Tener éxito en un tomo

Cuando era un infante que no llegaba a la década, poco atlético y aferrado siempre al sillón o cualquier otra superficie plana que sirviera de apoyo a mi achinado cuerpo, odiaba las clases de Educación Física del colegio. Los motivos están más que claros: debido a mi deleznable estado físico, hacía siempre el ridículo delante de las chicas, que, ante cualquiera de mis patochadas involuntarias, como tropezar con una valla e hincar mis dientes contra el suelo, se juntaban formando un corrillo y reían como cobayas. En la actualidad, varias de ellas son señoras de vida alegre. Así aprenderán a no reírse de los demás.
Una de las pruebas que más temía cuando llegaba el aciago día de la semana en el que tenía que culturizar el cuerpo, era tener que dar varias vueltas al campo del Club Deportivo Los Boliches, legendario equipo que llegó a entrenar el no menos legendario Juanito. De más está decir que el campo era muy grande y mis ganas de correr muy pequeñas. Siempre acababa al borde del desmayo, y era el pundonor de no caer redondo a los pies de la atractiva y morbosa profesora de gimnasia lo que me hacía resistir en pie hasta llegar de vuelta a mi pupitre, donde mis neuronas morían en un silencioso grito de dolor.


Protoreggetoneros caribeños

Sin embargo, en una ocasión, corriendo en el mencionado campo y habiendo pasado ya la portería del fondo sur, me adelantó “Dentudo Stevens”, nombre falso para proteger la identidad de mi compañero, que canturreaba una pegadiza canción que llamó mi atención al momento.

Dentudo era un gran deportista, por lo que no le costó mucho dejarme atrás, pero yo quería saber cómo continuaba la tonada, así que saqué fuerzas de donde no las había y comencé a perseguir al improvisado cantante hasta llegar a la última estrofa del estribillo: “Aquí se come mierda, y arroz con habichuelas” (En realidad decía “viandas” pero ya por aquella época tenía la mente sucia) Tanto empeño puse en dicha persecución que batí mi marca personal en un minuto y no solo eso, sino que no necesité echar mano de la botella de oxígeno cuando crucé la meta. Una muestra más del poder de la música.

Ese fue mi primer contacto con algo que años después me enteraría que se llamaba Hip Hop: la canción de Wilfred y la Ganga “Mi abuela”, el primer rap cantado en español si no incluimos en el canon el sa-ca-la-ma-pá de Martes y 13 o el “Baila con las momias” de Chema el panadero.

Hubo de pasar mucho tiempo, alguna década diría yo, hasta que no volviera a tener contacto con dicho género. Al menos no fui consciente de ello, porque al fin y al cabo Will Smith era rapero antes de encarnar al Príncipe de Bel Air y en la cultura audiovisual americana siempre se podía encontrar alguna pequeña incursión en esa clase de música. Pero a mi me parecía demasiado obtusa. No había ritmo, no había rima, solo un negro hablando rápido sobre cosas que no entendía porque por aquel entonces no hablaba inglés.

¡La rima ha muerto! ¡Huid insensatos!

Ese es el mayor problema para la comercialización y popularidad del género. La reivindicación social que se le atribuye a ese estilo de música, a mi me trae sin cuidado. Muchos raperos prefieren lanzar su mensaje con el micro como altavoz para el mismo, en lugar de hacer una buena canción. Cantantes protesta los ha habido siempre. Así Bob Dylan en su “Times that are a-changing” describe la necesidad de cambio de la sociedad americana de los 60, pero aún sin entender una palabra de lo que dice se puede disfrutar de la canción. Sin embargo, gran parte de la producción musical del hip hop no es más que un mitin sobre lo mal que se vive en el guetto en el que con suerte suena algún instrumento que hace las veces de diapasón.


Premio para el que adivine el nombre del demonio que ha poseído a El Langui

Supongo que ya antes habría infinidad de ejemplos, pero no fue hasta la aparición de Eminem, que la musicalidad no se alió con las rimas. Mucho tuvo que ver la fusión entre el rap puro y canciones más tradicionales, como la colaboración del mencionado Eminem con Dido en “Stan”. En el panorama hispano, ha llovido mucho desde el clásico de Millán Salcedo y hoy día podemos encontrar toda una plétora de artistas que se dedican a rimar versos. Desde los SFDK, que bien podría ser el nombre de una marca de coches checoslovaca, a Tote King, pariente del Burguer. Sin embargo hay un MC que a mi juicio no ha tenido la publicidad que se merece por la calidad de su trabajo: Frank T, un congoleño de nacimiento que acabó en España por casualidad y que en sus canciones suele hacer referencia al choque cultural que supone en la sociedad blanca española encontrar a un negro que parezca totalmente integrado en ella, con unas letras que no rimarían ni aunque las cantara un enano pero que sin embargo enganchan desde el primer verso. Canciones como “sabio joven negro estudiante” o “Qué me pasará en la boca” y sobre todo “Los pájaros no pueden vivir en el agua porque no son peces”, una diatriba contra los frikis antes de que estos se pusieran de moda, son clásicos que todo el mundo debería escuchar.

Hoy día,  el rap es un género en decadencia para el gran público. Prueba de ello es que el último fenómeno mediático relacionado con él, surgió hace varios años ya de la mano del joven MC Porta, un chaval que empezó mientras estudiaba la ESO y que al contrario que sus compañeros, en lugar de pegar palizas a sus profesores  componía canciones a temas tan cercanos como los videojuegos, perder a una novia o Bola de Dragón. Fruto de ello, nació esta genialidad:


Una lágrima de emoción surca mi rostro

2 comentarios:

  1. El rap no es lo mío... el hip-hop lo tolero un poco más, pero sigo sin ser una fan. En lo que si te apoyo es en lo de la educación física. Aquello era un horror, a quién se le ocurre hacer sufrir así a los chavales...

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  2. Pues si, las clases de Educación Física eran lo peor. No se de qué sádico salió la idea de torturar a los niños de esa manera. Eran unas clases más inútiles que las de ética.
    En cuanto a hip-hop y rap, tampoco son lo mio la verdad. De hecho incluso pensaba que eran la misma cosa!!
    Un abrazo!

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