Las comparaciones son odiosas

Es la noticia del fin de semana. El gobierno de Ángela Merkel está pensando en ofrecer trabajo cualificado a los jóvenes ingenieros en paro de este país. Ofrecimiento por otra parte innecesario pues cualquiera puede irse para allá que para eso estamos en la UE ¿O es que la vaca aquella que clamaba por su vida en un capítulo de Farmacia de Guardia murió para nada? Se da así un paso más, calculado o no según a quién se pregunte, en la construcción de una Europa supranacional con zonas delimitadas por su función y aportación al nuevo megaestado. De esta forma Alemania aglutinaría el I+D continental, compartiría con Francia  y el norte de Italia el tejido industrial y en la RTL Television se podrían ver anuncios tipo "España, país de vacaciones", un lugar donde los ancianos europeos podrían terminar sus días rodeados de sol y de compatriotas más jóvenes inundados en alcohol barato; como ahora pero sin nadie capaz de endeudarse por encima de sus posibilidades y poner en riesgo la estabilidad económica.

El hecho de que tenga que venir un gobierno extranjero a intentar arreglar el problema del paro español, haría que en un país serio su parlamento en llamas iluminara la noche y los políticos se balancearan en las farolas de la capital pero como estamos así por lo que somos, al menos me sirve para presentar una nueva aplicación web, más curiosa que útil, por la cual podemos comparar dos países cualesquiera y obtener una serie de estadísticas entre las que se incluyen algunas tan frívolas como el tamaño y otras algo menos, como la posibilidad de conseguir un empleo.

La aplicación la podéis encontrar en If it were my home. Su funcionamiento es muy sencillo, seleccionamos dos países cualesquiera, y en el caso de que uno de ellos sea la antigua Hispania y el otro un país civilizado, nos echamos a llorar. No recomiendo a ningún desempleado probarlo con Canadá o la citada Alemania, para no caer en una profunda depresión. Eso si, hay que destacar la mala leche de la página pues en las lecturas recomendadas sobre el país germano, un alto porcentaje de ellas está dedicada al período Nazi, cuando uno de sus lemas era: El trabajo libera.


Si solo tuviera uno o dos meses menos de invierno sería el país perfecto

They will take my lightsaber from my dead cold hands

Una de las razones del tremendo éxito de La guerra de las galaxias está en las distintas interpretaciones que pueden sacar de ella sus espectadores. Unos ven la emotiva historia de redención de Anakin Skywalker, para otros es un espectáculo de efectos especiales y explosiones, también es la biblia de la que gente con pocas posibilidades de hacerle el amor a una mujer extrae las valiosas enseñanzas de una nueva religión, un tema con el que romper el hielo con alguna chica muy muy muy borracha o el manual perfecto para subvertir el orden democrático y convertirlo en una despiadada dictadura. Sin embargo, una vez repasada la dos trilogías, bajo una capa de seres multiformes, luchas con espada láser, batallas espaciales y disléxica filosofía, aparece la verdadera motivación de la historia: un alegato a favor de la segunda enmienda de la constitución de los Estados Unidos, la cual permite la tenencia de armas a sus ciudadanos.

Han pasado cuatro años desde el final de la guerra por la independencia de las 13 colonias inglesas y varios de sus representantes se reunen en Filadelfia para dar forma a una constitución por la cual se regirá el gobierno de los recién nacidos Estados Unidos de América. James Madison, abogado y futuro presidente de la nación, redacta una serie de enmiendas con el fin de contrarrestar el poder del gobierno federal con una serie de libertades individuales entre ellas la libertad de expresión y la de portar armas. Este punto es causa de innumerables discusiones aún hoy, muchas veces sin tener en cuenta por qué fue establecido así.

En el imaginario colectivo, la segunda enmienda se ve como algo obsoleto producto de un tiempo en que el rey de Inglaterra podía entrar por la puerta de la casa de cualquier americano, como bien explica Homer a Marge cuando intenta hacerle ver lo necesaria que es tener una pistola en casa y como ocurrió en la guerra de 1812 en la que la Casa Blanca fue incendiada por las tropas inglesas. En esos momentos era necesario contar con una milicia armada que pudiera, o intentara al menos, repeler los ataques de los enemigos de la nación si el ejército se viera desbordado. Sin embargo hay otro motivo al cual no se suele dar pábulo por el ejemplo que podría dar en la actualidad. La idea de Madison al redactar la declaración de derechos en la cual se recogen las primeras enmiendas a la constitución, era otorgar al ciudadano de los derechos necesarios para evitar los desmanes de un gobierno federal incontrolado sobre su persona. Pese a lo que se diga, el poder emana de la fuerza y en teoría, un gobierno con un ejército poderoso podría imponer sobre sus ciudadanos cualquier tipo de ley, por muy abusiva que fuera. Esto se traduce en la famosa frase que se le atribuye incorrectamente a Benjamin Franklin: La democracia son dos lobos y un cordero votando sobre lo que se va a comer. La libertad es un cordero bien armado impugnando la votación.

