La tragedia y la farsa

Uno echa un vistazo al mundo y puede ver cómo de nuevo tenemos una Cataluña secesionista, un gallego al mando en España, una Alemania que domina Europa con una Francia débil y en descomposición, Gran Bretaña vuelve a estar sola, Rusia inmiscuyéndose en terceros países y los USA en curso de colisión con un país asiático. La gente, a verlas venir. Tranquilizador.

Ha llegado a su ciudad

Hace algunos años, las calles de mi barrio se inundaron con una melodía largamente olvidada, la de la armónica del afilador anunciando su llegada a las amas de casa necesitadas de devolver el filo a sus cuchillos romos. No conozco la obra de Almodóvar pero si no ha incluido a un representante de tan digna profesión en alguna de sus películas, mucho está tardando.

Su presencia había desaparecido del acervo cultural al mismo tiempo que los chinos y sus baratijas desembarcaban en la península para comprar nuestro futuro a cambio de un puñado de collares de cuentas. Las gentes pudientes comenzaron a afilar sus cuchillos en casa, o mejor dicho, sus sirvientes lo hacían, mientras que las clases trabajadoras, "target" del afilador, optaban por comprar cuchillos nuevos, cuya escasa calidad los hacía propensos al usar y tirar.

Incluso cuando surgió la moda de los cuchillos japoneses, estos no se usaban en el devenir diario, sino que se mantenían en su caja original, sin desprecintar, colocada en un lugar privilegiado del salón, para demostrar a las visitas que ellos pertenecían al Club Ginsu.

Quién sabe lo que pasó por la cabeza de ese pobre hombre para decidir que su vuelta era necesaria. Puesta en contexto, el ambiente de crisis que asfixiaba a la ciudadanía podía hacer pensar que la grey estaba más por la labor de reutilizar, reparar y/o afilar sus utensilios. Apenas un par de semanas duró su aventura. Como la vuelta de Formula Abierta, calculó mal la aceptación de un público que estaba ya instalado en el consumismo low cost y la negación de las tradiciones ancestrales.

Donde quiera que esté ese derrotado afilador, espero que le esté yendo bien. Su animada melodía ha quedado grabada en el subconsciente de varias generaciones. Nunca morirá.

Esta situación no es algo nuevo, es un proceso del desarrollo humano que culminará cuando todos los trabajos sean realizados por robots e inteligencias artificiales y quedemos relegados a ser ordeñados por estos periódicamente. Los vendedores de hielo fueron barridos del mercado por los frigoríficos, los copistas por las imprentas, los serenos por Franco y los taxistas por Hummungus y sus seguidores.
Sin embargo, hay una profesión que contra viento y marea, ajena a las ofertas, a la obsolescencia programada, a las ansias de renovación constante, nunca ha dejado de estar presente en nuestras vidas, y cuando oímos la peculiar tonadilla que le acompaña, no podemos evitar terminarla, pues "ha llegado a su ciudad, el camión del tapicero". Sillas, tresillos, sofás, todo es susceptible de ser tapizado, hasta un plato de macarrones o la calva de su marido.

Cuando era niño no tenía ni idea de qué extraña magia invocaba aquel hombre en el interior de su furgoneta, luego me enteré de lo prosaico del asunto. No conozco a nadie que recurriera a sus servicios en la edad moderna. Sospecho que la última vez que tapizó algo, todavía se podía pagar en pesetas; pero el caso es que el hombre perseveró en sus convicciones, o igual tomó el relevo su hijo, como los linajes de los reyes o de los pelotaris vascos: Tapicero III, el conciliador, que sofocó la revuelta de las hamacas y las hermanó con los sillones de escay, cuatro veces ganador del Abierto de Santuchu.

