El mar dará a cada hombre una nueva esperanza

La mar es como esa amiga íntima que te ha acompañado en el sendero de la vida desde que compartiais plastilina para merendar en el parvulario y a quien ya de mayor le han crecido las tetas como balones de Nivea sin que te percataras de ello. Hasta que no te ves obligado a estar una larga temporada lejos de ella, no te das cuenta de lo que tenías.

Por ello, en mis años mozos solía caminar con indiferencia por el paseo marítimo de mi pueblo, maravillándome solamente por las reacciones de aquellas gentes de secano que la única masa de agua que habían visto en su vida era la alberca del tío Manolo, y que afrontaban su primer chapuzón con una alegría que escapaba a mi comprensión. No fue hasta que tuve que vivir algunos años a centenares de kilómetros de la costa, que no empecé a echar de menos el rumor de las olas rompiendo en los cuerpos esculpidos en mármol de las suecas, el olor a salitre en la brisa, la paz que puede transmitir la luna reflejada en un mar en calma...

Y así, al volver a mi hogar, comencé a apreciar la playa y a visitarla con cierta frecuencia. Aunque poco me duró la afición, porque, para ser sinceros, a no ser que vayas con una chica a la que conociste por Twitter con el objetivo de ligártela, es un lugar muy aburrido. Cuando me veía obligado a acudir por causas de fuerza mayor, buscaba formas alternativas de diversión que no fueran el juego de las palas. De hecho, si juegas a las palas en la playa, dejas bien claro que eres un turista de paso con una mochila repleta de dinero y pronto tendrás detrás a un ejército de chinas dispuestas a darte un masaje sin final feliz.

Cuando me cansaba de escribir, con rotulador permanente, mensajes de auxilio en las piedras que encontraba en la arena, solía clasificar a la gente por lo llamativo de su bronceado, desde el típico primerizo escandinavo, pálido nivel "Metálico en un jardín botánico" hasta el moreno "Samuel L. Jackson". Otra opción socorrida era mirar tetas, aunque pese a lo que pueda parecer, no me atraía demasiado. Es demasiado fácil, como pescar en un acuario. Es en el esfuerzo donde reside la satisfacción.

Gracias a la inspiración de @pecass_ y el apoyo a la causa de @naar_blog, encontré otra cosa a la que dedicar mi tiempo: intentar averiguar si se puede ligar con un tampón en la playa. El objetivo era emular un conocido anuncio en el que una actriz enseñaba a un chico cómo colocar un tampón, como si aquí nadie hubiera usado un Rampant Rabbit directa o indirectamente. Además de eso, tenía que lograr "intimar" con la chica en cuestión (y si esto no pertenecía al reto, bueno, lo incluyo yo) o al menos ligar con ella, abriendo las puertas a una relación, sexual o de las aburridas.

Lo primero que tuve que hacer fue ir a comprarlos, claro. Soy un hombre moderno, seguro de su sexualidad (ahora mismo nula), que ha visto mucho mundo y ha tenido pareja, así que no me supuso ningún problema. Aunque en la farmacia me miraron raro, la dependienta muy amablemente me redirigió al Mercadona más cercano, que se ve que le paga comisión por cada cliente que envía para allá.

No encontré los del anuncio, pero me valía cualquiera y lo bueno es que no recibiría ningún reproche por haberme equivocado con el color del paquete. Ya que estaba compré condones, arropado por un manto de optimismo del que no me desprendí hasta mi primera prueba de campo.

En principio el domingo era el día elegido para llevar a cabo el reto, pero viendo que el tiempo acompañaba, que la ciudad estaba preñada de turistas y que las quemaduras que me había producido la última vez habían curado rápido, decidí adelantarlo a ayer. Además me levanté más caliente de lo habitual, y, mira, si salía bien, eso que me llevaba.