En una galaxia muy muy lejana, justo antes del Episodio I, nos encontramos con una minoría, los jedis, que imponen la paz con su diplomacia del sable láser, esto es, o haces lo que te digo o dominaré tu voluntad mediante el uso de la fuerza.

Este pequeño cuerpo de paz que responde ante el gobierno de la república, parece ser suficiente para mantener el orden galáctico, hasta que se presenta una amenaza seria: el bloqueo de las rutas comerciales por parte de la Federación de comercio y su ejército de insensibles droides. Su primera acción es contra el indefenso planeta de Naboo que, como sociedad presuntamente avanzada, posee un ejército testimonial que es rápidamente arrollado por los invasores.

La princesa Amidala se ve entonces obligada a pedir ayuda a los hasta entonces repudiados Gungans, creando una pauta que se repetirá en toda la saga: son las sociedades con una estructura tribal o primitiva, los que no dudan en tomar las armas para luchar por su libertad: ya sean los Gungans de Naboo, los Wookies de Kashyyyk o los Ewoks de la luna de Endor.

El éxito de los amigos de Jar Jar Binks es temporal y localizado en un determinado espacio. Pronto se ve que son necesarias más fuerzas para detener el avance en la galaxia de una ola interminable de droides de combate de rápida construcción. Sin embargo, ¿cogen los blasters los ciudadanos de Coruscant? ¿Rellenan sus mochilas de detonadores térmicos los hombres de Alderaan? No, recurren a un ejército creado artificialmente y en secreto, por órden del canciller Palpatine, que planea usarlo para su asalto al poder supremo.

En numerosos sistemas planetarios se libran encarnizados combates protagonizados por peones de ambos bandos. Como regla general no hay ciudadanos en el campo de batalla, si acaso sirviendo de apoyo logístico. Son droides, clones y bárbaros los que vierten su sangre y su líquido hidráulico por los ideales de otros. Nada nuevo desde que los romanos se entregaban al pan y circo mientras los bárbaros defendían los limes del imperio.

Parece una situación ideal. La gente puede llevar una vida normal sin verse afectada por los horrores de la guerra. Sin embargo finalmente Palpatine descubre sus cartas y vuelve a ese ejército contra el pueblo que supuestamente defendía. Su mayor baza es la falta de empatía de sus soldados a los que no les tiembla el pulso al eliminar a sus líderes Jedi. Un ejemplo claro de esto es la actitud del comandante Cody, el cual ordena sin vacilar un instante acabar con la vida de Obi Wan Kenobi. Para quien haya visto la serie de animación "The Clone Wars" es algo chocante pues Kenobi había salvado la vida del soldado clon innumerables veces y su relación parecía ser afectuosa.

Es en el Episodio III donde Lucas señala los peligros de un gobierno con un ejército sin ninguna relación con la indefensa población, y como puede someter a esta a la tiranía. Ocurrió a pequeña escala en los Estados Unidos durante los tiempos de la Gran Depresión cuando un grupo de veteranos de la primera guerra mundial junto con sus familiares decidieron acampar en Washington en protesta por las políticas de Hoover para con ellos. El jefe del estado mayor del ejército y posterior héroe en la segunda gran guerra, Douglas Macarthur, ordenó a sus tropas entrar en el campamento a bayoneta calada para desmontarlo, acabando con la vida de dos veteranos e hiriendo a centenares.

Con los impasibles clones bajo su mando, el ya emperador Palpatine puso a la galaxia bajo su puño de hierro durante varios lustros. Sin embargo, todo empezó a cambiar en el momento en que los granjeros de Dakot... Tatooine decidieron coger las armas y rebelarse contra el gobierno, siguiendo la idea de los padres fundadores de crear milicias con los mejores ciudadanos (claro que no contaban con los paletos de Montana que dedican los fines de semana a beber cerveza, comentar los últimos cotilleos sobre Paris Hilton y hacer prácticas de tiro con una diana con la foto de Janet Reno) Hombres libres y algún que otro calamar decidieron dejar la tranquilidad de sus hogares, sacar sus cazas X-Wing del garage y confrontar la tirania, derrocando finalmente, tras muchos sacrificios, al emperador y devolviendo la democracia a los pueblos de la galaxia.

Ese en definitiva es el gran mensaje que se desprende de la obra de Lucas: No esperes que clones, robots o muñecos peludos luchen por tu libertad. Compra un blaster y acaba con tus representantes si no te gustan sus leyes. Lo de Darth Vader, el incesto, las navecitas y el chulo playas de Solo, es una cortina de humo.





Give me Liberty or give me death!

