he visto en el que aprender a picar código.

Solo necesitas una dirección de correo y un password para comenzar las lecciones. A medida que vayas superando los ejercicios en Javascript que se van sugiriendo a lo largo de las distintas lecciones, irás ganando logros que servirán como una motivación extra. Las lecciones están en desarrollo todavía, por lo que es pronto para conocer la profundidad de la totalidad del temario, pero es un buen punto de partida en el que comenzar el largo viaje hacia el dominio de tu computadora.

Enlace: Codeacademy

Apocalipsis digital

Durante mas de una década el departamento de defensa de los USA advirtió de la posibilidad de que su país sufriera un Pearl Harbour digital, sin embargo no han esperado a sufrir semejante ataque para lanzar una bomba nuclear contra sus supuestos enemigos.

La guerra en el ciberespacio se libra en dos frentes. Uno es el cibernético, formado por organizaciones y países enemigos y cuyo objetivo es la destrucción de los sistemas informáticos del adversario dañando sus estructuras vitales como plantas de energía, comunicaciones militares, etc (el ataque del virus Stuxnet contra los complejos nucleares iraníes es un ejemplo de ello); el otro frente de lucha es el social: en este caso, al enemigo “formal” se le añade un nuevo objetivo, la población civil propia y la de los aliados. Los ataques van encaminados a controlar a la población, cortar sus fuentes de información, anular su capacidad de organización y evitar que conozca o al menos dificultar las protestas por otras acciones realizadas en el mundo real dejándoles las manos libres para hacer lo que les plazca sin temor a protestas y/o disturbios.

Hace un par de días (novedad, novedad), agentes del FBI cerraron Megaupload, el famoso servicio de hospedaje de archivos con base en Hong Kong y detuvieron a la cúpula directiva, cuyos miembros residían en Nueva Zelanda y Alemania (Interpol en acción), todo esto con la ley SOPA rondando sobre la libertad de expresión en Internet como un buitre sobre un ñu con la pata rota.

La reacción de los cibernautas no se hizo esperar, los lamentos en Twitter se entremezclaban con comentarios sobre Gran Hermano (España es irrecuperable, ya se sabe) pero todo el mundo esperaba la respuesta de los hackers de Anonymous, la cual no se hizo esperar, con varias páginas web del gobierno estadounidense como la del FBI y otras relacionadas con discográficas y gestión de derechos de autor tumbadas con su particular Low Orbit Ion Cannon.

No fueron pocos los que declararon la World War Web I aunque el ataque de denegación de servicio no sea más que algo simbólico, un ataque en el frente social de guerra de escasa repercusión práctica y que no afectará al “plan de guerra” de los poderes establecidos. El que no se pueda acceder durante unas horas (o para siempre vamos) a la página de la RIAA o la SGAE es igual de significativo que el vuelo de la paloma que acaba de pasar frente a mi ventana.

Las consecuencias del súbito cierre de la famosa página se irán viendo a lo largo de las semanas e irán más allá de unas cuantas páginas inútiles inaccesibles. Para empezar, el miedo y la desconfianza se van a instalar en la web 2.0 desde el momento en que se hace responsable al dueño del servicio de los actos de sus usuarios. Las páginas en las que la gente puede interactuar se volverán mas restrictivas, la autocensura se impondrá y habrá determinados temas que serán vetados y apartados de la corriente general de debate, pues, por si alguien lo dudaba, ha quedado demostrado que el gobierno americano tiene jurisdicción para arrestar a ciudadanos residentes en paises “amigos” por delitos que no sean de sangre. Si alguien pensaba que por vivir en España podía alojar en su servidor algún archivo con copyright o un enlace al mismo sin consecuencias judiciales, se puede ir olvidando.

Otra consecuencia importante es la herida de muerte infringida a la computación en la nube, llamada a ser el paradigma informático de la década. Si ya de por si cualquiera con dos dedos de frente recelaba de depositar sus datos en servidores ajenos, el hecho de que el gobierno americano pueda cerrar cualquier web sin importar su relevancia (Megaupload era la séptima página más visitada de la red) hará que nadie se deje seducir por los cantos de sirena de tener sus datos al alcance de la mano en cualquier lugar del mundo (bueno si, los usuarios de Apple, pero ya sabemos todos que son “especiales”) Sin ir más lejos, yo tenía alojado en Megaupload mi novela visual “Jim del Espacio Exterior 2” de próximo reestreno en este blog y he estado a punto de perderla para siempre. Suerte que siempre he grabado todo en DVDs hasta la llegada de los discos duros de un terabyte.

