Alguien ha mordido a un perro

Tengo la malsana costumbre de curiosear mi TL en Twitter recién despertado de una reparadora siesta. Esto hace que mis niveles de atención y mi criterio se desparramen por los suelos y pinche en enlaces de dudoso gusto y escasa utilidad. Es por ello que cuando vi un tuit de Euronews Español que rezaba: "Palillos de dientes en los asientos del autobús", ilustrado con la imagen de un asiento (podría ser de tren, eso sí) asaeteado por mondadientes, me zambullí de cabeza en el artículo sin pensármelo demasiado, por no decir nada.

En plena moda de la "turismofobia", esperaba encontrar la adopción de las tácticas del Vietcong por parte de los grupos de protesta o de la CUP (más cercanos a los vietnamitas de décadas ha), en su lucha contra el turismo masivo y los nacionales de Italia, que ya está bien con la tontería de las manos. Una chorrada de noticia, sí, pero de cierto interés por la presumible escalada del conflicto, y de cierto servicio público para el viajero que vaya a visitar la ciudad condal en un futuro cercano.

Cual fue mi sorpresa, recordemos que era un artículo, proveniente de un tuit de Euronews ESPAÑOL, y no lo pongo en mayúsculas por fervor patrio sino para que enfatizar el hecho, que conste, cuando, leyendo el primer párrafo de la nota, descubrí que el suceso había ocurrido en Indonesia. Un señor de 60 años que se aburría mucho, se dedicó a clavar afilados palillos ¡en Indonesia! Que a saber por donde queda eso, pero me da que en Eurovisión no participa, ni siquiera en los cuartos de final.

No estoy en contra de que se informe sobre lo que acontece en otros países aunque sea desde un medio enfocado a una determinada región, faltaría más, aunque leer chorradas en sitios supuestamente serios me hace torcer el gesto, pero por lo menos podrían especificar dónde ocurre.

¿Qué es lo que pasa? Primero que es verano, y como los temas importantes no se pueden tratar porque el dinero manda y los juntaletras también tienen que comer, se ven obligados a buscar material para rellenar el gaznate de los ociosos ciudadanos que acuden a sus medios para sentirse medianamente informados con una retahíla de historias que ni siquiera ellos creen pero que acallan sus conciencias por un rato, esa que les dice que el iceberg ha hecho una grieta en el casco y que aunque toque la banda viejos valses vieneses, algo no va bien. Lo segundo es que por mucho que el espíritu crítico de sus lectores raye la indecencia moral, tienen que competir por su atención con los cuerpos semidesnudos de la gente que les rodea, con las cervezas, el fútbol de verano, las drogas y demás opciones de ocio estival. Normalmente se suele echar mano de un cebo, pero con noticias tan chorras como la mencionada, es imposible generar uno, como mucho obtendrás comentarios tipo "ya podría clavárselos en los testículos" y pasarán al siguiente tuit. Por ello tienen que refinar hasta el límite de la profesionalidad los titulares de las noticias. Y por eso omiten la procedencia de la gamberrada, que se viene haciendo, que tenga constancia, desde que yo estaba en 3º de EGB (y yo soy un señor provecto ya), porque a nadie en su sano juicio le interesa saber que un viejo malayo, en lugar de mirar obras, se dedique a estas gilipolleces. Lo próximo será leer: "Le tira un moco en el plato de sopa que iba a cenar", y cuando entres en la noticia, que haya ocurrido en Rhodesia.

Semejante técnica la vi no hace demasiado en otro tuit, del periódico El País, en el que se podía leer: "La fiscal general es destituida", y a continuación el enlace a dicho artículo. Claro, pinchas y te enteras de que habían dado la patada a la fiscal general de Venezuela. El País, diario independiente de Venezuela. Lo de "independiente" lo dejo para completar el chiste. Es esta la única manera de que el lector se preocupe por lo que ocurre en el país sudamericano. No le importa lo que le pase al vecino, le va a preocupar lo que pase allí. Cristal hace mucho que dejó de emitirse. Vemos que esta técnica de redacción puede servir tanto para el marrullerismo económico como para la propaganda.

Para que luego digan que Internet está matando a los medios tradicionales, si no fuera por las posibilidades de engaño que la Red les ofrece hubieran desaparecido hace tiempo. Ya nadie busca información y el número de los que buscan adoctrinarse en su ideología no es suficiente para mantenerlos a flote.

Instagram

Recientemente he abierto una cuenta en Instagram. En realidad, ya la tenía desde hacía meses pero decidí darle un nuevo enfoque y... en fin, no os voy a contar aquí mi vida. Sin embargo, tras varios días de actividad en dicha red social, he llegado a varias conclusiones que si que vais a tener que leer porque algo tengo que escribir. También os podríais haber ofendido por estas palabras y decidir no leerlo, pero, ¿y si es todo una trampa y en realidad hablo de las famosas con las que me he enrollado? Veamos...

. La gente pasa como el culo de Instagram los fines de semana. Perdonad el lenguaje florido pero acabo de ver el cuarto episodio de la séptima temporada de Juego de Tronos y me he venido arriba. Es un caso curioso, algo que se supone diseñado para rellenar nuestros momentos de asueto es usado en horario de oficina. En Twitter pasa lo mismo, y en Facebook. "Es que yo lo uso para buscar información para el trabajo y por eso los fines de semana no entro", dirá alguno. Los cojones. Cualquier excusa es buena para no trabajar. Eso con los blogs no pasa porque... están muertos.

. Nadie lee los textos que acompañan a las fotos. Lo único válido son los hashtags con los que hacer más visibles nuestras fotografías. La palabra ha muerto como medio de expresión. ¡Larga vida a la foto del desayuno! En una foto puse que me gusta la pizza con piña y la tortilla sin cebolla y aún así recibí varios likes. Claro que puede que la broma esté más quemada que una caja fuerte que albergue los papeles de la Gurtel. Además la foto era de un plato de croquetas. Este experimento no me lo aceptarían en la Royal Society, desde luego.

. Hablando de favs, likes o como demonios se llame la muestra de aceptación de las aportaciones por parte de la comunidad. Son tan adictivos como la comida china, y casi diría que más. En cuanto recibes un par, algo se activa en el núcleo del placer del cerebelo y quieres más y más. Hasta que una tarde te descubres refrescando la pantalla de interacciones cada segundo y llamando hijos de puta a todos aquellos que no saben apreciar tu arte. Desconozco si en otras redes sociales el sentimiento es el mismo porque nunca se ha dado la circunstancia de que a más de dos personas les haya impresionado tanto algo que haya dicho o hecho como para demostrarlo con un complejo click de su ratón o un esforzado tap de su dedo.

. Otra cosa que he percibido es que hay muchas tetas, de las artísticas, sin pezones, porque en Instagram son unos mojigatos y piensan que sin pezón no hay teta y sin raja no hay culo. Eliges a una joven IT girl y ahí lo tienes, curvas peligrosas en su máximo esplendor. Ojo que no me quejo, más bien al contrario. Ya era hora de que se normalizara esa parte del cuerpo humano. Eso sí, las pajas me las sigo haciendo igual.