Preparé la mochila con la correspondiente toalla, patatas para matar el gusanillo, tampones, una chocolatina Reese que encontré en el fondo del congelador, los condones, una estampita de Ron Jeremy, patrón de los polvos inesperados, gafas de sol y un ejemplar de La Casa de Bernarda Alba, por si me encontraba con alguna gafapasta (una de mis tribus urbanas favoritas porque se rumorea que tragan) y así, me dirigí a una playa a la que no suelo ir y a la que jamás volveré.

No me lo pensé mucho y me coloqué en el sitio más despejado, a varios metros de la orilla. Extendí la toalla, coloqué el libro en una de las esquinas de la misma, con el título bien visible, y tras percatarme de que aún tenía la etiqueta del precio, quitársela y volverlo a colocar en su lugar, eché un vistazo a mi alrededor mientras escuchaba los lamentos de un niño al que su madre torturaba con la inevitabilidad de pillar un resfriado en verano, que es mucho peor que en invierno, porque los médicos de la seguridad social están pensando en las vacaciones más que en otra cosa.

Justo frente a mi tomaban el sol la típica pareja de veinteañeras sexys enfundadas en sendos bañadores de los 90. Charlaban animadamente con sus smartphones en la mano con los que ocasionalmente retrataban el paquete de algún afortunado e ignorante joven. Me quedé mirándolas por unos instantes que me parecieron segundos pero que resultaron ser diez minutos. Y es que el tiempo vuela cuando tienes una mujer bonita delante; ya si la tienes encima, qué os voy a contar...

A mi espalda, montaban un toldo un grupo de amigos a medio camino entre los de Friends y Los Inhumanos, estrellas de un microcosmos de infidelidades y traiciones en el que se crean tramas que nunca serán filmadas; pero allí estaban, bebiendo cerveza antes de que el sol alcanzara su cénit, rebozándose en arena y amenazando de farol con quitarse la parte superior del bikini. Bordeando el mar, el típico grupo de tíos a los que denomino como "Los Walking Dead" porque van en manada en busca de carne humana fresca que devorar, y siempre suele haber alguna pánfila que cae en sus garras de la forma más estúpida posible. Desperdigadas a mi alrededor, algunas familias, señoras con sus maridos, mujeres solitarias y jóvenes celebrando el final del curso. Pese a todo, esperaba haber encontrado más gente. Puede que la frialdad del agua, de categoría "2 hostia puta", tuviera algo que ver.

Tengo que decir que uso una escala propia de medición de la temperatura del agua, basada en los "Hostia puta" que uno suelta cuando se sumerge en ella, parcial o totalmente. Hasta ahora el valor máximo jamás registrado está en 5 hostias puta, cuando vivía en Canadá y me quedé sin agua caliente mientras me daba una ducha. No importó que estuviéramos en verano, ni los 40º a la sombra. Tuvieron que venir en mi ayuda mis compañeros de piso con martillo y cincel para liberarme del hielo cual Capitán América.

Para comenzar elegí un blanco fácil: una morena que apenas alcanzaba las 20 primaveras, de metro sesenta y tantos, bien desarrollada, que lucía una mariposa tatuada por encima de la línea de la parte inferior del bikini (a la que me niego a llamar braga porque no llevaba lacito) Ya lo decía Shakira: hips don´t lie y un tatuaje en dicha zona solo significaba una cosa. Poco se ha hablado del lenguaje secreto de los tatuajes. Quizás en un futuro post.

Caminaba la chica distraída con el agua por sus tobillos y ofreciendo su mirada oculta bajo unas gafas de sol de Gucci a uno y otro lado. Cogí uno de los tampones y lo sopesé un instante en mi mano. Me lo imaginaba más pesado. Me levanté de un salto y me dirigí hacia ella con paso firme. No podía permitirme un instante de vacilación pues el valor hubiera aprovechado para huir como el desodorante de un usuario del metro.

Comencé a caminar a su lado preocupándome de no invadir su espacio vital y esperé a que entablara contacto visual con mi persona. Comenzó entonces a aumentar el ritmo de sus zancadas. Hola, le dije apresurado temeroso de asustarla antes de tiempo. ¿Tú sabes cómo se usa esto? y extendí mi mano abierta con el tampón coronándola.