Una gamba en televisión

Si alguna vez llega a acontecer eso que tienen a bien llamar futuro, le contaré a los nietos de mis vecinos, cómo antiguamente los coches tenían cuatro ruedas, la coca cola era de pago y en la televisión emitían programas vacíos de contenido, que eran el equivalente a bajarte a la plaza con los colegas a aspirar el humo de los porros que emitían los repetidores, sentados en el banco más alejado de la calle, en ese rincón donde las esperanzas se esfumaban entre calada y calada.

Uno de estos programas es Tonterías las justas, que se emite en la actualidad en Telecinco 3, o Cuatro, como se prefiera, con un trío de solventes presentadores más una maciza importada de la pampa que solo aporta puntuales momentos de sensualidad tolerada, por las amas de casa que se privan de ver Sálvame con el loable fin de salvaguardar la moral de sus retoños (que suelen ser los del banco del párrafo anterior)

Hace no  mucho existía un programa llamado "Estas no son las noticias" presentado por uno de esos cómicos salidos del canal Paramount Comedy (Chanante, ¡¡chanante!!) llamado Quequé, que a la postre comenzó en el programa de Fuentes; pero no aludiré a él pues no haría más que señalar mi condición de viejuno sin vida social.

En dicho programa, aparte de esa diosa en la tierra llamada Ana Morgade, se rodeaba de un nutrido grupo de colaboradores entre los que destacaban David Broncano, un ser a medio camino entre un cani del extrarradio y el saltamontes de Basket Fever, Anna Simón, cuya función no recuerdo más allá de dar lustre y comprobar la resistencia elástica de los modelitos que le endilgaban y Dani Martinez, un imitador-cómico-observador de la vida, muy moderno y con los pantalones por debajo de la rabadilla.

El programa no llegó a disfrutar de un merecido éxito, pese al exceso de globos femeninos que desplegaban cada día. Si se juntara el volumen pectoral de las dos Anas, se podría elevar por los aires una pedanía de mediano tamaño.

A la Morgade se la llevó Buenafuente a su programa pese a que la expresión que adorna su cara más que a la sonrisa, incita a quitarse la ropa, ponerse a cuatro patas y pedir a gritos ser azotado por su implacable látigo. Simón y Martinez dieron tumbos por la parrilla televisiva hasta arribar al programa que nos ocupa, bajo la tutela de Florentino Fernandez, eterno Crispín Clander para una generación, presentador de El Informal para otra, y tontaco mayor del reino para los ni-nis de pocas ambiciones, escasa paciencia y nulas inquietudes.

TLJ es un programa que mezcla elementos de El Informal (poquísimos por desgracia), Se lo que hicisteis, antes de que fueran repudiados como Mourinho en una convención de payasos, por las cadenas de televisión, más el "6 en ranking", una novedosa sección en la que se conjugan los vídeos de caídas, con música disco y una violencia tan light como la carne que enseñan las chicas, que ya ni siquiera tienen el tirón suficiente para hacer que te enganches al programa, desde que Cuatro fue absorbida por la cadena amiga e introdujeron contenido de Sálvame en su escaleta.

Seguramente cuando les cuente todo esto en un futuro los chavales no solo no me creerán sino que me mirarán extrañados y me preguntarán: ¿En tus tiempos necesitabais los ojos para ver la tele?



Adorad todos a los hipno-pechos

Tu nombre en una cara

No se trata de un anuncio de tatuajes o de esponsorización extravagante, si no de una página web en la que podremos convertir nuestro nombre, o el que se nos ocurra, en una curiosa cara pixelada, al estilo de los gráficos de los ordenadores de 8 bits. Para ello, simplemente deberemos escribir el texto en el recuadro correspondiente y ya está, nuestra imagen lista para representarnos como avatar o para hacer pegatinas para la carpeta del insti ahora que el modelo masculino predominante, Justin Bieber, es de todo menos masculino. La página web es: Turn your name into a face.

Skool Daze

Se acerca la Navidad y con ella los polvorones, las luces, el portal de Belén, la nieve, las bailarinas de Striptease y uno de los momentos más dramáticos de la rutina de un niño: la entrega de notas.

Y es que por definición, un niño es una persona a la que le importa tres narices cualquier cosa que no sea jugar, de ahí los tristes resultados en los exámenes y la angustia posterior al enseñarlos a sus padres. Ayer pasé junto a un colegio cuando de pronto escuché:

- ¡¡Papá!!

En un primer momento pensé que me había colado sin querer en el rodaje de la segunda parte del anuncio de Kinder Sorpresa, pero no, el niño enarbolaba con alegría un papel mientras corría hacia un señor de Murcia.

- Papá, he sacado un 9,5 en religión y un 10 en gimnasia - exclamaba orgulloso el infante mientras se abrazaba a su padre.