Hubo una temporada en la que se creyó, en broma, porque en mi barrio no somos tan retrasados, que al volante de la furgoneta no había nadie y que la voz que se escuchaba por los altavoces provenía del mismísimo Satán, pues nadie había visto el rostro del conductor. La chanza no se pudo mantener por mucho tiempo más, cuando una señora que vivía sobre la panadería comentó en una de las espontáneas reuniones de cotillas que se producían en la plaza, que había tenido contacto con el tapicero, y que era un señor muy apuesto. "Esa fresca seguro que se lo ha follado", me comentó mi vecina al día siguiente. No con esas palabras porque era una septuagenaria y en su época no existía la palabra "follar", pero la forma en que arqueó las cejas así me lo pareció. Por poco se le sale el ojo de cristal del énfasis que le imprimió al gesto.

¿Podrá este David motorizado resistir los envites de Ikea, el Goliath sueco? El tiempo dirá si le aguarda un destino junto a los repartidores de helados, los escritores que no tienen canal de Youtube y Xuxa. Mientras tanto, ahí me parece escuchar ya la alegre tonadilla... Voy a llevarle un taburete, a ver si me lo tapiza con una tela de la Patrulla Canina.

Alguien ha mordido a un perro

Tengo la malsana costumbre de curiosear mi TL en Twitter recién despertado de una reparadora siesta. Esto hace que mis niveles de atención y mi criterio se desparramen por los suelos y pinche en enlaces de dudoso gusto y escasa utilidad. Es por ello que cuando vi un tuit de Euronews Español que rezaba: "Palillos de dientes en los asientos del autobús", ilustrado con la imagen de un asiento (podría ser de tren, eso sí) asaeteado por mondadientes, me zambullí de cabeza en el artículo sin pensármelo demasiado, por no decir nada.

En plena moda de la "turismofobia", esperaba encontrar la adopción de las tácticas del Vietcong por parte de los grupos de protesta o de la CUP (más cercanos a los vietnamitas de décadas ha), en su lucha contra el turismo masivo y los nacionales de Italia, que ya está bien con la tontería de las manos. Una chorrada de noticia, sí, pero de cierto interés por la presumible escalada del conflicto, y de cierto servicio público para el viajero que vaya a visitar la ciudad condal en un futuro cercano.

Cual fue mi sorpresa, recordemos que era un artículo, proveniente de un tuit de Euronews ESPAÑOL, y no lo pongo en mayúsculas por fervor patrio sino para que enfatizar el hecho, que conste, cuando, leyendo el primer párrafo de la nota, descubrí que el suceso había ocurrido en Indonesia. Un señor de 60 años que se aburría mucho, se dedicó a clavar afilados palillos ¡en Indonesia! Que a saber por donde queda eso, pero me da que en Eurovisión no participa, ni siquiera en los cuartos de final.

No estoy en contra de que se informe sobre lo que acontece en otros países aunque sea desde un medio enfocado a una determinada región, faltaría más, aunque leer chorradas en sitios supuestamente serios me hace torcer el gesto, pero por lo menos podrían especificar dónde ocurre.

¿Qué es lo que pasa? Primero que es verano, y como los temas importantes no se pueden tratar porque el dinero manda y los juntaletras también tienen que comer, se ven obligados a buscar material para rellenar el gaznate de los ociosos ciudadanos que acuden a sus medios para sentirse medianamente informados con una retahíla de historias que ni siquiera ellos creen pero que acallan sus conciencias por un rato, esa que les dice que el iceberg ha hecho una grieta en el casco y que aunque toque la banda viejos valses vieneses, algo no va bien. Lo segundo es que por mucho que el espíritu crítico de sus lectores raye la indecencia moral, tienen que competir por su atención con los cuerpos semidesnudos de la gente que les rodea, con las cervezas, el fútbol de verano, las drogas y demás opciones de ocio estival. Normalmente se suele echar mano de un cebo, pero con noticias tan chorras como la mencionada, es imposible generar uno, como mucho obtendrás comentarios tipo "ya podría clavárselos en los testículos" y pasarán al siguiente tuit. Por ello tienen que refinar hasta el límite de la profesionalidad los titulares de las noticias. Y por eso omiten la procedencia de la gamberrada, que se viene haciendo, que tenga constancia, desde que yo estaba en 3º de EGB (y yo soy un señor provecto ya), porque a nadie en su sano juicio le interesa saber que un viejo malayo, en lugar de mirar obras, se dedique a estas gilipolleces. Lo próximo será leer: "Le tira un moco en el plato de sopa que iba a cenar", y cuando entres en la noticia, que haya ocurrido en Rhodesia.