Esperaba un insulto, una mirada de desprecio que traspasara los cristales tintados, una mueca de disgusto, pero en lugar de todo eso, comenzó a correr como si se hubiera olvidado de tomar la píldora, y cuando hubo recorrido 300 metros, se lanzó al agua de cabeza, dejándome plantado en el sitio, con el hilillo de algodón colgando desganado a merced de los vaivenes de la brisa.

Me recuperé casi al instante. Había sido la primera y aún tenía todo el día por delante. Como Aníbal ad portas de Roma, incapaz de asaltar sus muros, decidí retroceder al campamento base para lanzar desde allí una nueva ofensiva. De camino a la toalla, me topé con una atractiva milf que tumbada de cubito supino,  intentaba atraer el sol para que la poseyera cual Zeus libidinoso. Me aclaré la garganta, puse mi cara de cachorrito desvalido con la que he conseguido grandes éxitos (2 de cada 5 cajeras me perdonan los céntimos sueltos cuando la muestro) y me agaché ante ella. Al ver que algo le tapaba el sol, abrió los ojos y conectó con los míos.

- Hola - comencé. Es una forma clásica y aburrida pero tampoco era plan de ir al turrón directamente - Te he visto aquí tumbada y me he dicho: seguro que una mujer de su experiencia podría sacarme de dudas.

La milf me sonrió, pensando que estaba siendo protagonista de un relato rosa y que de la mano que ocultaba tras mi espalda, saldría un ramo de rosas y no él tampón desangelado que coloqué ante sus narices. Por suerte o por desgracia, antes de que pudiera decirle nada más, apareció la hija que había emergido de las aguas de improviso cual monstruo de las profundidades y que salió caminando torpemente hasta llegar a donde me encontraba para a continuación señalar el tampón y decir con voz angelical: Eso es para el piriodo ¿no mama? Musité una escueta despedida y me batí en retirada una vez más mientras madre e hija se reían de mi.

Hasta entonces no estaba teniendo resultados aceptables, pero no podía rendirme. Las restantes chicas, elegidas al azar, me obsequiaron con toda una ristra de insultos y desprecios. Todas se quedaban paralizadas sin saber qué hacer por unos instantes, no se si sorprendidas por mi atrevimiento o por estar pensando bien qué responderme, aunque "gilipollas" y "capullo" fueron tendencia, adornadas con miradas que iban desde el desprecio más absoluto a la pena infinita.

Hubo una rubia de ojos claros que se rió y me preguntó "Como en el anuncio ¿no?" Germinó entonces la esperanza de poder invitarla a una fanta en el chiringuito más cercano, pero esta semilla fue aplastada por un rotundo "Qué absurdo" escupido directamente a mi pobre corazón. No supe qué decir mientras se alejaba aquella belleza nórdica de tersos glúteos, hasta que en un arranque de valor grité a la desesperada: ¿Follamos o jugamos al baloncesto?, que imagino no escuchó pues no se giró siquiera para hacerme un corte de mangas. Quien si que lo oyó fue una señora de Badajoz que en un primer momento recriminó mi actitud soez, extrapoló mi comportamiento al resto de mi generación apelando acto seguido a tiempos pasados en los que la juventud se conducía con más decoro y rectitud, y finalmente me invitó a compartir una tortilla de patatas que había cocinado aquella mañana, mientras me contaba su apasionante vida. Porque otra cosa no, pero con las señoras mayores tengo mucha mano.

Decidí tomarme el asunto con más calma y esperar a que la playa se llenara un poco más, pues me había quedado sin sujetos aceptables para la continuación del reto. Incluso comencé a leerme el libro, pero al llegar a la dedicatoria me quedé dormido. Al despertar comprobé con pesar que la chocolatina se había derretido sobre los tampones, cubriéndolos con un desagradable y equivoco color marrón con el que no me pareció adecuado continuar la experiencia. Después de cada prueba iba desechando los tampones que usaba y cogía otro, así podrían decir de mi que era un guarro, pero no que careciera de higiene.