Miré a mi alrededor por si veía alguna cámara, pero debían estar camufladas porque no vi ninguna.

- Pues ya sabes qué vas a ser de mayor - respondió el prócer - Cura futbolista.

- ¿Como Kaká?

- No hijo, que ese no juega al fútbol.

Me alejé del lugar sin conocer qué tal le había ido con las otras materias, pero por experiencia personal puedo decir que no aprobó nada más, ya que siempre se comenta en voz alta las buenas notas, y nadie presume de una sobresaliente en religión a menos que sea el hijo del Papa (el de Roma, no el de Murcia) o si no le queda más remedio.

Si el niño es listo es posible que hubiera falsificado el boletín. Claro que está difícil. Para los americanos no lo es pues ellos usan letras para evaluar, y como dice mi amigo "El Papelas": una raya en el sitio adecuado te puede alegrar el día; Sin embargo aquí, con esas palabras tan largas es más complicado. Eso no fue impedimento para que un compañero de la EGB intentara dársela con queso a sus progenitores. Lo hizo a lo bruto, debido a la carencia de sutileza que le caracterizaba (le llamábamos "El Mascachapas: basado en hechos reales") Su plan era tan absurdo que tenía que funcionar. Y lo hizo. El primer suspensosaliente coló, pero al cuarto su padre empezó a sospechar, pues de alguien llamado "El Mascachapas, etc, etc" no se puede esperar tan buenas notas a no ser que amenace al profesorado, y ese trimestre no había recibido ninguna denuncia. Volvió a leer el boletín y entonces se percató de que el "-saliente" estaba escrito en azul, mientras que el "suspenso" lo estaba en negro.

A mi compañero le pudo la codicia académica, como a Stephen Hawking cuando atropella a los jóvenes físicos que descubren una teoría nueva, para apropiarse de ella, aunque algo hizo bien: Nunca hay que enseñar las notas a las madres. Ellas ya las conocen antes incluso de que el profesor las escriba, solo que no lo recuerdan, aunque la información permanece en su memoria en espera de ver la firma del profesor. Enseñárselas es como moverse delante de un T-Rex: la forma más directa de perder la cabeza.

Lo mejor es hacer que te firme el boletín tu padre cuando esté lo más distraido posible: durante algún partido de fútbol o cuando intenta montar una mesa del Ikea. Si esas circunstancias no se dan, mejor darle un buen susto, como ir y decirle:

-Papá, soy gay.

Y si por esas casualidades de la vida, tu padre lo es:

- Papá, me gusta tu novio.

Por desgracia, hay padres modernos, calzonazos, bisexuales y liberales, por lo que tarde o temprano te toca enfrentarte a su ira desatada. Lo de menos es la bronca que hace que los del pueblo de al lado se enteren de tu pobre rendimiento escolar en tiempo real; los niños no escuchan los sonidos que superan un cierto nivel de decibelios. Lo peor es el castigo.

Hay padres que te prohiben salir de tu habitación; padres anticuados desde luego, pues hoy día raro es el que salga de ella para otra cosa que no sea visitar el Game; otros te quitan la consola (esto si que duele), los postres, la paga semanal o lo peor: te hacen culpable de que la familia no se pueda ir de vacaciones a la Rivera Maya. Y así, tu abuela y tus hermanos piden tu cabeza porque tu irresponsabilidad les ha dejado en tierra, cuando el verdadero motivo es que tus padres se han fundido los ahorros comprando letras del tesoro, pero claro esto se lo callan, teniendo que aguantar tú gritos e insultos e incluso algún conato de colleja.

Por eso la mejor época para suspender sin preocupaciones es la semana santa. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? ¿que no te vistan de nazareno y te pierdas la procesión de Jesús Cautivo? Todo un drama desde luego...

De todas formas siempre queda el otro lado: aprobar, y su beneficio añadido: las recompensas por hacerlo. En mi clase teníamos un compañero al que apodamos "El Contable". Tenía establecido un convenio con sus padres según el cual, estos le remuneraban con 100 pesetas (si, soy viejo ¿qué pasa?) por cada punto que consiguiera sobre 7 en cualquier asignatura. Si sacaba entre un 5 y un 7 en las asignaturas del grupo 1 (matemáticas, lengua y naturales) le descontaban un porcentaje derivado del último dato del IPC. Si las mismas circunstancias se daban en las asignaturas del grupo 2, no le descontaban nada si la media del total de las asignaturas del grupo 1 era mayor a 7,5, en caso contrario debía devolver un bonus de 20 pesetas... cuando le daban el boletín de notas, sus padres se lo enviaban a un inspector de hacienda para que calculara la cantidad resultante. No se como lo haría, pero siempre lograba sacarse sus 500 pesetas por trimestre y eso que lo más que llegó a sacar fue un 1,3. Creo que ahora es diputado.