. No te deseo ningún mal pero ojalá en tu grupo de amigos tengas un fan de las Stories. Una de las razones por las que me alegra no tener amigos a los que pueda ver con asiduidad es que no tengo que soportar que alguno de ellos se dedique a grabar todo lo que acontezca en nuestras reuniones. Como no nos solemos ver en persona por un espacio de meses o incluso años, cuando nos juntamos a ninguno se le ocurre sacar el móvil siquiera. Es motivo de anulación de amistad instantánea. Por cierto que una vez le toqué con el codo sin querer el culo a la señora que hacía de la mujer del Fary en Menudo es mi padre. No fue una relación sexual, qué duda cabe, pero yo disfruté mucho. Tengo el codo muy sensible.

Con todo, el nivel de adicción de estos fans  no llegará jamás a los niveles de...

. La gente que vive para subirlo todo a Instagram. Los reyes del postureo, el equivalente humano a una cáscara de nuez vacía. Un muñeco de esos que prueban los airbags de los coches vive más que estas personas que han hecho de la cámara, o el móvil, una extensión de su brazo. Son los primeros humanoides biónicos. Interpretan la realidad a través de la lente fotográfica, la cual les sirve de nexo social con otros miembros de su subespecie. Creo que se aparean frotando los palos de selfie. Por suerte son estériles y en una generación la tontería se quitará. Hasta entonces habrá que aguantarles haciendo fotos de las cosas más insospechadas: la risa de un abejorro, el miedo de una servilleta o un pezón pero sin teta.

. Esto no tiene mucho que ver con el tema, pero mientras procrastinaba antes de corregir el post, para lo que ha servido..., acabo de descubrir que las vaginas se pueden deprimir. Hay que ver el cuerpo humano... En cualquier caso, ¿qué decimos sobre eso en esta casa? Not today.

La señora del tupper

Las circunstancias de la vida y el miedo a volar me han hecho asiduo de las estaciones de tren, en concreto las de Atocha y Chamartín, sitas en la capital del Reino, de visita obligatoria si quieres ir a cualquier otro lugar de España gracias al centrismo ferroviario que aún domina este país y del que se está desperezando a marchas forzadas.

Es frecuente que deba pasar las horas del almuerzo esperando en ellas algún tren, por lo que suelo comer en las salas de espera, siempre carentes de asientos libres, lo cual provoca una lucha soterrada y carreras disimuladas entre los usuarios de la estación. Y no hablaré de los HIJOS DE PUTA que "sientan" a sus maletas, no vayan a coger un resfriado si tocan el suelo, porque no quiero exaltarme. ¡BASTARDOS HIJOS DE PERRA!

Me encontraba el otro día en Atocha degustando un jugoso bocadillo de tortilla de patatas, cuando, para distraerme, procedí a inspeccionar los rostros de aquellos viajeros que me rodeaban. En qué mal momento lo hice, pues en el mismo instante en que levantaba la vista de la mezcla divina de patata y huevo, mi mirada se cruzó con la de una señora que me contemplaba como si fuera un pastel de manzana enfriándose en el alféizar de una granja de Missouri. Era la mirada del hambre, del ansia irrefrenable, de la desesperación ardiente y el deseo inextinguible... la mirada de los mil cochinillos.

La pobre señora se encontraba algo lejos de mi asiento y además calibré su respuesta al ver que me acercaba con la pechera cubierta de migas, el bocadillo en una mano, una coca cola rebosante en la otra, y una franca sonrisa. Bien podría haberme devorado allí mismo o gritado histérica en busca de la policía; ambas opciones nada deseables, así que decidí no ofrecerle un pedazo de tortilla. Espero que esa buena señora encontrara a alguien que la alimentara y no muriera de inanición.

Para evitar experiencias similares, terminé de comer enfocando la vista en los trenes que languidecían en las vías, como serpientes de metal adormecidas que solo revivirían tras engullir a la masa humana que se agolpaba, cansada, frente a ellas.

Cuando el último bocado del bocata traspasó mis fauces, creí oír un lamento lejano; el rugido de millares de estómagos clamando por un pedazo de pan. No me atreví a mirar hacia donde se encontraba la señora de antes. A veces es mejor no saber.

Aún me quedaba media hora antes de embarcar, así que como no tenía otra distracción, me dispuse de nuevo a observar a mis congéneres. Miré en la dirección contraria a donde se encontraba la novia de Galactus. La estampa que me encontré no era menos aterradora.

Otra señora, y no es que me fije solo en ellas y obvie de mi campo visual todo aquello que tenga rabo, que también, abrió un tupper con avidez, dispuesta a darse a la pitanza, como la hora lo requería. Cual fue mi sorpresa, cuando del tupper no sacó una cucharada de lentejas, un puñado de croquetas o un filete empanado acompañado de sus correspondientes patatas, sino.. ¡galletas de chocolate!

Y ojo que no es la primera, ni será la última, persona a la que he visto con semejante platillo. Hay mucha gente que decide portar sus preciadas galletas en tuppers gigantes. A ver, que puedo entender que no quieran que se queden manidas o se despedacen en el traquetreo del viaje, pero yo las he llevado envueltas en papel de aluminio siempre y han llegado como recién sacadas del paquete a su destino.

Estuve tentado de preguntarle el por qué de semejante empaquetado: ¿precaución? ¿paranoia? ¿una promesa? ¿estupidez? ¿extravagancia?, pero los altavoces anunciaron la salida de mi tren en escasos minutos y tuve que salir corriendo. Había pasado 23 minutos viendo a una mujer comer galletas, y ni siquiera se las metía enteras en la boca.

En busca de Pedro Sánchez

PRIMER ACTO

UNA HABITACIÓN CON UNA CAMA DE MATRIMONIO EN LA QUE UNA
PAREJA VE LA TELE.

Se escucha una voz en off.

                      PRESENTADORA
          El otrora líder socialista prepara
          el asalto a la dirección del
          partido por segunda vez, apoyándose
          en sus bases, toda vez que la
          cúpula dirigente maniobró para
          destituirle de la secretaría
          general el pasado mes de febrero.
          Para ello, ha decidido recorrer
          toda España para hablar con los
          militantes y recabar sus votos en
          la próxima asamblea del PSOE que
          tendrá lugar a finales de mayo.
          Comenzará con su gira el próximo
          viernes con una visita a Soria...

                      RICARDO
          Hoy es jueves, ¿verdad?

                      ANA
          Creo que sí.

                      RICARDO
          ¿Tienes algún calendario a mano?

                      ANA
          No. De todas formas, estamos de
          vacaciones. ¿Qué más da? (con voz
          seductora) ¿Acaso quieres saber el
          tiempo que llevamos en el séptimo
          cielo?

                      RICARDO
                (sonríe y se abraza a
                 ella con fuerza) No me
                 hace falta. Contigo el
                 tiempo que nos queda por
                 delante es demasiado
                 poco y el tiempo que
                 pasamos juntos es toda
                 una eternidad. Es que...
                 He pensado que estamos
                 al lado de Soria.

                      ANA
                 ¿Y?
         
                      RICARDO
          Lo acabas de escuchar. Pedro
          Sánchez estará allí.

                      ANA
          (Extrañada) ¿Quieres que vayamos a
          verle?
         