Solo me quedaban un par en condiciones aceptables. Tenía que ser muy cuidadoso con quién los utilizaba. Mientras me decidía, me giré para comprobar qué tal les iba al grupo de amigos con el toldo, pero estaba desierto, sin embargo, delante de él, tumbada de cubito prono, una chica mostraba a quien se interesara por ella, la interminable extensión de su espalda, que iba a morir en su delicioso trasero.  Con el modus operandi habitual me acerqué a ella, pero esta vez no esperé a que se percatara de mi presencia, sino que directamente le espeté: - Perdona, ¿podrías decirme como se usa esto?

Lentamente, como un dinosaurio que se desperezara tras una pesada digestión, se recostó sobre su brazo derecho, míró el tampón que tenia en la mano, y me miró por encima de sus gafas, con la seguridad que da el saberse en la cima de la pirámide alimentaria. Con la media sonrisa que se dibujaba en su rostro a la velocidad con la que imprime una impresora de agujas una foto, parecía decir: He comido corderitos como tú desde que descubrí el DIU; pero debería estar empachada porque me despachó con un lacónico: Piérdete gilipollas, antes de recuperar su postura inicial.

Las cosas no iban muy bien y yo quería poder escribir en Twitter con letras mayúsculas: funciona. Solo me quedaba una última bala, y debía ser como la que acabó con Kennedy: infalible. Me puse mi rolex de imitación, las gafas de sol que me daban un toque rebelde, me embadurné de coco para oler bien (que aunque me consta que el coco no está muy aceptado entre la población femenina, a la que le gusta, se desmadra con él), y elegí a la chica más fea de entre todas las que se encontraban a mi alrededor.

Morena, con el pelo recogido en una trenza espigada que serpenteaba su espalda y otros rasgos que no describiré para no hacer sangre; se encontraba con una amiga, pero esperé a que esta fuera a darse un chapuzón para atacar a mi presa. Me acerqué lentamente, dejando que se percatara de ello y se preparara para la conversación que tendría lugar a continuación. Cuando le enseñé el tampón se rió. No era una risa forzada ni sarcástica, era sincera y fresca como la brisa que le revolvía el pelo. Me respondió que ella no era mucho de usar tampones, así que no podía ayudarme. No me quedó más remedio que preguntarle si conocía el anuncio, lo cual me afirmó con aquella sonrisa que no se le borraba de la cara. Me confesó que nunca pensó que alguien pudiera entrarle de aquella manera, pero que le había hecho gracia. Estuvimos hablando un par de minutos de cosas intrascendentes hasta que por el rabillo del ojo vi que su amiga salía del agua.

La tuve que dejar. No quería romper la belleza del momento con un ¿follamos? y tampoco tenia pensado intentar llegar a algo más serio. Cuando me dejó mi ex me dije que jamás volvería a cometer el error de salir con una mujer.

Volví a mi toalla, donde permanecí hasta que el sol se hubo batido en retirada, meditando sobre la vida, el amor y lo feliz que hubiera sido en la Grecia clásica, en la que no llevaban pantalones para no tener que estar todo el tiempo subiéndoselos y bajándoselos. Luego llegaron los barbaros nuncafollistas y se cargaron el invento...

El estruendo de la música electrónica que expelían los locales de marcha del paseo me sacaron de mi ensimismamiento. La noche era apacible, el mar estaba en calma y la arena serena y solitaria me producía cosquillas en los pies. Era hora de volver a casa. Apreté con fuerza en mi puño el último tampón y lo lancé hacia el mar, no como mi particular grano de arena para la contaminación de sus aguas, sino como mensaje de aviso a aquellos hombres inexpertos que se dejan atraer por los cantos de sirena de las féminas. Quien lo encuentre, podrá leerlo, escrito en él con rotulador permanente.