Los medios de comunicación, como no podía ser menos, han aplaudido con las orejas la noticia y se han centrado en la problemática de los derechos de autor. Sin embargo la cuestión no es si la gente descarga la última película de Nolan, si Lady Gaga no puede renovar su vestuario en Zara, si no podré seguir viendo la 2ª temporada de The Walking Dead en versión original o si Ramoncín aprovecha para salir por la tele lo que le dejen hablando del uso ilícito de los casettes de doble pletina. Se avecina una guerra y esta ha sido la primera salva de la misma. Cada día que pasa la situación internacional se va enrareciendo. La crisis económica se alarga (nunca terminará, pero ese es otro tema para otro post), la lucha por los recursos se acentúa y cada vez es más clara la división entre ciudadanos, políticos y, llamémosla así, la élite que se enriquece con todo lo que está pasando. Es una nueva edad media disfrazada de pseudodemocracia y falsas libertades en la que conviene que la masa esté aborregada e ignorante de lo que le rodea. Con los medios de comunicación anulados, carentes de credibilidad e interesados en ganar dinero y no en informar, solo queda Internet como fuente de información y libertad.

Como decía M.A.M. en un episodio de Al salir de clase, la información es poder y actualmente, esta reside en la red. Cuando las cosas se pongan feas en el mundo real, Internet dejará de existir. Mientras tanto, siempre se podrán usar otros servicios como Mediafire o Rapidshare o mejor aún, volver a la mula. Le preguntaré al dueño del cyber si ha salido ya el Counter Strike.

Ahora que ya no queda nadie

Como ya lo hizo dios, la peseta y la honradez (entre otros), los blogs han muerto. La gente ya no tiene tiempo para leer más de dos lineas o 140 caracteres, lo que llegue antes y mucho menos para estrujarse las neuronas y escribirlas. Otros formatos triunfan ahora, harto conocidos como para que comience a desgranarlos ahora.
Y no creo que mi percepción esté adulterada por la larga ausencia lejos de estos parajes digitales. Tras un somero repaso a lo que un día se llamó la blogosfera, he comprobado que ya no quedan blogs dignos de interés. Solo el de Tortlon, y algunos más, resisten imperturbables estos tiempos difíciles.  La sociedad se descompone a marchas forzadas y con ella, su cultura.
Así que ahora, cuando el ojo de Sauron y el de la opinión pública está enfocado en Twitter y sus chistosos de SMS, cuando la masa huye ante todo lo que no pueda leerse en un semáforo, es hora de volver.

¿Por qué lo llaman descanso cuando quiere decir sexo en el sofá?

Corría el triste invierno de 2009. Europa aún seguía intentando zafarse de las intrincadas redes de la crisis económica que los Estados Unidos y sus hipotecas subprime habían lanzado contra ella, causando graves perjuicios a su industria y sus exportaciones; y en los distintos paises de la Unión, jóvenes desesperanzados por el desempleo y la falta de un futuro estable en el que desarrollar su carrera, buscaban con denuedo por miles de portales web de búsqueda de empleo (y alguna porno verían pero solo para desestresarse y seguir buscando con más ánimo) una oferta que cubriera sus expectativas laborales.

En la próspera Holanda un atractivo ciudadano llamado Renart (omitimos su nombre real para evitar problemas legales) respondía melancólico a sus cientos de admiradoras. Cada día inundaban su buzón con mensajes de todo tipo. En unos, fervorosas valonas le declaraban su amor incondicional, en otros le pedían un hijo, otras simplemente se conformaban con que les dijera qué champú usaba para el pelo... (aunque su secreto estaba en el acondicionador) Lo que para muchos hubiera sido motivo de satisfacción, llenaba al bueno de Renart de una profunda tristeza, pues la admiración que le profesaban las chicas no era correspondida. No había entre las autoras de aquellas misivas digitales, ninguna que provocara un torrente de mariposas batiendo sus alas en su estomago, figura retórica que por otra parte causaba ciertas dudas sobre su sexualidad. Mas aquella lluviosa mañana de febrero las hadas de la fortuna tuvieron a bien iluminar su destino y en su habitual visita a la web de Monster, encontró el anuncio de una desconocida empresa de testeo de videojuegos, ubicada en Canadá.

Sin pensarlo un instante envió su solicitud y tras unas semanas de espera, con una sencilla prueba escrita de por medio, recibió la confirmación de que había sido elegido para el puesto de tester lingüístico holandés en el remoto pueblo de Sainte Adele.

Hizo las maletas con un nudo en la garganta pues desconocía el idioma de los francos, que era el que se hablaba en aquella región de Canadá y por ello no podría entablar conversación con las féminas del lugar, teniendo que postergar así durante lo que durara su contrato, la búsqueda de la mujer que llenara su corazón y convirtiera sus solitarias noches en un espacio de confidencias y risas.