                      RICARDO
          Me alegra saber que pensamos lo
          mismo.

                      ANA
          A ver, no te equivoques. No tengo
          nada contra él...

                      RICARDO
          Además es guapete.

                      ANA
          Además es guapo, aunque eso no sé
          muy bien a qué viene. Te decía que
          si me lo cruzara por la calle no le
          escupiría a la cara ni le
          insultaría pero de eso a chuparme
          hora y media, o dos, en coche para
          verle caminar entre el gentío, pues
          hay un mundo.

                      RICARDO
          Pero estaría curioso. ¿Cuántas
          veces tendrás la oportunidad de
          estar junto a un secretario general
          del Partido Socialista Obrero
          Español? No se dejan prodigar mucho
          en público. Tenemos que aprovechar
          la ocasión.

                      ANA
          En primer lugar es un (remarcándolo
          mucho) ex secretario general. En
          segundo lugar, tú siempre te has
          reconocido como una persona
          apolítica. Y en tercer lugar, me
          dijiste que iríamos a la playa.

                      RICARDO
          Apolítico a mi pesar, o si quieres
          que sea más preciso, más bien soy
          apartidista, si es que existe ese
          término. No me veo con ganas de ser
          parte de un proceso en el que
          participan exclusivamente
          formaciones que no representan mis
          ideales. Además, han dado lluvia
          para todo el fin de semana.

                      ANA
          Funda entonces tu propio partido.

                      RICARDO
          No te creas que no lo he pensado
          alguna vez. Nunca te lo había
          dicho. Espero que no te importe.

                      ANA
          Si todo lo que me tienes que
          ocultar es eso, puedo respirar
          tranquila.

                      RICARDO
          Palabra de joven promesa
          parlamentaria.

                      ANA
          ¿Y cómo se llamaría tu plataforma
          de lanzamiento hacia el sillón
          presidencial?

                      RICARDO
          Lo he pensado mucho y creo que no
          podría encontrar nombre mejor
          que... ¿Estás atenta?

                      ANA
          Soy toda oídos.

                      RICARDO
          Allá va, ¿eh?... ¡Putas y barcos!

                      ANA
                (silba) Un nombre que
                 deja a las claras su
                 línea ideológica. Tengo
                 la sensación de que
                 lograrías arrastrar a
                 gran parte del
                 electorado pro sistema.
         
                      RICARDO
          ¿Y eso es malo? Si son dirigidos
          hacia mi persona, no me importa de
          quién provengan los votos: obrero o
          banquero, masón o putero. Cuantos
          más, mejor.

                      ANA
          (A medio camino entre la ironía y
          la burla) Ardo en deseos de que
          lleguen las próximas elecciones
          para correr hacia el colegio
          electoral e introducir mi papeleta
          con tu nombre en la urna, de forma
          muy sucia.

                      RICARDO
                (ríe) Nada me gustaría
                 más... Pero no. Tengo
                 más de Josué que de
                 Moisés. Que sea otro el
                 que guíe a mi pueblo. Yo
                 no valgo para las
                 intrigas de salón y las
                 puñaladas de terciopelo.
         
                      ANA
          Lo tuyo es criticar a los poderes
          fácticos sin involucrarte demasiado
          en sus acciones. Por eso me extraña
          tu repentino interés por dar la
          mano a Ken.

                      RICARDO
          ¿A quién?

                      ANA
          Ya sabes, Ken Sánchez. ¿No te
          acuerdas de cuando le llamaban así
          durante las elecciones?

                      RICARDO
          Primera noticia que
          tengo.(Mirándola extrañado) Nadie
          le ha llamado así nunca.

                      ANA
          Pues en algún lugar he debido de
          oírlo porque a mí no se me hubiera
          ocurrido tamaña chorrada.

                      RICARDO
          En fin, tanto da. En cualquier
          caso, piénsalo, todo son ventajas.
          Nos movemos del pueblo, que siempre
          me estás diciendo que no salimos de
          la cama más que para comprar el
          pan, y los dos somos celíacos.

                      ANA
          Eso es cierto. Bueno, lo de la
          celiaquía en tu caso no sé. Sigo
          pensando que simplemente eres
          gilipollas.

                      RICARDO
          Segundo, sería una especie de
          excursión, una aventura que contar
          luego a los amigos o a nuestros
          nietos.
                      ANA
          En caso de que decidamos tener
          hijos. No es nada seguro, te lo
          recuerdo.

                      RICARDO
          Sí, sí. Era una forma de hablar. Y
          tercero, podemos aprovechar y
          grabarlo todo para subirlo luego a
          mi canal de Youtube.

                      ANA
                (Sorprendida)¿Tienes un
                 canal de Youtube? Qué
                 callado te lo tenías.

                      RICARDO
          Es reciente. Me registré hace un
          par de meses.

                      ANA
          ¿Y cómo se llama?

                      RICARDO
          Esas cosas no tienen nombre. La
          gente me sigue por mi nick:
          Elricardus.

                      ANA
                (Ríe estrepitosamente)
                 Ricardo, hijo, la
                 pitopausia te está
                 afectando con muchos
                 años de antelación.

                      RICARDO
          Ríete pero tengo ya 348 seguidores.

                      ANA
          ¿Tantos? ¿De qué tratan tus vídeos?
          (se pone seria de súbito) ¿No
          habrás subido vídeos de mí
          durmiendo... O algo peor?

                      RICARDO
          En ese caso los suscriptores se
          contarían por millones, mi amor.

                      ANA
          También es verdad.

                      RICARDO
          Me grabo jugando a la consola, con
          gritos esporádicos y a veces finjo
          sorprenderme con lo que veo en
          pantalla. Ya ves, yo, que tengo el
          culo pelado de jugar... Pero bueno,
          eso no importa. La idea sería hacer
          un video-diario de nosotros en
          nuestro viaje hacia Soria.

                      ANA
          Pero yo no quiero salir. Para que
          luego me reconozcan por la calle
          como la mema que siguió a su novio
          en un viaje absurdo a través de
          Castilla en pos de un señor al que
          Pablo dijo no. Sería una buena road
          movie si la rodara Terry Gilliam.

                      RICARDO
          No tienes por qué aparecer en
          ningún plano, aunque quizá se te
          escuche de fondo cuando hablemos.

                      ANA
          Vale, tú ganas. Pero la próxima
          salida es a la playa, ¿eh?

                      RICARDO
          Entonces, ¿hacemos las maletas y
          nos vamos en busca de fortuna y
          gloria?

                      ANA
          Tampoco te emociones, que Soria
          está ahí al lado como quien dice.

                      RICARDO
          No tenía ni idea.

                      ANA
          ¿Es que no enseñan Geografía en el
          sur?

                      RICARDO
          No sabría decirte, yo me iba a la
          playa.

                      ANA
          Seguro que a ligar con suecas.

                      RICARDO
          Cómo me conoces...

Ricardo se lanza sobre Ana y comienzan a besarse. Fundido a
negro.

SEGUNDO ACTO

LA SALA DE ESTAR DEL PISO DE RICARDO Y ANA. ESTÁ A OSCURAS.
NO HAY NADIE. LA PUERTA SE ABRE Y LA PAREJA ENTRA. ENCIENDEN
LA LUZ. ESTÁN VISIBLEMENTE CANSADOS.