Conclusiones: La primera y más importante: La casa de Bernarda Alba es un coñazo. Si Lorca hubiera tenido el valor de respetar la forma en que fue concebida, en la que todos los personajes femeninos eran transexuales en una España que no les entendía, hubiera sido más entretenida.

. No te tatúes una mariposa en la parte baja de la cadera si no quieres que piensen eso de ti.

. Como dice el tópico, la suerte de la fea la guapa lo desea, porque de haber sido otras las circunstancias, a la poco agraciada pero encantadora fea la hubiera llevado hasta las estrellas y la hubiera hecho estallar en mil fuegos artificiales que hubieran iluminado la noche con la fuerza de una supernova.

. Las señoras de Badajoz son muy simpáticas aunque haciendo tortillas dejan mucho que desear.

. Al final, a la hora de ligar con una chica, no importa que uses productos de higiene femenina, chistes, frases ingeniosas o gominolas, si ella es simpática y la pillas de buen humor, siempre tendrás una oportunidad. Esto vale para los feos pobres, claro está. Los demás, con enseñar músculo o un fajo de billetes tienen suficiente.

. Los tampones flotan.

Roma no se escribió en una hora (II)

Cuando empecé en esto de escribir (es un decir) pensaba que con tener algo en lo que escribir y un lápiz, bastaba. Con los posts chorras que suelo publicar aquí, si que lo es, pero a la hora de afrontar proyectos de gran envergadura, no es práctico.

Busqué información sobre los métodos de trabajo de los escritores profesionales, o aficionados, tanto daba, pero el resultado fue decepcionante, pues nada había publicado al respecto. O igual no busqué lo suficiente, vete a saber.

Por ello, me autoadjudico el título de escritor y he pensado en explicar la forma en que trabajo, por si a alguien le resulta útil.

Al principio es la idea. Esta puede venir de una sensación, un hecho insólito, una experiencia personal o de otros, una canción... Esa idea, generalmente no más de dos lineas, la apunto en alguno de mis cuadernos de notas. Allí reposan varias semanas hasta que un día, vuelvo a ellas y en mi cabeza ideo un principio y un final, final a partir del cual voy desarrollando mentalmente la historia durante los días siguientes.

Suelo apuntar situaciones que ayuden a espesar la trama, fragmentos de conversación y/o personajes nuevos. Por su carácter espontáneo, estas ideas las voy apuntando donde puedo: el móvil, una servilleta, la base de datos de mi PC, etc. Una vez tengo un número respetable de retazos con los que armar la historia, abro el procesador de textos y creo una división de la novela por capítulos, en los que voy clasificando todo lo anteriormente anotado.

Sabiendo ya qué sucederá en cada episodio, voy rellenando los espacios vacíos hasta tener un texto coherente aunque carente de estilo. Es la primera versión sin revisar.

Empiezo entonces con un el proceso de corrección. Párrafo a párrafo voy eliminando palabras repetidas con frecuencia, adverbios innecesarios, anglicismos, cacofonías, expreso determinadas frases de forma más elaborada o sencilla, etc. A continuación, sangro el texto según me venga en gana, pues desconozco si existe alguna regla para ello, ya que en unos libros lo hacen de una manera y en otros de distinta forma.

Para finalizar, hago un doble repaso ortográfico: el primero usando el corrector de Word y el segundo, leyendo integramente el texto, lo que me sirve para hallar algún error de estilo que se me haya pasado con anterioridad.

Días o semanas después debería volver a repasarse el texto, pero siempre que he escrito algo ha sido con el tiempo azuzándome con la fusta de la premura, por lo que no he podido hacerlo. Os lo recomiendo.

Una mañana en cualquier lugar

De nuevo otro relato, presentado de nuevo a otro concurso, siendo de nuevo dejado de lado en la lucha por la victoria. Pero este es diferente, pues al menos ha sido editado en un libro que circula por ahí, a un exhorbitante precio. El tema era la felicidad, aunque parezca mentira.


