¿Para qué volver?

Hace casi un año de la última entrada. Creí que era más reciente pero el tiempo pasa tan rápido que es más que probable que sea así. Al fin y al cabo las máquinas no se equivocan nunca, menos la del tuit ese del Roomba y los excrementos del perro esparcidos por el suelo del apartamento del dueño.

Algunos se preguntarán qué fue de mí en todo este tiempo, así que como me debo a mi querido público, vengo a contar que seguí en Twitter, puede que no me deje ver mucho por mi cuenta principal pero actualizo otras tantas con más o menos frecuencia, al igual que las dos cuentas de Instagram que abrí y un par de blogs alternativos a este que me consumen mucho tiempo.

Y en esas el otro día entré sin querer a Blogger...

Fue entonces cuando vi los meses que hacía que no publicaba nada nuevo y lo abandonado que parecía todo. Así que me dije: El blog no puede quedar así para siempre, con un post haciendo un llamamiento que se estudiará en la Sorbona islámica del futuro. Tras pensarlo mucho me decanté por este gran tema musical de nuestro tiempo, que me sirve además, a escasos días del 14º aniversario del blog, para desearos felices fiestas.



Macauly Culkin Forever
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Manifiesto por la despreocupación artística

Siempre he pensado que en el campo de las artes no tiene sentido el maniqueísmo simplista de lo bueno y lo malo, simplemente hay cosas que te gustan y cosas que no, las cuales no siempre encajan con la manufactura técnica con la que han sido llevadas a cabo.

Es por ello que aunque entienda el afán por acercarse a la perfección a la hora de crear una obra, no veo por qué hay que denostar o incluso olvidar en un cajón todo aquello que no alcanza unos mínimos estándares de calidad, entendiendo esta como la aproximación más cercana al virtuosismo metodológico.

Se dice que el arte debe transmitir sensaciones o al menos un mensaje. ¿Debe? ¿Acaso no basta con el simple deseo del creador de expulsar de su imaginación aquello que no deja de ocupar su atención? ¿Debe amoldarse a unas reglas establecidas quién sabe por quién y por qué? ¿Por qué gastar tiempo y energía en tratar de moldear su obra para que encaje en lo aceptado?

Es curioso cómo en la época narcisista por excelencia, el respeto hacia los cánones artísticos, custodiados por la crítica "especializada", solo ha saltado por los aires (de forma generalizada) de manos de los creadores de vídeo en YouTube, aunque por una motivación más prosaica que la mera expresión de sus ideas, como puede ser las ansias por ganar dinero a toda costa.

Animo a todo el mundo a que se libere de las cadenas de la autocrítica, y dé rienda suelta a su expresividad, a su imaginación, sin estar constreñidos por la necesidad vana e inalcanzable de una supuesta calidad.
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