Ricardo y Ana se quitan los abrigos y los cuelgan de un
perchero.

                      ANA
          Cariño, ¿sabes la de veces que te
          he pedido que vayamos al Ikea y la
          de excusas que me has dado siempre
          para escaquearte?

                      RICARDO
          No eran excusas, es que simplemente
          nunca se han dado las
          circunstancias óptimas para ir a
          mirar muebles.

                      ANA
          Lo que sea, pero que sepas que
          después del día de hoy, o me
          acompañas el fin de semana que
          viene a mirar el armario para el
          cuarto de invitados o pido el
          divorcio.

Ricardo se acerca juguetón a Ana. Ella le rechaza y se
sienta en el sofá, lo cual hace también su pareja.

                      RICARDO
          Pero amor mío, si no estamos
          casados, ¿cómo te vas a divorciar?

                      ANA
          No te me hagas el imbécil, que se
          te da muy bien para según qué
          cosas.

                      RICARDO
          Vamos, mujer. Ahora me dirás que no
          te lo has pasado bien.

                      ANA
          Uy, sí. De maravilla. Dieciséis
          horas en coche por carreteras
          regionales en el sábado invernal
          más caluroso desde que se inventó
          el calendario. Y por cierto, mira
          que te he dicho veces que arregles
          el aire acondicionado del coche.

                      RICARDO
          ¿Para qué? Si bajando las
          ventanilllas ya entra el fresquito.

                      ANA
          Para fresquito el de tu p...

                      RICARDO
          Ya sé lo que te pasa. Estás molesta
          porque aquel pastor te dijo que
          estabas plana.

                      ANA
          No es eso. Aunque no sé a qué vino
          ese comentario.

                      RICARDO
          La proverbial sinceridad de los
          hombres de campo.

Ana mira furiosa a Ricardo. Cruza brazos y piernas. No dice
nada. Se queda mirándolo durante unos instantes, tras los
cuales aparta la mirada.

                      RICARDO
          Era broma, cariño. ¿Cómo vas a
          estar tú plana con esos cántaros de
          miel que a mi me sulibeyan?

                      ANA
          ¿Y por qué no le dijiste nada?

                      RICARDO
          Todavía no nos había dicho por
          dónde quedaba el prado donde estaba
          dando el mitin Pedro.

                      ANA
          Para lo que sirvió... Yo creo que
          aquel paleto vio tu cara de pánfilo
          y reconoció a un igual. Y pese a
          ello, nos mandó al descampado
          equivocado.

                      RICARDO
          Creo que parte de culpa es mía. Con
          tanta rotonda me lío con las
          salidas. Lo que para un hombre es
          la tercera, para otro es la
          segunda.

                      ANA
          Y menos mal que nos llevamos la
          cámara sin batería. Si llegamos a
          grabar algo hubiéramos tenido que
          pagar a Youtube para que nos viera
          alguien.

                      RICARDO
          Ya es mala suerte. Y yo que
          esperaba conseguir el éxito y el
          respeto de los youtubers con la
          narración de nuestro viaje...

                      ANA
          ¿Quién querría ver diez horas de
          labriegos rascándose la cabeza, de
          vueltas y vueltas a las rotondas
          castellanas y las cuatro horas que
          estuvimos parados en la estación de
          servicio porque te quedaste
          encerrado en el baño?

                      RICARDO
          Si hubiera grabado lo que vi allí
          dentro, sería firme candidato al
          Oscar. Y con lo demás, un poco de
          montaje y tendríamos entre manos el
          Apocalypse Now español.

                      ANA
          El mundo llorará esa pérdida. (Se
          levanta, algo más animada) En fin,
          dejemos el asunto. ¿Qué hacemos
          mañana?

                      RICARDO
          Verás... Había pensado...

                      ANA
          No me gusta cómo suena eso.

                      RICARDO
          ¿Y si vamos a Burgo de Osma?

                      ANA
          Esa mujer te estaba tomando el
          pelo, Ricardo.

                      RICARDO
          ¿Cómo puedes dudar de la palabra de
          una farmacéutica? Si dice que Pedro
          se reunirá con los militantes allí,
          yo la creo.

                      ANA
          No pienso hacer el canelo más, al
          menos en lo que queda de mes.

                      RICARDO
          Pero amor...

                      ANA
          He dicho que ni hablar. Si quieres
          ir detrás de un hombre, conmigo no
          cuentes. Y mira que yo soy muy
          liberal pero me suena raro hasta a
          mí.

                      RICARDO
          ¿Voy a tener que ir solo entonces?

                      ANA
          Pero vamos a ver, ¿qué te ha dado a
          ti con Pedro Sánchez? Si es un
          inútil que no ha sido capaz ni
          de... De nada. Es que no vale ni
          para hacer chistes. Es una nulidad,
          un cero a la izquierda, el signo
          más en un número positivo, la pera
          en una macedonia de frutas...

                      RICARDO
          ¿Es que no lo ves? Es aquel al que
          esperan los militantes, el elegido,
          el que traerá el equilibrio a la
          izquierda.

                      ANA
          Y la llevará al centro. Como
          Isidoro.

                      RICARDO
          Eso me ha dolido. ¿Sabes qué? Me
          voy a ir ya. De noche se conduce
          mejor.

                      ANA
          ¿No te llevas la cámara?

                      RICARDO
          No tengo tiempo de cargar la
          batería. Dicen que han visto el
          coche de Pedro en la nacional 122 a
          la altura de Calatañazor. Con
          suerte llegaré poco después de
          él.(Se acerca a una mesa y coge el
          móvil)

                      ANA
          (Mientras se marcha Ricardo, que no
          la escucha) ¿Pero quién te lo ha
          dicho si solo estamos nosotros dos?
          (hablando para sí misma) Al menos
          esta vez se ha acordado de coger el
          móvil.

Cae el telón sobre el escenario.

TERCER ACTO

LA SALA DE ESTAR DEL PISO DE ANA Y RICARDO. ESTÁ
ATARDECIENDO. EL SOL CREPUSCULAR SE CUELA POR LA VENTANA.

Ana, con ropa veraniega, está limpiando mientras escucha la
radio.

                      VOZ DE LA RADIO
          Y en el plano político, mañana dará
          inicio el congreso socialista en el
          que los militantes del PSOE
          elegirán al que será su nueva, o
          nuevo, secretario general.

Llaman a la puerta.

                      ANA
                (Mirando a un reloj que
                 hay colgado) ¿Quién
                 será? Es demasiado
                 pronto para que haya
                 vuelto. (Abre la puerta
                 y entra Ricardo)
         
                      RICARDO
          ¡Ana, cariño! (se abalanza sobre
          ella. La abraza. Ella se ha quedado
          helada. Cuando intenta besarla,
          ella le aparta)

                      ANA
          (Visiblemente sorprendida, turbada)
          Ricardo... Qué sorpresa... ¿Qué
          haces aquí?

                      RICARDO
          Vivo aquí, ¿no? (sonríe)

                      ANA
          Pero, ha pasado...