Jonás perdió su trabajo. Tantos años sacrificando su vida personal por el bien de la empresa no habían servido de nada. El lacerante dolor que le causaba en las mejillas, el viento en aquella esquina, junto a la oficina de empleo, le hacia recordar que había desperdiciado el tiempo en pos de una lealtad y una entrega inútiles, erradicadas ya de su mente como la mala hierba de un jardín.

Una voz angelical que provenía de su espalda vino a salvarlo del abismo al que encauzaba sus pensamientos. Se llamaba María y su historia bien hubiera podido ser compartida por cualquiera de los que hacían cola junto a ellos.

Olvidado el tiempo y la frustración, compartieron confidencias como sólo dos desconocidos que comparten la misma desgracia pueden hacerlo, y al final de la mañana, con sus documentos en regla y todo el tiempo por delante, intercambiaron teléfonos y promesas de volverse a ver.

Sonriente, cogió el móvil y marcó su número. Jonás perdió su trabajo, pero encontró una nueva vida.

Un día completo (Beta)

Habreis notado que últimamente he tocado temas de rabiosa actualidad como la Eurocopa y mi (escaso) encanto personal. Tiene una explicación. Eran textos esbozados durante mi ausencia veraniega, que recuperé para la ocasión, mientras preparaba el aniversario del blog.

Cuatro largos años han pasado desde que abrí este rincón en la red. Desde entonces, más o menos en cada aniversario, he lanzado algo especial: Fin del juego año 2 (y pico), Jim del Espacio exterior 2, 50xRoboto... El año que viene, si todavía sigue alguien leyéndome, tal vez enseñe una foto mia y se resuelva el misterio de si soy un hombre o una mujer, pero en este, tengo el placer de presentaros la historia más grande jamás contada tras El Padrino II, un nuevo blog-juego: Un día completo.

¿Quién dijo que los libro-juegos estaban muertos? (Aparte de más o menos el 95% de la población) Si Jim llegó a ser mencionado en un estudio de la Universitat Oberta de Catalunya, con Un día completo espero tener una pequeña reseña en las memorias de Vincent Price: Volví de la tumba para esto.

No sólo es más largo que su predecesor, más absurdo y más ilustrado, sino que además, ¡apenas tiene faltas de ortografía! sólo las que el corrector de blogger no es capaz de detectar. A decir verdad adolece de simpleza en diversas partes, debido a causas ajenas al autor.

Esta vez me ha resultado sorprendentemente fácil escribir una historia no porno, así que podrán leerlo niños de diez a noventa y nueve años. O bueno, pensándolo mejor no, que luego no quiero denuncias.

De nuevo, espero que guste, y si no, siempre me quedará Argentina, que tiene una impresionante cantera de aficionados. ¡Viva Maradona!


Con más finales que la videoteca de Maldini

Los libros más cortos jamás escritos

. Mis mejores chistes - El risitas
. Santidad en la España del siglo XXI - Lucia Lapiedra
. Cómo ser carismático - Dan Quayle
. 100 años de celibato - Nuria Bermudez
. Tratado del buen gusto - Santiago Segura
. El valor de la vida - Bin Laden
. La guerra relámpago - William Westmoreland
. Mecanica cuántica para todos - Richard Feynman
. Fútbol espectáculo - Flavio Capello
. Cómo conseguir el éxito musical - Cañita Brava
. El islam moderado
. ¿Quiere adelgazar? pregúnteme como - King Africa
. Pacifistas de Oriente Medio
. Energias renovables en los paises del golfo pérsico
. Tolerancia en el medievo - Genghis Khan
. Ecumenismo - Torquemada
. Superar el ridiculo - Michael Dukakis
. La fauna alpina - Jacques Cousteau
. La vida es bella - Dracula
. Bibi Andersen, ese hombre
. Autocritica - Zapatero et al.
. Listado "oficial" de consumidores de viagra
. Inglés en diez lecciones - Cañita Brava
. Como pasar por español en una conversación - Michael Robinson

Homenaje a Planeta Yerba, destruido por la colisión de un canuto, hace ya demasiados años.

