El Expreso a Thule
Esperando la llegada a la estación.
Todas las rotativas se habrán detenido en seco esta noche para poder plasmar en las páginas que imprimen la noticia de la que todo el mundo hablará mañana: ¿Quién demonios pensó que Lasa puede ser comentarista de televisión? Suerte que José Ángel de la Casa fue jubilado in extremis, pues juntos, el ex-jugador de Real Madrid y él hubieran formado el verdadero Dream Team de las retransmisiones deportivas; no por su profesionalidad superior a la media, sino por su capacidad de adormercer a los espectadores con su parsimonia y sus comentarios extraidos del libro de Perogrullo.
Pero me da que nadie hablará de este tema cuando el sol vuelva a salir anunciando una nueva jornada pre-estival, sino de la pitada y simultanea censura de la misma por parte de TVE. No hay mucho que decir del tema, sólo que me resulta curioso que algunos silbaran el himno que representa al tipo que está tirando petardos a veinte metros de mi casa para celebrar la victoria del Barça. Y yo no vivo en Vilanova i la Geltrú precisamente...
Pero me da que nadie hablará de este tema cuando el sol vuelva a salir anunciando una nueva jornada pre-estival, sino de la pitada y simultanea censura de la misma por parte de TVE. No hay mucho que decir del tema, sólo que me resulta curioso que algunos silbaran el himno que representa al tipo que está tirando petardos a veinte metros de mi casa para celebrar la victoria del Barça. Y yo no vivo en Vilanova i la Geltrú precisamente...
España ha ganado la Eurocopa (vaya novedad ¿eh?). El día de la final, el país se paralizó, las calles se vaciaron como si en cada una de ellas se dirimiera un duelo al sol y para calentar el ambiente, en mi casa el previo estuvo repleto de actividades relacionadas con el balompié: partidas al Super Soccer de Super Nintendo, pases de los capítulos más destacados de Oliver y Benji y la proyección de una de las mejores películas sobre el tema.Basta escuchar los primeros acordes de la banda sonora de Evasión o victoria, para darnos cuenta que nos encontramos ante una película alegre y optimista. Para mi, el mejor film antibelicista en un género repleto de sentimentalismos y moralina, en la que suelen aleccionarnos a no hacer la guerra porque causa muchas muertes y desgracias, como el alcohol, las aventuras extra matrimoniales y los programas del corazón.
Sin embargo, el mensaje de la película de Houston es que hay una vida que merece la pena disfrutar, en lugar de desperdiciarla masacrándose unos a otros.
Los protagonistas son unos hombres que se ven envueltos en la vorágine de la guerra, la cual en todo el metraje, no parece ir con ellos, entendiéndola más como un accidente que interrumpió sus carreras que como una lucha por la libertad, como se ve en la escena en la que renuncian a huir y continuar la lucha armada, para disfrutar del fútbol, motor de sus vidas y vencer a los germanos donde a ellos les gustaría: en el terreno de juego.
El reparto está cuajado de estrellas, tanto cinematográficas como futbolísticas, entre las que destacan el gran Pelé y Michael Caine. Como anécdota, en mis tiempos mozos corría el rumor de que el principal jugador del equipo alemán, era Jupp Heynckes, aunque en los títulos de crédito no aparecía su nombre. El parecido en cualquier caso, era asombroso.
Un oficial alemán, interpretado por Max Von Sydow, visita un campo de prisioneros donde se encuentra recluido una gran estrella del fútbol inglés (Michael Caine). El oficial le propone un partido entre soldados de la Wehrmacht y aliados, con el que aumentar la moral de ambos bandos. El inglés acepta y pronto el encuentro se convierte en un acto de propaganda nazi, que no saldrá como ellos piensan.
Especialmente notable es la escena en que Sydow, ante una magnífica chilena de Pelé que termina con el balón entre las redes, se levanta de su asiento para aplaudir efusivamente la jugada ante la sorprendida mirada de sus compañeros nacionalsocialistas.
La banda sonora es soberbia y acompaña perfectamente a la acción y en momentos como el citado gol de Pelé o el inicio de la segunda parte del partido, consigue poner los pelos de punta.