Mi experiencia con Lulu

Quien espere un relato detallado de mi alocado fin de semana con una meretriz francesa, está totalmente equivocado, pues Lulu no es el nombre de una jovenzuela capaz de traicionar sus ideales de pureza por un puesto en el olimpo de la interpretación sino el de una empresa dedicada a la autopublicación de todo tipo de obras: desde novelas a calendarios, pasando por una amplia variedad de productos impresos.

Llevaba largo tiempo meditando registrar en formato físico todos los textos que escribí en una etapa más fructífera de mi vida, aunque hasta hace algunos meses no hice acopio de voluntad para ponerme a ello. Otrora expuestos ante el público que surfeara la red, yacían ahora en un rincón del disco duro de mi portátil, aparato que podría estropearse y provocar con ello la pérdida de tantas horas pasadas con un lápiz y una libreta en la mano, pergeñando el universo delirante de un señor robot de infausto para unas, para otros grato, recuerdo.

La gente dirá lo que sea del almacenamiento digital, pero aún hoy se pueden encontrar libros con centenares de años a sus espaldas y sin embargo el lector de cd´s de la Playstation ya no es capaz de leer una copia del Medievil grabada en un disco Princo hace menos de una década. Por ello investigué en Internet de qué manera podía publicar un libro, sin tener que pagar costosas tiradas o enfrentarme a la vagancia y/o esnobismo del agente literario de alguna de las múltiples editoriales del mercado encargado de seleccionar mi obra como "publicable" cosa que por otra parte no es en absoluto.

La respuesta llegó con el nombre de una chica de anuncio: Lulu (oui, c´est moi) Aunque no es necesario registrarse para comenzar a publicar, es recomendable hacerlo para llevar un mejor control del proyecto. A través de un asistente, podremos elegir el tipo de tapa de nuestro libro, podremos darle un nombre y detallar el autor o autores, el tipo de papel (el estándar es de una calidad aceptable), el tamaño del libro (siendo el A5 el más recomendable), el encuadernado y si será en blanco y negro o en color siendo esta última opción muchisimo más cara.

Ya que hablamos de dinero, unas 700 páginas vendría a salir por el mismo precio que cualquier novedad editorial, con el añadido de que se tiene entre las manos tu propia historia. Eso a precio de coste obligatorio, sin obtener márgenes de beneficio por la venta de los ejemplares. En cualquier caso el autor puede dar el precio que desee a su obra.

Puede parecer barato, pero hay que tener en cuenta que Lulu se limita a imprimir y "pegar" las hojas del documento que se le envía. Por lo que queda en manos del usuario la maquetación del texto y el diseño de la portada, lo cual conlleva un trabajo titánico como tuve ocasión de comprobar. No es fácil escribir un libro, ni siquiera cuando es un copia-pega. Me llevó varias semanas pero al final lo conseguí, tenía un pdf que si no profesional al menos no daba vergüenza ajena y raudo corrí a subirlo al blog como quedó registrado en un post anterior. Lulu permite vender el libro en formato electrónico, todo sea dicho.

Con el asistente de creación de portadas creé una sencilla y minimalista en el menor tiempo posible y me dispuse a comprar una copia de prueba. Para ello te dan varias opciones de envío, tanto por sistemas de mensajería privada como por Correos. En su modalidad gratuita Lulu asegura que se recibirá el pedido en 5-6 días. En mi caso tuve que esperar un mes largo. El paquete viene de Suecia, cosa que en un primer momento me extrañó al ver la notificación de que había recibido un paquete, dejada por un cartero vago que no fue capaz de llamar al timbre de mi casa.

Cuando fui a las oficinas de Correos me dieron una enorme saca verde con la que parecía la versión irlandesa de Santa Claus. Dentro venía un maltratado paquete con el ejemplar. Por desgracia en algún momento entre Malmo y Fuengirola, el cartón se rasgó por una esquina, deteriorando levemente el lomo, pero bueno, la calidad general del libro permanecía intacta.

Aunque en un primer momento el volumen parece robusto, tengo la sospecha de que con el tiempo y la lectura continuada las posibilidades de que se parta en dos irán creciendo exponencialmente. Mientras tanto, cada vez que pase la mirada por mi pequeña biblioteca, podré sonreír satisfecho.

Life is short and my biceps are strong

En la cima de las montañas Stanley se yergue un lujoso palacio de esmeralda propio de un dios. En su salón real, cuyos muros están adornados con las cabezas de los grandes magnates y el fuego sagrado es perpetuamente alimentado por la sangre negra de la tierra, se alza un trono de oro reservado para el destructor de mundos: el dinero. A su izquierda se puede encontrar una sucursal bancaria universal y a su derecha se sienta el mayor sacacuartos de la era tecnológica. ¿La suscripción platinum a Megaporn? No, los teléfonos móviles.