MPecho3

Leo en uno de los múltiples blogs tecnológicos que pueblan internet, que en un futuro cercano se podrán implantar en los pechos de una mujer, dispositivos musicales.

Hasta ahora cuando uno tocaba los senos de su pareja, escuchaba música celestial, pero a partir de ahora podrá escuchar el Ave Maria de Bisbal o la adaptación del clásico de Loquillo: "Yo para ser feliz quiero un pezón"

De comercializarse el invento, se producirá un cambio de costumbres. Las chicas ya no llevarán las largas puestas sino las antenas desplegadas y cuando se le pregunten por sus medidas responderan: 90-60-90-3 gigas; porque me imagino que cuanto más grandes sean los pechos, más música se podrá almacenar. Me sé de una que podria llevar toda la música de los 80 y aún le sobraría espacio para la banda sonora de Star Trek (no miro a nadie).

Los de la SGAE ya se están frotando las manos por el canon que impondran a cada teta. Porque otra cosa no, pero senos tiene todo el mundo (menos Kate Moss) Bueno, la Cicciolina está haciendo cuentas... una talla más e iria a la ruina.

En cualquier caso, los hombres ya nos anticipamos a la idea. ¿Quién no le ha dado vueltas a un pezón como si del dial de una radio se tratara? pues ahora podremos cambiar de emisora así; lo cual tiene sus ventajas. A la hora de hacer el amor, una mujer podría indicar si lo que le hace su pareja le gusta o no, pasando del "hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo" al "Burn baby burn". Aunque también hay que tener cuidado, no sea que de un lametón se sintonice "El Larguero" y se corte el rollo.

Y a todo esto, ¿Qué no harán con el pene? ¿le colocarán una batidora?, bueno a más de una le gustaria, pero teniendo los huevos tan cerca, no creo que a ningún hombre le apeteciera "hacer mahonesa"

Quién sabe, tal vez se haga popular el aparato y en un futuro las gentes se pregunten: ¿Las mujes de antes no tenian pechos musicales? ¿Y cómo ponian música en las discotecas?

Visteme despacio que tengo prisa

En mi época estudiantil, a la hora de hacer un examen, siempre pecaba de precipitación a la hora de comenzar a responder las preguntas. Leia someramente el enunciado sin entrar en muchos detalles, y me lanzaba a una vorágine creativa que a veces me llevaba a atribuir a Cristobal Colon como el primer hombre que vio tierra americana y cosas por el estilo.
Bien, de nuevo me ha pasado. Esta vez con un concurso literario en el que pedian trabajos de menos de 200 palabras, lo cual yo entendí por "200 palabras o menos". Por ello, mi participación en dicho certamen del cual no daré más datos, fue efímera: hasta que el contador de palabras del word marcó el fatídico número de 200. Vaya, que me han echado por pasarme en una simple, misera, solitaria, desafiante, anarquica, desolada, desamparada, aislada y puñetera palabra.
Para ser sinceros, el relato no es nada del otro mundo, es más, es demasiado cursi, pero oye, que fastidia. Aquí lo teneis:

Desapareció de la noche a la mañana. Siempre estuvo ahí, necesario, solícito a sus deseos. Llegaron a perdonarle las malas acciones que tenia para con ellos, al fin y al cabo, nadie les proporcionó jamás tanta felicidad.
Al principio la gente no se dio cuenta de su ausencia. Hacía tiempo que habían empezado a dejarlo de lado, visitándolo únicamente en contadas ocasiones, cada vez más espaciadas en el tiempo. Quizás fue esa la causa de que se fuera o puede que alguien lo matara vilmente, como sólo se puede destruir lo puro.
Sucedió que un día, alguien tuvo una riña con otro alguien y se le buscó para que mediara entre ellos, pero no estaba. Comenzaron a buscarlo (no todos, pues había quien decía que vivía mejor sin él) por cada rincón oscuro, cada agujero profundo, cada pliegue donde hubiera podido esconderse..
En los periódicos se publicaban extensos artículos, donde se preguntaban qué seria de sus vidas sin él, quejándose amargamente por haberlo ignorado… Como último recurso, se reunió una asamblea de científicos, pero ni toda la sabiduría del universo bastó para dar con él.
Pese a que se escondía en sus corazones, nadie supo encontrar de nuevo el amor.