                      RICARDO
          Lo sé, y lo siento mucho. He estado
          fuera varias semanas y no he dado
          señales de vida, pero se me cayó el
          móvil en una alberca de Cabrejas
          del Pinar y no hubo manera de
          sacarlo. (Se sienta en el sofá) No
          te puedes imaginar por todo lo que
          he pasado. (Ana se sienta,
          incómoda, mirando a su alrededor)

                      ANA
          No termino de hacerme a la idea de
          que estés aquí.

                      RICARDO
          Pero lo estoy, amor. Lo logré.
          (sonríe como un maníaco) Creías que
          no lo lograría pero lo conseguí.

                      ANA
          No sé a qué te refieres.

                      RICARDO
          Será verdad...

                      ANA
          Ah, ya. ¿Viste a Pedro Sánchez?

                      RICARDO
          No solo lo vi. Fue mucho más que
          eso. (sacude su cabeza) Pero déjame
          que te cuente desde el principio.
          No te voy a engañar. Después de
          marcharme de casa estaba muy
          enfadado. Quería que me
          acompañaras, que compartieras mi
          pasión, pero durante las solitarias
          horas que estuve conduciendo
          mientras escuchaba Hablar por
          hablar, hice las paces conmigo
          mismo y comprendí que no podía
          arrastrarte contra tu voluntad. Me
          encontraba en un viaje iniciático
          en el que pretendía encontrar la
          razón de mi existencia.

                      ANA
          A ver, Ricardo, échame el aliento.

                      RICARDO
          Minutos después de que amaneciera,
          con el sol despuntando tras unos
          montecillos que se recortaban en el
          horizonte y que servían de fondo al
          lienzo que formaban las abigarradas
          casas del pueblo, llegué a Burgo de
          Osma. Con los jilgueros aún
          desperezándose, me adentré en el
          centro de pueblo y aparqué junto a
          un bar. Necesitaba despejarme y
          comer algo, porque desde el
          sandwich de pavo que comimos la
          tarde anterior no había probado
          bocado, así que entré a tomarme un
          pincho de tortilla y un café. Con
          la tortilla no tuve suerte porque
          la cocina estaba cerrada, pero el
          café doble me despertó para el
          resto del día. Era un café negro,
          puro, sin los edulcorantes de
          ciudad propios de gentes
          refinadas...

                      ANA
          Todo eso está muy bien, pero
          ¿podrías saltarte los detalles? Es
          que tengo prisa.

                      RICARDO
          Está bien. Ya te contaré más tarde
          la historia de la tortilla y el
          descuartizador de Palencia. A lo
          que iba, ya con el estómago lleno y
          el ánimo que ello conlleva, le
          pregunté a una señora que iba al
          mercado si sabía dónde podría
          encontrar la Casa del Pueblo del
          PSOE. Cuando la buena mujer me dijo
          que la habían quemado los
          nacionales en el 37 se me heló la
          sangre. Estaba en territorio de la
          derecha. Corrí hacia el coche y
          salí como alma que lleva el diablo.
          Por suerte puse la radio...

                      ANA
          ¿No podrías abreviar un poco?

                      RICARDO
          ¿Qué prisa tienes? Todavía queda
          tiempo para cenar. Además, para
          celebrar mi vuelta podemos comer
          fuera.

                      ANA
          Sobre eso...

                      RICARDO
          Vale, vale. Te contaré la versión
          abreviada, pero luego no vayas
          diciendo por ahí que te quedaste
          con ganas de más, ¿eh? (le guiña un
          ojo) Estaba confuso y desorientado.
          ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Volver a
          casa? ¿Después de todo lo que te
          había montado?

                      ANA
          Hubiera estado bien, sí.

                      RICARDO
          Las circunstancias, ya sabes...
          Además, pinché una rueda sin saber
          muy bien cómo y tuve que pararme a
          un lado del arcén. Allí estaba yo,
          en mitad de ninguna parte, rodeado
          de árboles y matorrales.
          Desesperado porque me había dejado
          el gato en el altillo...

                      ANA
          Mira que te lo he dicho veces.

                      RICARDO
          Ya lo sé. No me lo recuerdes más.

                      ANA
          Visto está que no lo he hecho lo
          suficiente. Pero vamos, que a mí a
          estas alturas...

                      RICARDO
          Vale, tú ganas. Lo que te decía. El
          pesimismo se había adueñado de mí.
          Estaba a punto de echar a andar y
          dejar atrás el coche cuando, ¿a que
          no sabes quién apareció montado en
          una moto?

                      ANA
                (Irónicamente) No me lo
                 digas. El Rey.
         
                      RICARDO
          Nada de eso. ¡La Guardia Civil! Al
          fin sirven para algo. Y he de decir
          que el agente fue muy amable y me
          ayudó a cambiar la rueda con las
          herramientas que llevaba. Eso sí,
          me metió 300 euros de multa.

                      ANA
          Podría haber sido peor. Podría
          haber sido el Rey y que te hubiera
          metido... Otra cosa.

                      RICARDO
          Muy graciosa, Ana. Cuando se
          despidió decidí que vagaría un par
          de horas sin rumbo en busca de una
          señal del dios socialista y si no
          obtenía ninguna, desistiría. En
          esas estaba, cuando recibí un
          mensaje del destino en forma de
          boletín radiofónico. Pedro se
          encontraba en Alcubilla del
          Marqués, a pocos kilómetros de mi
          posición. Y ahí ya sí. Deberías
          haber visto cómo estaba el pabellón
          deportivo donde estaba arengando a
          las masas. ¡Abarrotado! Me quedé
          embelesado escuchándole hablar de
          esperanza, de un futuro libre de
          Populares donde la libertad sería
          la menor de nuestras
          preocupaciones. Por desgracia,
          aunque estuve esperando junto al
          escenario para acercarme a él en
          cuanto terminara, recibí la llamada
          de la naturaleza y tuve que ir al
          baño. La suerte no estaba conmigo y
          me quedé encerrado por culpa de un
          pestillo oxidado. Cuando logré
          salir con la ayuda de los bomberos,
          ya se había marchado. Le seguí
          durante días por aldeas y cañadas
          reales, siempre un paso por detrás
          por mucha prisa que me diera,
          forzando la rueda de repuesto, que
          ya sabes que solo debe servir para
          llegar al garaje más cercano. Ahí
          fuera, en el rincón más desconocido
          puedes encontrarte cosas que van
          más allá de la lógica. Por ejemplo
          en el pueblo de Berzosa, donde
          tienen el billete de 500 euros más
          pequeño del mundo, invisible a
          plena vista. Necesitas de toda tu
          imaginación para poder verlo. En
          todos los pueblos era lo mismo.
          Cuando me paraba a preguntar si
          habían visto a la comitiva
          socialista, me contaban hechos
          increibles realizados por nuestro
          líder. Un mecánico de Valdeabín me
          contó cómo Pedro había hecho que su
          tío encontrara trabajo con solo
          enseñarle su carné del partido. No
          le creía y me llevó a casa del
          interfecto para que lo viera. Y
          allí estaba, el carné milagroso,
          colocado en un improvisado altar
          escoltado por un busto de Felipe y
          de Solchaga junto a la primera
          nómina. En Nafría de Ucero me
          contaron cómo obró el milagro de
          las porras y el chocolate en el que
          repartió churros a todo el pueblo
          en colaboración con la churrería
          del pueblo, cuyo dueño quería
          arrendar un solar municipal para
          ampliar el negocio, y en un pueblo
          que no nombraré, expulsó al
          concejal de urbanismo de un
          ayuntamiento poseído por el Partido
          Popular. En Valdemaluque al fin di
          con él y pude verle cara a cara.
          Estaba en una calle céntrica de la
          localidad rodeado de simpatizantes.
          El murmullo de sus conversaciones
          se confundía con el de las
          chicharras que se tostaban al sol
          en las cortezas de los escasos
          árboles que salpicaban las aceras.
          De pronto se hizo el silencio,
          Pedro cogió a un chiquillo que
          pasaba por allí y que el destino
          quiso que fuera sobrino de la
          hermana de su cuñada y le dijo: "Ve
          a la Casa del Pueblo y escribe los
          nuevos estatutos del partido, unos
          en los que el pobre vea mermada su
          pobreza, en los que los excluidos
          encuentren su lugar, en los que los
          indignados hallen paz para su
          espíritu atribulado y bajo los que
          los socialistas puedan cobijarse
          con la seguridad y el orgullo de
          que no se está traicionando a su
          pasado ni vendiendo su futuro. Si
          te ponen pegas di que Pedro el
          resucitado te envía. Ten, cinco
          duros para que te compres un polo
          flash por el camino, que la
          canícula aprieta". Y el chiquillo
          corrió como el viento en primavera
          impulsado por los gritos de ánimo
          de los presentes, soñando con un
          polo de Coca Cola.