Fueron los directivos de las televisiones los primeros en darse cuenta del potencial caudal de ingresos que podrían conseguir con la recepción de mensajes sms enviados por los inocentes espectadores. Así, cualquier programa sin importar temática se vio invadido por una franja horizontal en la que la gente podía leer los mensajes que enviaban. Los había  de diferentes tipos: estaban los que se dedicaban a opinar sobre el tema que se trataba ("El q está ablando es jilipoyas"), los que servían para hacer más fácil una declaración de amor ("Pepi te kiero un tako"); informativos ("A la azafata se le ve un pezón. Que alguien termine el trabajo y le abra la blusa del todo") o crípticos ("Compro oro")

Con el tiempo estos mensajes empezaron a formar parte de la vida diaria del vulgo como el plasma o la ordinariez de la Esteban. Visto que pese al desmesurado coste de los sms, se enviaban a miles, los empresarios buscaron nuevos métodos con los que exprimir a la gallina de los transistores de oro. La última idea es la de celebrar concursos literarios de sms. La premisa es sencilla: en 140 caracteres se debe crear un texto literario de interés. Obviamente lo de menos con tamaña limitación es la calidad. Si, alguno me recordará aquel "cuento"... "Y cuando despertó, el dinosaurio seguía allí".

El éxito de esta frase lo adjudico al efecto Lady Gaga, que es cuando algo se pone de moda y nadie sabe muy bien por qué. De hecho "El zombi nunca creyó que estuviera muerto" me transmite una inquietud sobre el concepto de vida y muerte que no han conseguido las obras completas de Kierkegaard y dicha sentencia no ha sido inmortalizada en el blog de algún joven existencialista o en su defecto Emo gótico; como "La abuela rompió la faja" que conjuga intriga, violencia, misterio y puede que erotismo, según lo pervertido que seas.

Últimamente este tipo de concursos sacacuartos han aflorado como setas. El último de ellos promovido por un conocido banco y una no menos conocida operadora de telefonía. Como tenía algo de saldo que, ironías de la vida, esa misma compañía me iba a quitar por no haber hecho uso del móvil durante meses, decidí participar con un par de "propuestas". Con el dinero que me sobraba llamé al teléfono de la esperanza, y me alegro porque salvé a mi interlocutor del suicidio. Me costó eso si. No fue hasta 2 horas después de estar charlando que logré que me dijera: "O cuelgas o salto por la ventana". Y colgué claro.

Del primero de los textos que salieron de mis dedos no esperaba mucho:

Y el mundo llegó a su fin. Lo último que vio fue el coche que le había atropellado, alejarse a gran velocidad.
Como veis nada del otro mundo. Con el que guardaba ciertas esperanzas era con el siguiente:
Entrar al banco le salvó de la pobreza. Junto a la ventanilla de pagos, olvidado en el suelo, encontró un billete de lotería premiado.
Se que para un concurso patrocinado por un banco tal vez no fuera el relato más adecuado, aunque no se si la crítica implícita cercenó mis aspiraciones al premio. Nunca se sabrá. Pues en caso de haber ganado hubieran contactado conmigo por teléfono, el cual recordé ayer que yacía bajo una montaña de papeles sin batería desde vete a saber cuando. Y de aquí se saca una valiosa moraleja: El teléfono de la esperanza no es gratis.

Nosotros los esclavos

Con la familia real española tirándose los trastos en un suntuoso palacio francés en Bayona, las tropas napoleónicas entraron en la península ibérica so pretexto de atacar Portugal, aliado de los pérfidos ingleses. Mientras Carlos IV cede la corona de España a Napoleón y este a su hermano José, las tropas invasoras cometen toda clase de tropelías sobre la población civil y ocupan plazas alejadas del camino a Portugal. La lucha estalla cuando llegan a la capital del reino rumores de que Murat quiere trasladar al infante Francisco de Paula. Es la mecha que prende fuego a la piel de toro. Durante largos meses, la antigua Hispania será testigo de las más crueles acciones y su tierra se cubrirá con la sangre de ambos bandos.

1812, el sol brilla con fuerza en Cádiz. Las cortes generales promulgan la que será la primera constitución española, "La Pepa", que establece las bases de un gobierno democrático: separación de poderes, sufragio universal, libertad de prensa... Pronto la península se verá libre de franceses. Con la salida del pérfido Pepe Botella y la vuelta del legítimo Rey, las esperanzas de un futuro brillante para España son más claras que nunca. Sin embargo tales esperanzas no tardarán en tornarse vanas, pues el pueblo que otrora se rebelase contra la tiranía gabacha, grita ahora "Vivan las cadenas" ante el paso de la comitiva de Fernando VII, el dirigente absolutista más nefasto de la historia de la nación hasta la actualidad. España, con la connivencia de sus ciudadanos, volvía a perder otro tren, uno más, para convertirse en un estado serio.

