martes, marzo 23, 2010
Puedo decir con satisfacción y una pizca de tristeza, que he cumplido uno de mis sueños de juventud: ganarme la vida probando videojuegos; una cosa que tachar de mi lista de "logros" personales (en la jerga del mundillo) Ya solo me queda ser actor porno y conocer a mis lectores, actividades ambas con grandes semejanzas. Eso en mi lista de "posibles", en la de "imposibles" solo tengo tachada una cosa.
Cuando uno piensa, o pensaba de niño, en el chollo que sería que te pagaran por jugar, olvida, desconoce o directamente obvia la parte menos agradable del asunto: lo mecánico del trabajo, las largas jornadas que parecen no tener fin, la poca calidad de la mayoría de los títulos... además de todos los problemas asociados a cualquier trabajo en cualquier lugar del mundo: jefes despótas, jefes incompetentes, trepas, compañeros tocapelotas, la salida de la oficina, jefes gilipollas...
En cualquier caso sigue mereciendo la pena, pues se aprende, y mucho. El apartado al cual me dedico entronca mi pasión por los juegos y la informática, con mi verdadero sueño (de la lista de imposibles): escribir. Mi misión es comprobar que el texto de los juegos sea correcto gramática y ortográficamente, cuando no a traducir directamente del inglés, lo que lleva en ocasiones a apasionadas discusiones en los descansos, sobre la idoneidad de los adverbios, la acentuación de determinadas palabras y demás temas que nos hacen irresistibles para las mujeres.
La última diferencia que tuve fue con un compañero algo tiquismiquis a causa de mi generosidad a la hora de preñar de tildes cualquier texto que caiga ante mis manos. Él me acusaba de ser un dejado del lenguaje y para ello esgrimia no sé cuántos artículos escritos por sesudos miembros de la Real Academia. A su vez yo usaba contra él su apego al diccionario de la mencionada academia para etiquetarle de retrógrado reaccionario. Minutos después estabamos emborrachándonos en casa de un noruego, que el pueblo es muy pequeño y no te puedes permitir ir peleándote por tonterias.
No llegamos a ningún acuerdo. No era más que un nuevo capítulo en la lucha entre estética y eficiencia que se ha desarrollado en el mundo del arte desde que este apareció junto con el ser humano. A mi modo de ver, escribir debería ser como el Jeet Kune Do, desarrollado por Bruce Lee para librarse del corsé impuesto por las katas tradicionales de las artes marciales clásicas. Estas están más preocupadas por las poses que por la eficiencia de los movimientos (quien haya visto "El luchador manco 2" entenderá de lo que hablo) Lo revolucionario del Jeet Kun Do fue que se olvidaba de la forma, para centrarse en el fondo, en la adaptabilidad a las circunstancias y en la fluidez: be water my friend y todo eso, algo en lo que debería reflejarse la escritura.
Entiendo que en la sociedad deban existir reglas que nos impidan robar lo que nos apetezca o escuchar a Ramoncín, pero al arte no se le pueden poner barreras cuando de expresar conceptos e ideas se trata; y si una frase debe llevar cuatro comas para que se entienda su significado metafórico dentro de un determinado contexto, las lleva y punto. Me da igual lo que digas Martínez.
Cuando uno piensa, o pensaba de niño, en el chollo que sería que te pagaran por jugar, olvida, desconoce o directamente obvia la parte menos agradable del asunto: lo mecánico del trabajo, las largas jornadas que parecen no tener fin, la poca calidad de la mayoría de los títulos... además de todos los problemas asociados a cualquier trabajo en cualquier lugar del mundo: jefes despótas, jefes incompetentes, trepas, compañeros tocapelotas, la salida de la oficina, jefes gilipollas...
En cualquier caso sigue mereciendo la pena, pues se aprende, y mucho. El apartado al cual me dedico entronca mi pasión por los juegos y la informática, con mi verdadero sueño (de la lista de imposibles): escribir. Mi misión es comprobar que el texto de los juegos sea correcto gramática y ortográficamente, cuando no a traducir directamente del inglés, lo que lleva en ocasiones a apasionadas discusiones en los descansos, sobre la idoneidad de los adverbios, la acentuación de determinadas palabras y demás temas que nos hacen irresistibles para las mujeres.
La última diferencia que tuve fue con un compañero algo tiquismiquis a causa de mi generosidad a la hora de preñar de tildes cualquier texto que caiga ante mis manos. Él me acusaba de ser un dejado del lenguaje y para ello esgrimia no sé cuántos artículos escritos por sesudos miembros de la Real Academia. A su vez yo usaba contra él su apego al diccionario de la mencionada academia para etiquetarle de retrógrado reaccionario. Minutos después estabamos emborrachándonos en casa de un noruego, que el pueblo es muy pequeño y no te puedes permitir ir peleándote por tonterias.
No llegamos a ningún acuerdo. No era más que un nuevo capítulo en la lucha entre estética y eficiencia que se ha desarrollado en el mundo del arte desde que este apareció junto con el ser humano. A mi modo de ver, escribir debería ser como el Jeet Kune Do, desarrollado por Bruce Lee para librarse del corsé impuesto por las katas tradicionales de las artes marciales clásicas. Estas están más preocupadas por las poses que por la eficiencia de los movimientos (quien haya visto "El luchador manco 2" entenderá de lo que hablo) Lo revolucionario del Jeet Kun Do fue que se olvidaba de la forma, para centrarse en el fondo, en la adaptabilidad a las circunstancias y en la fluidez: be water my friend y todo eso, algo en lo que debería reflejarse la escritura.
Entiendo que en la sociedad deban existir reglas que nos impidan robar lo que nos apetezca o escuchar a Ramoncín, pero al arte no se le pueden poner barreras cuando de expresar conceptos e ideas se trata; y si una frase debe llevar cuatro comas para que se entienda su significado metafórico dentro de un determinado contexto, las lleva y punto. Me da igual lo que digas Martínez.