                      ANA
          (Con el gesto grave) Todo eso está
          muy bien, Ricardo, pero...

                      RICARDO
          ¿Ocurre algo? ¿Ha envenenado Susana
          a Pedro en el tiempo en que venía
          hacia aquí?

                      ANA
          Mira... No esperé que las cosas
          sucedieran así. De hecho pensé que
          no regresarías jamás de la meseta.
          Creí que habrías cruzado la linde
          equivocada o bebido de un pozo
          envenenado o quizá hubieras
          conocido a una granjera que te
          hubiera ordeñado...

                      RICARDO
          ¿Pero qué dices? ¡Yo nunca te sería
          infiel!

                      ANA
                (Mira al suelo) Ya...
                 Pero, compréndelo, han
                 sido seis semanas.
                 ¿quién es capaz de
                 esperar tanto sin perder
                 la esperanza?
         
                      RICARDO
          Pedro ha esperado seis meses antes
          de retornar a la presencia de sus
          militantes, ha caminado por el
          valle de la amargura, soportando la
          tentación de Felipe, las presiones
          de Cebrián...

                      ANA
                (Furiosa) ¡Pedro! ¡Pedro!
                 ¡Pedro por aquí! ¡Pedro
                 por allá! Siempre Pedro.
                 ¿Y qué pasa conmigo
                 Ricardo? ¿Qué pasa con
                 mis sentimientos? ¿Acaso
                 por ser la hija de un
                 fontanero no merezco tu
                 atención? ¿Acaso valgo
                 menos que un
                 ex-secretario de un
                 partido en ruinas?

                      RICARDO
          Exsecretario por poco tiempo. Su
          triunfo está cerca.

                      ANA
          Vete al infierno, Ricardo. Mira,
          ¿sabes qué? No quería ser tan
          brusca pero mejor así. He conocido
          a... (se arrepiente a media frase y
          calla)

Se escucha ruido en la puerta, alguien ha introducido las
llaves y no puede abrirla. Al otro lado suena una voz
mientras llama a la puerta.

                      AMANTE
          Ana, cariño. ¿Estás ahí? No puedo
          abrir. ¿Te has dejado las llaves
          puestas otra vez?

                      RICARDO
                (Empieza a comprender lo
                 que pasa) Ana, tú no
                 me...

Segundos de silencio. La tensión se palpa en el ambiente.
Ricardo apenas puede contenerse. Se mueve inquieto en el
sitio.

                      RICARDO
          Por favor, dime que por lo menos no
          tiene coleta.

Ana parece que va a decir algo, pero desiste y gira la
cabeza hacia otro lado. La oscuridad cae sobre el escenario.
                      FIN
                     

Fructuoso Martínez, mercenario estelar

Carta del chaval desde los Estates. En un mundo de conexión instantánea, Internet, móviles y demás parafernalia, Fructuoso Martínez se aferraba a lo tradicional.

De vez en cuando concedía a la modernidad un papel protagonista, se conectaba desde el ordenador de su taller para ver a su hijo y a su nieto. Sin embargo, casi le emocionaba más, como aquel día, recibir una misiva de su puño y letra. Cualquiera se sienta delante de un aparato y deja que lo filmen, sentenciaba la Choni en uno de sus cada vez más frecuentes ataques de ñoñería, pero sentarse a escribir a mano como en nuestros tiempos, eso significa que hay sentimientos.

Y él estaba de acuerdo. Justo cuando cerraba el taller, el cartero le había entregado la carta, y Fiti, como le llamaban sus amigos, caminaba a la taberna a compartir con ellos aquella alegría.

Junto a la ventana, como solía ser habitual, se encontraba sentado Diego. La mirada perdida, espalda recta y gesto soñador. Tras un fallido intento de suicidio había quedado en estado catatónico. Había sobrevivido al impacto de puro milagro, pero donde quiera que estuviera su mente, de seguro estaba muy alejada del barrio de Santa Justa.

Aun así, fue el primero al que enseñó el sobre decorado por su nieto, con dibujos de llaves inglesas. Mira Diego, carta de Raúl. Ahora vengo y te la leo. Igual ha visto a Marcos. Pero no lo creía. Tras el suicidio, su familia le había dado de lado. Ninguno de sus hijos había ido a visitarlo. Curiosamente, Boliche sí. Y como siempre que iba a la taberna, se asombró de lo extraño de aquello.

Tras la barra estaba el camarero gangoso y algo sonado del que todos habían olvidado su nombre. Se limitaban a llamarlo "Jefe" y a él parecía gustarle.

- Hola, Jefe. ¿Está Santi? -, le preguntó mientras cogía un puñado de cacahuetes de un cuenco cercano.

Este surgió de la trastienda cargando un par de jamones que comenzó a colgar subido a un precario banco que se tambaleaba ante el mínimo movimiento que hacía el tabernero.

- Hombre, Fiti. Vienes un poco tarde hoy. Se te va a enfriar el bocadillo de jamón.

El "Jefe" le acercó una cerveza y un mollete de ibéricos, su comida diaria.

- Na, es que el cartero me ha entretenido -. Le respondió mientras agitaba la carta -. De mi Raúl.

Santiago descendió con cuidado mientras bufaba y movía la cabeza de un lado a otro.

- Mira que eres cerrao, Fiti. Con las moderneces que hay hoy, el Internete y el esquipe. Si no fuera por él, no podría ver a mi Santiaguín.

- No compares, Santi. Son situaciones distintas. Mi mujer no me ha puesto una orden de alejamiento.

- Nos ha jodio mayo, como que no tienes -, replicó malhumorado el tabernero. - Que lo más cercano que has estado últimamente de una hembra ha sido cuando la china que vende rosas te llevó el Mercedes para que le cambiaras el aceite.