El amor en los tiempos del Lineage

Amada DarkElve:

Parece que fue ayer cuando nuestros destinos se cruzaron al sur del lago Innadril. Al principio no supe quién me estaba ayudando a matar a un inesperado Minotauro de nivel 65 que me habia salido al paso por sorpresa, tan concentrado andaba intentando sobrevivir; pero con tu ayuda no tardó mucho en morder el polvo.

Y fue entonces cuando te vi: la elfa oscura más bonita que habia visto nunca y mira que he visto unas cuantas en la taberna de Gludio (que ya no frecuento) en la que se daban cita gran parte de ellas. No se qué fue lo que me cautivo más de tí, si tus ojos de obsidiana que haria palidecer la luz de la luna ó (para que veas que soy sincero) tus espectaculares curvas, enfundadas en ese traje de cuero negro que espero aún conserves y que resaltaba tus prominentes senos.

Para cuando me acostumbré al fulgor de tu belleza, ya marchabas colina arriba en busca de más enemigos con los que subir de nivel. Apenas me dió tiempo de decirte gracias, a las que respondiste con una escueta sonrisa. En cualquier caso: ¿Por qué iba a interesarse una elfa oscura (nivel 68 según calculé), en un paladín novato de nivel 40 como yo?

Aún así al día siguiente volví al mismo lugar con la esperanza de encontrarte allí. Tras varios minutos de abatimiento y de recorrer la zona, te encontré en la linde del bosque repeliendo el ataque de varios guerreros orcos Tunath... bien acompañada.
El derrotismo se apoderó de mí, cabizbajo lo único que pude hacer fue sentarme bajo un árbol para contemplar tus graciles movimientos, deleitado con los quedos gemidos que salian de tu boca al lanzar el hechizo "confusión", aunque de vez en cuando apartaba la vista de ti para mirar con envidia al oráculo elfo que combatía junto a tí.

Estaba claro que todos tenian más suerte en el amor que yo. Entonces, vi como te dirigias hacia mí. El corazón me dió un vuelco y me puse más colorado que una poción de curación; y aún más cuando me preguntaste por qué no me unia a la pelea.
Yo claro, no quería molestar, tres son multitud, pero jamás olvidare la alegria que se apoderó de mí cuando me confirmaste que el elfo simplemente pasaba por allí; alegría que solo se vio superada cuando me propusiste hacer una party. En ese momento toqué el cielo.
Las semanas siguientes fueron como vivir en el paraiso (sin todo ese rollo de estar muerto) Alternabamos las frenéticas luchas con momentos de descanso en las praderas de Giran que aprovechabamos para conocernos mejor, sentados bajo el tenue brillo de las innumerables estrellas.

Bajo ese halo de misterio y tu escultural cuerpo, descubrí a una elfa amable, simpática, encantadora, inteligente... De la simple atracción, llegué a enamorarme perdidamente de tí.
No se si tú habrás visto algo en mí, pero por tí me adentraría en el piso 11 de la torre de la Insolencia armado únicamente con la daga de la fatalidad; rendiria el castillo de Gludio y te lo ofreceria en bandeja como regalo de aniversario; domaria una manada de guerreros Turak con las manos desnudas. En definitiva: te quiero más que a mi propio clan. Es por ello y mucho más, que quiero preguntarte: DarkElve, ¿te quieres casar conmigo?

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