Hay que citar la simbologia que se esconde en el metraje. Así, a lo largo de los casi noventa minutos de proyección, podemos ver una descripción del comportamiento de los contendientes en la gran guerra según el punto de vista aliado. Los nazis, marrulleros y victoriosos hasta que los americanos (Stallone) e ingleses (Caine) con la ayuda de la Commonwealth (Pelé) les paran los pies. Los franceses a lo suyo, unos espectadores impavidos del conflicto unos y otros luchadores por la libertad con escasa relevancia; y por último, los nobles alemanes (Von Sydow) que luchan con honor y justicia por su país, a su pesar, bajo la bandera nazi. Historia mundial resumida en un cinta.
Un título recomendado también para seguidores de Stallone puesto que, para mi, hace una de sus mejores interpretaciones: la de Stallone intentando hacer como que juega al fútbol.
Termina el año. Mañana será el día del repaso, como bien podría bautizarse a todos los 31 de diciembre. Es tradición que quien más, quien menos, haga recuento de todo lo acontecido en meses anteriores.
Más allá de crisis y conflictos, este ha sido el año del deporte español, hasta Fernando Alonso, con un auto de choque, consiguió hacer un buen papel. Pero por encima de él, de los ciclistas, de las olimpiadas y de Nadal, ha habido un éxito que hizo vibrar a todo el país: la victoria en la Eurocopa.
Anoche vi un reportaje sobre la misma y me sorprendió la capacidad que aún tenían las imágenes para emocionarme, pese a que no soy muy futbolero.
El campeonato comenzó de la forma esperada. Los "expertos" daban favorita a Portugal, porque en el jugaba el maniquí de moda. Tras el descalabro luso, nadie volvió a sacar el tema.
La selección española deslumbró en el primer partido, como en el mundial de Alemania, y como ocurrió entonces, todos pensábamos que sería flor de primera fase y caeríamos a las primeras de cambio. Entonces llegó Italia.
España ganó la Eurocopa en cuartos de final. El resto fue un paseo. Aun así, podríamos haber sido eliminados por Rusia o los germanos, pero la alegría de la victoria hubiera perdurado frente a la derrota.
Fue un partido de nervios, de ocasiones falladas, alguna que otra jugarreta arbitral y un par de sustos, vamos, lo de siempre, hasta que se llegó a penalties. Para entonces, los nervios de todo aquel que hubiera permanecido delante del televisor, estaban destrozados. La presión sanguínea de muchos, subió a limites alarmantes, y si no hubo fallecidos, fue porque todos los aficionados con problemas de corazón, murieron tras el España-Corea de aquel mundial nefasto.
Algo de ventaja teníamos, no estaba Raúl en el campo.
Antes de la Eurocopa, yo era partidario de llevar al jugador del Madrid a la selección, no como titular obviamente, pero si como revulsivo por si algún partido se trababa más de lo necesario, al estilo Julio Salinas.
Claro que la España de Aragonés, no necesitaba de dichos revulsivos, así que se quedó en casa haciéndose las mechas con Guti. Eso evitó que marrara el penalti que de seguro, hubiera querido tirar.
Todos aguantamos la respiración, cuando Villa se acercó al balón. No falló, Grosso cumplió con su papel, Cazorla exorcizó el fantasma de Joaquín, Cardeñosa, Salinas y tantos otros, con un grito de profunda rabia; De Rossi se encontró con el ángel guardián del Madrid. Todos saltamos junto a él a por esa pelota mientras Camacho se dejaba la garganta celebrando la crucial parada. Senna hizo que hasta el más racista gritara "¡Vamos negro!", Camoranesi continuó con nuestra angustia y entonces llegó Guiza e hizo de Raúl. Todos temimos lo peor, otra vez las lágrimas de desconsuelo, la amargura de la derrota inmerecida, el clamar al cielo por la injusticia...
La cámara enfocó a Casillas, que se levantó con una expresión en su cara que parecía decir "Bueno, me toca salvar el día" y entonces supimos que lo iba a parar y Di Natale aún se pregunta por qué no disparó a la izquierda. Para finalizar, Cesc, la ilusión de todo un país en sus botas, un pedazo de alegría con el que olvidar por unos minutos la crueldad de la realidad en la que vivimos, la oportunidad del desquite, un símbolo de que todo puede conseguirse en esta vida. Con esas mismas botas, rubricó una victoria histórica. Un madrileño y un catalán habían hecho trizas la maldición de cuartos.