- Venga, que no he venido a discutir. Tengamos la fiesta en paz. ¿Quieres que la lea o no?

Santiago asintió con la cabeza a regañadientes. Le serviría como excusa para pasar tiempo con su hermano. Se sentaron junto a él, al sol del mediodía que se colaba por la ventana y Fiti comenzó a leer.

Cuando terminó, había casi oscurecido.

- Ese chaval tuyo te ha escrito una inciclopedia. ¿No sería más rápido hablarlo? - inquirió Santiago mientras retomaba sus labores, preparando el cierre del negocio.

- Joder, ¿no me digas que esto no es mas bonito así? Como Miguel Strogonoff, imagínate sus caras...

- Te tendría que haber pegado un tiro con la escopeta cuando nos arruinaste.

- Anda vete un poquito a la mierda, Santi.

El "Jefe" contemplaba sonriente la escena. Se había convertido en costumbre que todos los encuentros entre los hermanos y Fiti terminaran con insultos. Aunque no vinieran a cuento. Fructuoso se levantó, le dio un beso en la frente a Diego y se marchó.

- Hasta mañana, señores.

Para culminar el día, acudió al parque en busca de una lumi que le recordaba a Candela. Él no tenía necesidad de pagar por esos menesteres, pero en Nochevieja, volviendo a casa, se cruzó con ella y el parecido con su ex mujer reavivó en su corazón un fuego que pensaba extinguido para siempre.

No encontró a su Candela de circunstancias en el sitio donde se colocaba siempre. Comenzó a dar vueltas por el lugar, buscando entre los árboles, escuchando atentamente los gemidos que otro afortunado pudiera estar arrancándole, teatralmente, pues ella le había confesado que solo él era capaz de hacerla disfrutar.

Tomó el camino que desembocaba en el estanque, a ella le gustaba mirar a los patos dormir, pero antes de llegar, le pareció ver en la distancia a una pareja de hombres que también merodeaban por allí. Se escondió entre unos arbustos, no fuera a ser que se pensaran que estaba haciendo lo del cruasán.

Allí, en cuclillas bajo un manto de estrellas y con las ramas de los arbustos clavándoseles en las pantorrillas, se le ocurrió que quizá pudiera encontrar a la chica en la fuente con la estatua de Cupido que más de una vez le había comentado que le gustaba. Para que luego dijera Candela, la de verdad, que él no se preocupaba por sus gustos...

Los desconocidos pasaron de largo y él salió de su escondite corriendo hacia la fuente. Pero allí no había nadie. De pronto, un zumbido comenzó a atronar en sus oídos y se vio recubierto por una luz amarrilla cegadora. Su primer pensamiento fue que le habían pillado los municipales.

- Señor agente, esto no es lo que parece -. gritó al vacío mientras agitaba los brazos por encima de su cabeza -. Yo no quiero cruasán ni me interesa. Lo respeto porque todo el mundo tiene sus necesidades y entre personas adultas se puede hacer cualquier cosa, pero yo no...

Se calló. Algo andaba mal. Nadie le dio el alto ni le pidió la identificación. Además, la luz era demasiado potente para venir de una linterna. Ni siquiera las buenas, las de los estantes superiores del Leroy Merlin, eran capaces de proyectar tanta luminosidad. Y encima para venir de...

Inclinó la cabeza hacia atrás lentamente, y antes de que sus ojos llegaran a vislumbrar el círculo metálico posado sobre él a varios de altura, el cuerpo de Fructuoso se desvaneció en el silencio de la noche.

Cuando recuperó el conocimiento se encontraba tumbado en el sofá del salón de su casa. ¿Lo habría soñado todo? Hizo esfuerzos ímprobos por recordar lo que había después de que aquella luz le cegara antes de ver... ¿qué era? ¿Un platillo volante? Ay Fructuoso, tienes que dejar los chatos después de las 9 de la noche. Te estás haciendo mayor... se dijo mientras se reincorporaba al son del crujido que producían en siniestra armonía los huesos de su espalda.

La cabeza le palpitaba como si fuera a eclosionar. Se rascó la coronilla dudando de si era posible poner un huevo por la cabeza. ¿Qué era lo que se rumoreaba en el pueblo que le había pasado al Pascual? Algo parecido, pero no estaba seguro. Necesitaba unas aspirinas y un bocadillo de lomo. La resaca siempre le daba hambre. ¿Le habría encontrado el sucedáneo de Candela y le habría hecho un servicio? Se rascó la entrepierna y llegó a la conclusión de que había pasado la noche solo. Lo raro es que no logró encontrar la cartera en ninguno de los bolsillos de su pantalón, por lo que no podía descartar un robo. A lo mejor le habían dado Buruaga y se había quedado muñeco. Pero entonces, ¿cómo había vuelto a casa?

Con multitud de dudas rondando su cabeza se dirigió a la cocina. Pero cuando intentó abrir la puerta no pudo. Tiró con todas sus fuerzas y no hubo manera de abrirla. Era raro, porque la había engrasado justo hacía una semana. Quizá no lo hizo bien. No fue generoso con el producto, cierto, pero eso no explicaba que la hoja no se moviera un centímetro siquiera. Tiró del pomo con todas sus fuerzas y lo único que consiguió fue quedarse con él en la mano. Cuando miró por el agujero donde se encontraba hasta unos instantes antes, no pudo creer lo que vio: una plancha de metal.

Golpeó la puerta con rabia. La pateó rítmicamente, le dio incluso varios cabezazos. Todo en vano. Además, el último cabezazo por poco hizo que se desmayara. Por un momento le pareció que su salón se llenaba de interferencias, como en la tele.

- ¿Seguiré borracho? - se preguntó en voz alta.

No esperaba recibir respuesta por lo que la voz metálica que escuchó le heló la sangre.

- No, Fructuoso, no lo estás. - Alguien le había hablado desde el interior de su cerebro.

- ¿Dios? - susurró con temor.

- A tus congéneres les gusta llamarnos así, pero no, no soy tu dios, Fructuoso Martínez.

- Pues ya me estás dando explicaciones de qué cuento es este - inquirió el mecánico mientras se dirigía al sofá con el cuerpo todavía dolorido por los golpes que había propinado a la puerta -. Si no eres Dios, y no estoy loco, porque un Martínez no se vuelve loco después de una borrachera, sino antes, ¿qué está pasando aquí?

El salón desapareció y de pronto se vio de pie en mitad de una habitación circular de blancas paredes. La imagen de un hombre con bigote se materializó frente a él. La figura incorpórea comenzó a hablar pero sus labios no se movían. De todas formas no eran sus orejas las que escuchaban lo que el misterioso ser le contaba.

- Disculpa el teatrillo, pero es el procedimiento. Extraemos de la memoria cognitiva de nuestros voluntarios la imagen del lugar donde se sienten más seguros, de esa forma cuando despiertan el trauma no inutiliza sus sentidos.

- Un momento, ¿cómo que voluntario? Ni en la mili me presentaba voluntario para cortar el jardín siquiera.

- Es un tecnicismo, Fructuoso. El gobierno nos obliga a que todos los soldados se alisten por propia voluntad.