1933. Es noche cerrada en Berlín. Una fría noche como tantas otras, de no ser porque en las calles cercanas al Reichstag se respira el humo denso y caliente que producen las llamas que están devorando la sede del parlamento alemán. Pronto llegan los bomberos, alertados del incendio por los alarmados vecinos. No tardan mucho en llegar Hitler y Goering, dirigentes del NSDAP, que comprueban cómo la policía ha encontrado a Van der Lubbe, comunista holandés, en los alrededores del lugar de los hechos. Al día siguiente se declara el estado de emergencia y se promulga el decreto del incendio del Reichstag por el cual se suspenden varias libertades civiles y se proscribe y detiene a los comunistas y varios de sus líderes (que contaban con el respaldo del 17% de la población) En las elecciones de Marzo el partido Nacionalsocialista conseguiría la mayoría absoluta en la cámara de representantes.

2010. Mientras volvía a casa después de pasear por la playa, me detuve unos instantes junto al muro trasero de unos conocidos grandes almacenes, donde, perfectamente alineados suelen colocar los cubos de basura en los que se deshacen del excedente alimenticio del día. No me cuesta distinguir la espigada figura de un sin techo habitual al que suelo ver siempre que mis pasos me llevan a esa parte de la ciudad. Rebusca en los contenedores en busca de la cena y con suerte, el próximo desayuno. Ha sido rápido pues a no muy tardar, el lugar se verá repleto de gente como él: vagabundos, pensionistas, viudas, parados de larga duración... En ese momento todavía no lo se, pero mientras el sin techo espigado comprueba si un generoso tomate está podrido, en un canal de noticias, una conocida presentadora califica de terrorismo el que los controladores aéreos hayan declarado una huelga salvaje espontánea dejándola en tierra y privándola de la obra de teatro que iba a disfrutar en Londres en compañía de una ex-ministra del gobierno. Perdonad que no derrame una lágrima por ella. El actor principal de "La bella y la bestia" seguro que se deprime por no verla en primera fila, pero seguro que lo supera sin muchos traumas. Al fin y al cabo, el espectáculo debe continuar.

Al llegar a casa, con el sonido del televisor de fondo conecto a Internet. La red bulle de ira y rabia. Piden las cabezas de los responsables de que no hayan podido despegar en los aviones que les iban a llevar a sus destinos turísticos. El aparato está lleno de niños que iban a Disneylandia, vocifera a mis espaldas una señora, trabajadora de la banca. ¿Es que nadie piensa en los niños?  Casi al instante leo un comentario: "No hay derecho a que nos hagan esto, con lo que ganan esos sinvergüenzas..." Ahí está. No ha tardado en salir esa España cainita y miserable que prefiere la desgracia ajena al bien personal. Que sería capaz de dejarse cubrir de cadenas y caminar al paso de la oca siempre que el de al lado tuviera que llevar el doble. Que antes de exigir que se respeten sus derechos prefiere que recorten los de los demás.

"¿Que ganan 300.000 euros? ¿Y de mi dinero?" exclama sorprendido un viajero que arrastra demasiado las eses. Ah, pero un momento, con tu dinero se ha salvado de la quiebra al sistema bancario nacional. Si, esos que no te darían una hipoteca para comprarte una casa sobrevalorada cuyos beneficios irían a parar a un constructor amigo del alcalde de tu ciudad, que se deja invitar a copas servidas por ardientes mulatas, o a ese compañero de butaca en "La bella y la bestia" que ahora está en lucha contigo, codo a codo en la terminal 4 de Barajas, por vuestro derecho a volar. Esos bancos que en caso de concederte el dinero para pagar, no se apiadarían de ti si estuvieras pasando una mala racha; esos bancos que te quitarían el pisito, te embargarían la nómina y todos tus bienes hasta que tu sobrevalorada deuda estuviera pagada y que ante tus protestas se limitarían a decirte con una voz mecánica: Vuelva usted mañana.

Pasan las horas. Nadie se mueve. El presidente de la nación está desaparecido. Aparece el ministro de fomento rodeado de señores colocados a dedo que cobran de "tu" dinero y cuya incompetencia queda manifiesta en un comunicado vago e impreciso. Los ánimos se caldean y la gente pide al gobierno que actúe. "Que los metan en la cárcel" "Si yo me levanto de mi puesto de trabajo, me echarían". Ah, pero el gobierno ya ha actuado. No podrás jubilarte a los 67, por el momento, y eso si con suerte el sistema de pensiones estilo Ponzi no ha quebrado y te encuentras con 70 tacos sin ingresos y con la casa por pagar. Pero ey, no te preocupes, que te quiten lo bailado. Hasta entonces habrás podido llevar una buena vida, trabajando 50, 55, 60 horas semanales. Las que ellos decidan, cobrando un sueldo que te permitirá darte el lujo de que te corten las lonchas de jamón un poco más gruesas de lo normal, una vez por semana.

