Lenceria en el pasillo 3

Ir de compras: el acto capitalista por excelencia. En la Unión Soviética cuando uno iba a comprar, pasaba más tiempo haciendo cola fuera de la tienda que dentro de ella. En Rusia las temperaturas eran gélidas y por eso fracasó el comunismo. La gente se hartó de pasar frío para comprar una simple barra de pan. Si hubieran tenido calefacción, Lenin seguiría en el Kremlin.

En la opulenta occidente, sin embargo, las tiendas son templos en los que las mujeres van a adorar a su dios: la ropa. Y las féminas son más politeístas que un hindú. Su conciencia no queda tranquila hasta que no ha presentado sus respetos a cada pieza de tela que se agolpa en los estantes.

Un hombre, cuando va a comprar, echa un vistazo rápido por el escaparate, encuentra lo que quiere, llega hasta la prenda siguiendo el camino más corto, la coge, intenta darla de sí, y si supera la prueba, se dirige con ella a la caja, sin levantar la vista de los pechos de la dependienta. Ni probárselo, ni comparar precios ni nada de perder tiempo en tonterías. Ya si en casa se da cuenta de que le está corta, mandará a su madre o esposa a descambiarla.

En menos de dos minutos sale de la tienda y puede perder el resto del día en el bar con los amigotes.

Es por ello, que cuando un hombre se plantea iniciar una relación seria, procura informarse antes de si la candidata es aficionada a ir de compras o no, ya que el primer lugar que visitarán como pareja oficial, será el Zara.

Dicen que bastan cinco minutos para que una mujer sepa si se quiere acostar contigo, tener una relación larga o salir huyendo (en mi caso les basta sólo un segundo para correr) pues yo digo que sólo se necesitan cinco minutos en una tienda para saber si una relación perdurará o estará abocada al fracaso, como la Cherry Coke.

Un consejo a todos aquellos que quieran conservar esa novia que es una leona en la cama: ¡No bostecéis! Grapaos la boca, pegárosla con Imedio, lo que sea, pero que ella no vea que os aburrís, porque esa noche dormiréis en el sofá (y ella no estará encima)

La figura de un hombre que va de compras con su chica, es la de un ser derrotado, de hombros caídos y chepa incipiente por el peso de las bolsas y del aburrimiento tras haber visto veinte prendas iguales.

Al toparse en un pasillo con otro congénere en su misma situación, siente una alegría momentánea al comprobar que no es el único pringado, se saludan con un ligero movimiento de cabeza y se miran con cara de circunstancias.

- Lo que hay que hacer por un polvo - parece decir uno.

- Al menos tú follas seguro, que yo todavía me la estoy ligando. - replica el otro con una mirada de súplica, que muta a una de resignación al contemplar por enésima vez el trasero de su futuro ligue, que permanece enfrascada en la elección entre una falda beige y una falda beige claro.

Es este un momento crítico para todo hombre, pues ante la duda, la mujer, inconsciente de que toda la vida nos han vestido nuestras madres o nuestras novias y por ello no tenemos un criterio propio sobre ropa más allá de si te realzan las tetas o no, lanzan una de las cinco preguntas de la muerte: ¿Cual elijo?

La demagogia surgió en Grecia como respuesta a este tipo de preguntas. Ya Platón se libró de un bolsazo de su señora (la de pega, porque ya sabemos todos a qué le daba Platón) con un elaborado discurso, sobre la conveniencia de las túnicas plisadas en el estío.

Para el resto de los mortales, a los que Apolo o su profesor de lengua castellana, no bendijo con el arte de la oratoria, existe una fórmula milagro:

- Mira, preguntale a esta amable dependienta, que seguro está al día de lo que se lleva.

Sed rápidos en vuestra respuesta u os espera el frío salón. Avisados estáis.

2 comentarios:

  1. Que veraz, además siempre que voy de "paquete" a una tienda femenina (lo de "paquete" puede tener varios dobles sentidos ahora que lo escribo...) sospecho que mientras mi parienta se decanta por las prendas más antilíbido del establecimiento el resto de sus congéneres adquieren ropajes que harían sonrojar a Carmen Electra.
    Iré encamienandome al salón...
    Hasta otra!

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  2. Pues si Tortlon, has introducido un nuevo tema de debate. He entrado en varias tiendas y en ninguna he visto atuendos tan... "vistosos" como los que se ven por esos mundos de dios. ¿Acaso los ropajes "aumentalibido" solo están al alcance de supermodelos y actrices?
    Un abrazo!

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