Semejante técnica la vi no hace demasiado en otro tuit, del periódico El País, en el que se podía leer: "La fiscal general es destituida", y a continuación el enlace a dicho artículo. Claro, pinchas y te enteras de que habían dado la patada a la fiscal general de Venezuela. El País, diario independiente de Venezuela. Lo de "independiente" lo dejo para completar el chiste. Es esta la única manera de que el lector se preocupe por lo que ocurre en el país sudamericano. No le importa lo que le pase al vecino, le va a preocupar lo que pase allí. Cristal hace mucho que dejó de emitirse. Vemos que esta técnica de redacción puede servir tanto para el marrullerismo económico como para la propaganda.

Para que luego digan que Internet está matando a los medios tradicionales, si no fuera por las posibilidades de engaño que la Red les ofrece hubieran desaparecido hace tiempo. Ya nadie busca información y el número de los que buscan adoctrinarse en su ideología no es suficiente para mantenerlos a flote.

Instagram

Recientemente he abierto una cuenta en Instagram. En realidad, ya la tenía desde hacía meses pero decidí darle un nuevo enfoque y... en fin, no os voy a contar aquí mi vida. Sin embargo, tras varios días de actividad en dicha red social, he llegado a varias conclusiones que si que vais a tener que leer porque algo tengo que escribir. También os podríais haber ofendido por estas palabras y decidir no leerlo, pero, ¿y si es todo una trampa y en realidad hablo de las famosas con las que me he enrollado? Veamos...

. La gente pasa como el culo de Instagram los fines de semana. Perdonad el lenguaje florido pero acabo de ver el cuarto episodio de la séptima temporada de Juego de Tronos y me he venido arriba. Es un caso curioso, algo que se supone diseñado para rellenar nuestros momentos de asueto es usado en horario de oficina. En Twitter pasa lo mismo, y en Facebook. "Es que yo lo uso para buscar información para el trabajo y por eso los fines de semana no entro", dirá alguno. Los cojones. Cualquier excusa es buena para no trabajar. Eso con los blogs no pasa porque... están muertos.

. Nadie lee los textos que acompañan a las fotos. Lo único válido son los hashtags con los que hacer más visibles nuestras fotografías. La palabra ha muerto como medio de expresión. ¡Larga vida a la foto del desayuno! En una foto puse que me gusta la pizza con piña y la tortilla sin cebolla y aún así recibí varios likes. Claro que puede que la broma esté más quemada que una caja fuerte que albergue los papeles de la Gurtel. Además la foto era de un plato de croquetas. Este experimento no me lo aceptarían en la Royal Society, desde luego.

. Hablando de favs, likes o como demonios se llame la muestra de aceptación de las aportaciones por parte de la comunidad. Son tan adictivos como la comida china, y casi diría que más. En cuanto recibes un par, algo se activa en el núcleo del placer del cerebelo y quieres más y más. Hasta que una tarde te descubres refrescando la pantalla de interacciones cada segundo y llamando hijos de puta a todos aquellos que no saben apreciar tu arte. Desconozco si en otras redes sociales el sentimiento es el mismo porque nunca se ha dado la circunstancia de que a más de dos personas les haya impresionado tanto algo que haya dicho o hecho como para demostrarlo con un complejo click de su ratón o un esforzado tap de su dedo.

. Otra cosa que he percibido es que hay muchas tetas, de las artísticas, sin pezones, porque en Instagram son unos mojigatos y piensan que sin pezón no hay teta y sin raja no hay culo. Eliges a una joven IT girl y ahí lo tienes, curvas peligrosas en su máximo esplendor. Ojo que no me quejo, más bien al contrario. Ya era hora de que se normalizara esa parte del cuerpo humano. Eso sí, las pajas me las sigo haciendo igual.