- ¿El gobierno? Me cago en Mariano y en sus siete enanos. ¡Sabía que tendría que haber votado a VOX!

- No, tu gobierno no, el nuestro.

- No me digas más. Americanos. Felipe, otro que tal. ¡Tendría que haber votado a Fraga! Al menos ese iba de cara.

- Cálmate, Fructuoso.

- Llámame Fiti que si no, no me ubico.

- Está bien, Fiti. Permíteme que te cuente de qué va todo esto. Pero primero, deja que te haga una pregunta. ¿Crees que hay vida en otros planetas?

- Hombre, yo siempre he dicho que la propia existencia de Santiago justifica la presencia de otros seres extraespaciales que compensen un poco el nivel de belleza en el universo.

- Sí, es feo el jodío - apuntó el humanoide.

- Un respeto, que me invita a jamón.

- Tengo que decirte que estás en lo cierto. No solo existe vida extraterrestre sino que las distintas especies se cuentan por millones. La mayoría se agrupan en la Federación Kuark. No sin cierta modestia he de decir que mi raza fue vital en su creación hace tres percs. Sin embargo, como ocurre en tu planeta, hay un grupo de razas que no quieren integrarse.

- ¿Hay gitanos en el espacio? Fíjate que no me extraña.

- No, no. Estos seres son, por desgracia, muy belicosos y ansían el dominio del universo.

- Moros entonces. Qué tópico, ¿no? - Fiti no sabía qué pensar de todo aquello. A cada información que iba recibiendo la idea de que le estaban tomando el pelo iba acrecentándose en su psique.

- Es lo que hay. A mi no me preguntes que solo soy un mandado. Como resultado, estamos en guerra. Les superamos en 3000 a 1, pero ocurre que las razas más pacifistas son las que forman la Federación y por eso necesitamos de soldados que luchen por nosotros. Y ahí entráis vosotros, los humanos. Las reglas de la Federación impiden que los miembros de un planeta virgen como el vuestro formen parte de la guerra, pero no dice nada de miembros aislados. Dominamos la tecnología del viaje del tiempo, viajamos al momento en que detectamos que alguien va a morir y lo "salvamos" con nuestra nave.

Los profesores de Fructuoso siempre se cuidaban de señalar en los boletines de notas que el chaval era un poco corto, pero ni siquiera la mente más débil de la Tierra hubiera pasado por alto las implicaciones que esta última revelación tenían para él.

- Espera, ¿eso quiere decir que iba a morir junto a aquella fuente?

Su interlocutor no respondió. Sus labios temblaban sin parar y comenzó a mirar a un lado y a otro.

- ¿Cómo? Si no había nadie. - preguntó finalmente Fiti.

- Te iba a caer una nave espacial encima. Culpa de Flexor, ¿eh?, que es el mecánico. Lo que pasa es que sin querer le di al rayo tractor y aquí estás.

- Un poco lioso todo, creo. Esto es lo mas absurdo que me ha pasado desde que me dijeron que era hermano de la cantante de Camela.

- Los viajes en el tiempo no son sencillos, pero son reales. Por eso existen los deja vu. Son la huella que dejamos en vuestras mentes.

- Tiene sentido -. Fiti rumió la respuesta durante unos instantes, pero algo no le terminaba de convencer-. Si podéis viajar en el tiempo, ¿habéis visto cómo termina vuestra guerra? - su Raul estaría orgulloso del uso que le estaba dando al raciocinio. En ese instante fue consciente de que cabía la posibilidad de no verle a él ni a su nieto nunca más.

- Si, perderemos.

- ¿Y por qué seguís luchando y no os rendís?

- Pues por ver si cambia algo.

- ¿Y qué queréis de mi? No sé nada de ejércitos, guerra o naves espaciales. Yo tengo familia, un taller, amigos, un poco deficientes, pero amigos al fin y al cabo. Incluso tenía un algo con una mujer...

- Sí, Vanessa. La conocemos bien - se hizo un silencio incómodo que rompió segundos después el ser-. Queremos que te alistes en nuestro ejército mercenario. En cuanto terminemos de reclutar a un par de humanos más, partiremos a mi planeta, MediaGlobo, donde se encuentra la Academia de Guerra. Allí serás instruido en las artes de la guerra moderna y asignado a una unidad.

- ¿Me puedo negar?

- Por poder, puedes, pero no te vamos a hacer caso.

- ¿Y si no quiero?

- Pues te tiramos la nave encima y dejamos que el destino siga su curso. Es una pena, la pintamos ayer.

- ¿Podré volver al menos cuando todo haya acabado para estar con mi chiquillo?

La figura del humanoide titileó por unos instantes.

- Hombre, pues si continúas con vida, no veo por qué no.

- Pero hay algo que no me queda claro, ¿por qué humanos? ¿No hay bichos por ahí que escupan ácido y tengas pinchos y cuernos y cosas así?

- Los hay, pero vosotros sois los mayores hijos de puta de todo el universo.

La figura se desvaneció en el aire y una puerta se abrió a su izquierda. Un pasillo se extendía ante él. Las paredes lisas no daban ninguna pista de hacia donde se dirigía. Tras diez minutos caminando, fue a parar a una sala ovalada presidida por una mesa de roble. En el sitio de honor se sentaba un asiático regordete vestido con pieles de zorro que se levantó con una gran sonrisa en cuanto le vio entrar.
Le ofreció la mano y se presentó.

- Khamil Khan, de la horda de oro. Un placer, Fructuoso.

- Mucho gusto, señor chino.

- Chino no, mongol.

- Pues eso decía. ¿A ti también te han secuestrado?

- Oh si, pero hace ya tiempo. Llevo luchando en las Guerras del Dolor cinco años. Me hirieron en la Batalla del Meteoro de Onyx y me relegaron a un puesto administrativo. Soy el oficial de enlace con nuevos reclutas.

- Cinco años... y sigues vistiendo así. Pues si que estáis atrasados vosotros todavía, ¿no? Y luego dice África que soy un carca. Que por cierto, que quede entre tú y yo pero me la estoy trajinando.

- Eso sobra, Fructuoso - le reprendió el mongol, que no quería saber nada de líos familiares.

- Ya te digo yo que no, amigo mongolo. Cuando pruebas a un Martínez ya no te conformas con otra cosa. Pero no digas nada, ¿eh? Estuvo saliendo con mi chaval y podría ser complicado de explicar.

Un pitido intermitente comenzó a sonar en la mesa. De esta surgió un panel luminoso con caracteres extraños. Khamil volvió a su asiento y le echó un vistazo.

- El último recluta acaba de abordar la nave y está recibiendo la charla. Ponte cómodo, el viaje durará un par de horas. Mientras, puedo resolver todas tus dudas. Señaló a un ojo de pez que se abrió en la pared dando paso a una vista general del espacio, en cuyo centro se encontraba la Tierra-.  Por si te quieres despedir...

Fructuoso echó un último vistazo a su planeta madre, una enorme bola azul repleta de sueños, ilusiones, drama, emociones que cada vez se iba haciendo más pequeña hasta que solo fue un pequeño punto en un lienzo repleto de estrellas.

Continuará...
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