Todos los que sufrieron con Sandor Phul, con el fallo de Arconada, con el robo de Al Gandhur, con tantas y tantas injusticias y errores en los momentos más decisivos, se reconciliaron ese día con el fútbol.
Mucho se hablará en el futuro de este año, pero en mi recuerdo, siempre estará asociado a ese partido, a una casa, a esa noche...
Más allá de crisis y conflictos, este ha sido el año del deporte español, hasta Fernando Alonso, con un auto de choque, consiguió hacer un buen papel. Pero por encima de él, de los ciclistas, de las olimpiadas y de Nadal, ha habido un éxito que hizo vibrar a todo el país: la victoria en la Eurocopa.
Anoche vi un reportaje sobre la misma y me sorprendió la capacidad que aún tenían las imágenes para emocionarme, pese a que no soy muy futbolero.
El campeonato comenzó de la forma esperada. Los "expertos" daban favorita a Portugal, porque en el jugaba el maniquí de moda. Tras el descalabro luso, nadie volvió a sacar el tema.
La selección española deslumbró en el primer partido, como en el mundial de Alemania, y como ocurrió entonces, todos pensábamos que sería flor de primera fase y caeríamos a las primeras de cambio. Entonces llegó Italia.
España ganó la Eurocopa en cuartos de final. El resto fue un paseo. Aun así, podríamos haber sido eliminados por Rusia o los germanos, pero la alegría de la victoria hubiera perdurado frente a la derrota.
Fue un partido de nervios, de ocasiones falladas, alguna que otra jugarreta arbitral y un par de sustos, vamos, lo de siempre, hasta que se llegó a penalties. Para entonces, los nervios de todo aquel que hubiera permanecido delante del televisor, estaban destrozados. La presión sanguínea de muchos, subió a limites alarmantes, y si no hubo fallecidos, fue porque todos los aficionados con problemas de corazón, murieron tras el España-Corea de aquel mundial nefasto.
Algo de ventaja teníamos, no estaba Raúl en el campo.
Antes de la Eurocopa, yo era partidario de llevar al jugador del Madrid a la selección, no como titular obviamente, pero si como revulsivo por si algún partido se trababa más de lo necesario, al estilo Julio Salinas.
Claro que la España de Aragonés, no necesitaba de dichos revulsivos, así que se quedó en casa haciéndose las mechas con Guti. Eso evitó que marrara el penalti que de seguro, hubiera querido tirar.
Todos aguantamos la respiración, cuando Villa se acercó al balón. No falló, Grosso cumplió con su papel, Cazorla exorcizó el fantasma de Joaquín, Cardeñosa, Salinas y tantos otros, con un grito de profunda rabia; De Rossi se encontró con el ángel guardián del Madrid. Todos saltamos junto a él a por esa pelota mientras Camacho se dejaba la garganta celebrando la crucial parada. Senna hizo que hasta el más racista gritara "¡Vamos negro!", Camoranesi continuó con nuestra angustia y entonces llegó Guiza e hizo de Raúl. Todos temimos lo peor, otra vez las lágrimas de desconsuelo, la amargura de la derrota inmerecida, el clamar al cielo por la injusticia...
La cámara enfocó a Casillas, que se levantó con una expresión en su cara que parecía decir "Bueno, me toca salvar el día" y entonces supimos que lo iba a parar y Di Natale aún se pregunta por qué no disparó a la izquierda. Para finalizar, Cesc, la ilusión de todo un país en sus botas, un pedazo de alegría con el que olvidar por unos minutos la crueldad de la realidad en la que vivimos, la oportunidad del desquite, un símbolo de que todo puede conseguirse en esta vida. Con esas mismas botas, rubricó una victoria histórica. Un madrileño y un catalán habían hecho trizas la maldición de cuartos.
Todos los que sufrieron con Sandor Phul, con el fallo de Arconada, con el robo de Al Gandhur, con tantas y tantas injusticias y errores en los momentos más decisivos, se reconciliaron ese día con el fútbol.
Mucho se hablará en el futuro de este año, pero en mi recuerdo, siempre estará asociado a ese partido, a una casa, a esa noche...
Si no se te ponen los pelos como escarpias, ¡es que no eres español! (o no te gusta el fútbol vaya)
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