Pero aún está por llegar lo mejor. Dos de la mañana. Las madres siempre dicen que a esas horas de la madrugada solo están despiertos los delincuentes y la gente de mala vida. Y debe ser cierto porque estoy viendo por televisión al ministro del interior/vicepresidente/subdirector de Ikea comentando que si a las 9 de la mañana no se ha normalizado la situación, un consejo de ministros extraordinario decretará el Estado de alarma. El otro día vi una película de Denzel Washington con un título parecido, claro que el estado era de excepción. No será tan grave entonces. Me voy a dormir. Por si acaso aparece Bruce Willis sobre un tanque por la Castellana al día siguiente, que al menos me pille despejado.

Llega el momento. Las 9 han pasado, y luego las 10 y las 11. En los aeropuertos calma chicha. Se anuncia una rueda de prensa para el mediodía. Escucho en honor de los que acuden a Barajas, Fly me to the moon, del gran Sinatra. Espero que no se ofendan. Estaba entre La Voz y Lady Gaga. Cortan la programación habitual y aparece el subdirector de Ikea declarando el estado de alarma. El jefe del estado, de visita en Argentina desde donde ha firmado todo lo que le han puesto delante, incluso un autógrafo para un turista chino, y el presidente del gobierno están desaparecidos. Según la Wikipedia, que después de las filtraciones de Wikileaks me parece más de fiar que el BOE, el estado de alarma define que está legalmente permitido:

Suspensión de derechos
  • Limita la circulación o permanencia de personas o vehículos en horas y lugares determinados, o condicionarlas al cumplimiento de ciertos requisitos.
  • Practicar requisas temporales de todo tipo de bienes e imponer prestaciones personales obligatorias
  • Intervenir y ocupar transitoriamente industrias, fábricas, talleres, explotaciones o locales de cualquier naturaleza, con excepción de domicilios privados, dando cuenta de ello a los Ministerios interesados
  • Limitar o racionar el uso de servicios o el consumo de artículos de primera necesidad.
  • Impartir las órdenes necesarias para asegurar el abastecimiento de los mercados y el funcionamiento de los servicios y de los centros de producción afectados.

Esto me recuerda cada vez más al tercer episodio de una saga de películas de una galaxia muy muy lejana en la que sale un alienigena detestable que habla con lengua de trapo mientras vuela sobre un plato. Si hombre, esa en la que al final aparece un obrero con el casco negro de la rabia que le produce el conocer que el líder sindical del Imperio no le invitado a la mariscada del fin de semana.

En cualquier caso, los controladores no están para muchas películas. En caso de no acudir a sus puestos de trabajo podrían ir a la cárcel durante una cantidad indeterminada de años. No se de qué se preocupan si los violadores y asesinos entran y salen de allí como Pedro por su casa. Pero para muchos no debe ser agradable así que claudican y la normalidad vuelve poco a poco a los aeropuertos.

Y la gente se alegra de que de la noche a la mañana se aprueben decretos ley a toda velocidad mientras que para otras cuestiones el gobierno muestre una lentitud exasperante. Y la gente se alegra de que los militares tomen el control de un servicio público de buenas a primeras. Y la gente se alegra de que se siente un peligroso precedente según el cual todo aquel que ponga en aprietos al gobierno pueda ser militarizado y amenazado con prisión de no plegarse a determinadas condiciones. Mientras que se les permita ir a visitar Disnelylandia, recorrer las bohemias calles de centroeuropa o asistir al teatro en Londres, todo estará bien. Y así muere la democracia, con un estruendoso aplauso.


Cabreados, con ojeras, menos dinero y la boca cerrada, volarán al fin a su destino. A disfrutar de sus merecidas vacaciones. Yo no saldré hoy a pasear. Creo que he visto por la tele suficientes indigentes por una temporada.

Y así se comprueba, una vez más, que ya sea en 1812, 1933 o 2010, mientras el pueblo lucha por salir adelante, por buscar un pedazo de pan que llevarse a la boca, por buscar un alojamiento digno para sus hijos, mientras trata de sobrevivir, en definitiva, otros, la clase dirigente maneja entre bambalinas las marionetas de este inmenso teatro que es el mundo en su propio beneficio lanzando a las unas contra las otras, alejados del bien y del mal, del sufrimiento y el hambre. Eso es cosa nuestra, porque nosotros, personajes prescindibles de ese despiadado escenario, nosotros, somos sus esclavos.

Back to the future

¿1936? No, titular de la web de El Mundo a 3 de diciembre de 2010 a tenor de la "rebelión" de los controladores.

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