Tras un tortuoso y desesperante viaje en el cual estuvo a punto de despeinarse dos veces, hubo de utilizar sus encantos para que la agente de aduanas le dejara pasar y no le retuviera en las oficinas de inmigración más tiempo del necesario por culpa de un perro policía en sintonía con el aroma del cáñamo, en el que están impregnados todos los holandeses. Una vez más su mirada Stronjen con media sonrisa y guiño izquierdo le salvó de un apuro.

En su diario personal recogería sus primeras impresiones sobre el pueblo en el que había decidido vivir: un inmenso estercolero donde la alegría decide pasar de largo los meses de invierno, en los que más vale tener a mano un revolver con el que poner fin a tu vida antes que vivir enclaustrado en una nívea prisión sin muros. Claro que eso mismo escribía de todos los sitios que visitaba, incluido Disneylandia.

El cielo plomizo con el que le recibió su primer día de trabajo era una metáfora perfecta de sus ánimos en el momento en que cruzo las puertas de la empresa. La primera persona a la que conoció fue a la recepcionista, una nativa de nivel 7 en la escala Renart de sensualidad, que le invitó a pasar a una sala donde le esperaban el resto de sus nuevos compañeros para iniciar un pequeño cursillo donde aprender a desarrollar su trabajo de manera eficiente.

Allí conoció a gente muy dispar: un sueco muy alegre al que un par de cuervos solían acompañar a todas partes, un francés de Puerto Rico, una española bastante atractiva a la que incluiría en su lista de mujeres a conquistar, y aparte de alguno más, un español llamado Moriarty, un tipo siniestro de sonrisa falsa, mentón prominente y manos de tahur, con cierta afición a mirar de soslayo los senos del último miembro de aquel heterogéneo grupo, una alemana rubia y pizpireta cuyo nombre rememoraba la gloria del viejo imperio germano: Federica. Un nombre un poco rudo pero la chica tenía un buen cuerpo y Renart no pudo evitar caer en sus sensuales redes.

Por suerte para él, era el soltero más dotado en decenas de kilómetros a la redonda y solo dos días después, ya estaban rozandose disimuladamente por las pasillos de la empresa, domeñando su pasión en los baños y borrando sus perfiles en Badoo, pues no necesitaban buscar más a su pareja ideal: la habían encontrado.

Y ocurrió que Cupido agitó sus alas y dejó sin proyectos a la empresa. Mientras Moriarty alcanzaba la gloria derrotando a las huestes de Shredder en la aventura de acción para Nintendo DS "TMNT Arcade Attack", Renart y Federica se veían libres de trabajo y pasaban las horas abrazados o cogidos de la mano, dedicándose arrumacos en los bancos frente a las oficinas. Sin embargo allí podían ser vistos con facilidad, por lo que, con cierta picardía, Renart sugirió a su amada guarecerse de miradas ajenas en la sala de juegos, dispuesta para el ocio y el relajo de los trabajadores. La habitación estaba perennemente dominada por las penumbras y no solo eso, disponía de dos cómodos sofás donde poder dedicarse al desenfreno amoroso sin temor a sufrir de cervicales o problemas de espalda.

Aunque debería haber algún quebecois perdiendo el tiempo jugando al hockey, la sala se encontraba vacía. Los cantos de sirena que entonaba el mullido tresillo que dominaba la estancia eran demasiado sugerentes como para resistirse a ellos y pronto se hallaron semirecostados en él, en una orgía de besos y caricias, inadecuada para ser emitida por el canal Playboy. La intensidad de su pasión fue en aumento, hasta hacerles olvidar de donde se encontraban. Federica se sentó a horcajadas sobre él y comenzó a devorar sus labios mientras las manos de Renart se introducían bajo su ancha blusa, cartografiando cada centímetro de su piel, encendiéndola hasta el punto de perder la cordura y empezar a desabrocharle el abultado pantalón, lo cual hubiera conseguido de no ser porque en ese momento apareció el malvado jefe de planificación y les pilló con las manos en la masa, arruinando una tórrida relación y el video amateur que estaba grabando en secreto el bedel y con el cual pensaba asegurar su jubilación.

Días más tarde la exhibicionista pareja regreso a Europa, porque así lo habían decidido, aunque siempre quedó la sospecha de un despido improcedente por la exuberancia de su cariño. Con todo, lo peor fue la retirada de los sofás de la sala de juegos, con lo que nadie pudo volver a dormir a pierna suelta allí. Aunque esa, es otra historia.

Archivo

Contacta

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *