sábado, julio 27, 2013
No soy consumidor de lo que se suele llamar Telebasura, pero aún así, como considero que ningún área del saber me debe ser ajena para tener una visión de conjunto de la realidad, no he sido ajeno al ingreso de la escritora Lucía Etxebarría al nuevo reality de la cadena amiga (que lejos quedan aquellos tiempos) en el que un grupúsculo de pseudofamosos se dedican a hacer el cabra en mitad del campo sin ningún objetivo definido más allá de entretener a las masas con sus tramas guionizadas en despachos lejanos.
Desde el principio tomó el rol de la intelectual del grupo, aunque varios de sus compañeros no tuvieran ni idea de quién era esa señora. Durante el desarrollo del programa, la escritora y una que se zumbó a Paquirrín, tuvieron una discusión, comentando la Etxebarría que a la edad que presentaba la rubia zumbona, ella tenía dos carreras. No pocos días después de aquello, la escritora ha tenido que abandonar el concurso por no poder soportar la presión a la que estaba siendo sometida por sus compañeros. Luego se la ha visto arrastrándose por algún que otro plató, obligada por las deudas siempre, y quedando por los suelos su ya de por si devaluada imagen pública.
Y mi pregunta es: ¿una persona inteligente sería derrotada sin paliativos por una turba de protohumanos como los del mencionado campamento? ¿No han demostrado esos analfabetos funcionales (desde el punto de vista educativo) ser más inteligentes que la premiada literata que solo es capaz de usar como escudo un documento expedido por una autoridad académica y que ha sido incapaz de gestionar las crisis que se desarrollaban en su entorno? ¿Qué es la inteligencia entonces? ¿Es hora de que los gafapastas dejen de dárselas de listos por escuchar a Lori Meyers mientras beben ese agua coloreada que el Starbucks hace llamar café? Seguramente. En cualquier caso queda claro que la inteligencia es saber adaptarse a las circunstancias que te rodean y ganar la partida con las cartas que te da la vida, aunque sean muy malas.
Este reality, que se suma a una larga lista de títulos que pervivirían en la infamia eterna en un país civilizado, muestra una pequeña enseñanza: es un microcosmos de la sociedad española, en la que la gente con estudios tiene que marcharse mientras el cotarro lo dominan los manipuladores, los que están dispuestos a pisar a cualquiera para conseguir sus objetivos y las tías buenas con las piernas más abiertas que la mente. Por eso tienen tanto éxito esta clase de shows.
Desde el principio tomó el rol de la intelectual del grupo, aunque varios de sus compañeros no tuvieran ni idea de quién era esa señora. Durante el desarrollo del programa, la escritora y una que se zumbó a Paquirrín, tuvieron una discusión, comentando la Etxebarría que a la edad que presentaba la rubia zumbona, ella tenía dos carreras. No pocos días después de aquello, la escritora ha tenido que abandonar el concurso por no poder soportar la presión a la que estaba siendo sometida por sus compañeros. Luego se la ha visto arrastrándose por algún que otro plató, obligada por las deudas siempre, y quedando por los suelos su ya de por si devaluada imagen pública.
Y mi pregunta es: ¿una persona inteligente sería derrotada sin paliativos por una turba de protohumanos como los del mencionado campamento? ¿No han demostrado esos analfabetos funcionales (desde el punto de vista educativo) ser más inteligentes que la premiada literata que solo es capaz de usar como escudo un documento expedido por una autoridad académica y que ha sido incapaz de gestionar las crisis que se desarrollaban en su entorno? ¿Qué es la inteligencia entonces? ¿Es hora de que los gafapastas dejen de dárselas de listos por escuchar a Lori Meyers mientras beben ese agua coloreada que el Starbucks hace llamar café? Seguramente. En cualquier caso queda claro que la inteligencia es saber adaptarse a las circunstancias que te rodean y ganar la partida con las cartas que te da la vida, aunque sean muy malas.
Este reality, que se suma a una larga lista de títulos que pervivirían en la infamia eterna en un país civilizado, muestra una pequeña enseñanza: es un microcosmos de la sociedad española, en la que la gente con estudios tiene que marcharse mientras el cotarro lo dominan los manipuladores, los que están dispuestos a pisar a cualquiera para conseguir sus objetivos y las tías buenas con las piernas más abiertas que la mente. Por eso tienen tanto éxito esta clase de shows.