. No te deseo ningún mal pero ojalá en tu grupo de amigos tengas un fan de las Stories. Una de las razones por las que me alegra no tener amigos a los que pueda ver con asiduidad es que no tengo que soportar que alguno de ellos se dedique a grabar todo lo que acontezca en nuestras reuniones. Como no nos solemos ver en persona por un espacio de meses o incluso años, cuando nos juntamos a ninguno se le ocurre sacar el móvil siquiera. Es motivo de anulación de amistad instantánea. Por cierto que una vez le toqué con el codo sin querer el culo a la señora que hacía de la mujer del Fary en Menudo es mi padre. No fue una relación sexual, qué duda cabe, pero yo disfruté mucho. Tengo el codo muy sensible.

Con todo, el nivel de adicción de estos fans  no llegará jamás a los niveles de...

. La gente que vive para subirlo todo a Instagram. Los reyes del postureo, el equivalente humano a una cáscara de nuez vacía. Un muñeco de esos que prueban los airbags de los coches vive más que estas personas que han hecho de la cámara, o el móvil, una extensión de su brazo. Son los primeros humanoides biónicos. Interpretan la realidad a través de la lente fotográfica, la cual les sirve de nexo social con otros miembros de su subespecie. Creo que se aparean frotando los palos de selfie. Por suerte son estériles y en una generación la tontería se quitará. Hasta entonces habrá que aguantarles haciendo fotos de las cosas más insospechadas: la risa de un abejorro, el miedo de una servilleta o un pezón pero sin teta.

. Esto no tiene mucho que ver con el tema, pero mientras procrastinaba antes de corregir el post, para lo que ha servido..., acabo de descubrir que las vaginas se pueden deprimir. Hay que ver el cuerpo humano... En cualquier caso, ¿qué decimos sobre eso en esta casa? Not today.

La señora del tupper

Las circunstancias de la vida y el miedo a volar me han hecho asiduo de las estaciones de tren, en concreto las de Atocha y Chamartín, sitas en la capital del Reino, de visita obligatoria si quieres ir a cualquier otro lugar de España gracias al centrismo ferroviario que aún domina este país y del que se está desperezando a marchas forzadas.

Es frecuente que deba pasar las horas del almuerzo esperando en ellas algún tren, por lo que suelo comer en las salas de espera, siempre carentes de asientos libres, lo cual provoca una lucha soterrada y carreras disimuladas entre los usuarios de la estación. Y no hablaré de los HIJOS DE PUTA que "sientan" a sus maletas, no vayan a coger un resfriado si tocan el suelo, porque no quiero exaltarme. ¡BASTARDOS HIJOS DE PERRA!

Me encontraba el otro día en Atocha degustando un jugoso bocadillo de tortilla de patatas, cuando, para distraerme, procedí a inspeccionar los rostros de aquellos viajeros que me rodeaban. En qué mal momento lo hice, pues en el mismo instante en que levantaba la vista de la mezcla divina de patata y huevo, mi mirada se cruzó con la de una señora que me contemplaba como si fuera un pastel de manzana enfriándose en el alféizar de una granja de Missouri. Era la mirada del hambre, del ansia irrefrenable, de la desesperación ardiente y el deseo inextinguible... la mirada de los mil cochinillos.

La pobre señora se encontraba algo lejos de mi asiento y además calibré su respuesta al ver que me acercaba con la pechera cubierta de migas, el bocadillo en una mano, una coca cola rebosante en la otra, y una franca sonrisa. Bien podría haberme devorado allí mismo o gritado histérica en busca de la policía; ambas opciones nada deseables, así que decidí no ofrecerle un pedazo de tortilla. Espero que esa buena señora encontrara a alguien que la alimentara y no muriera de inanición.

Para evitar experiencias similares, terminé de comer enfocando la vista en los trenes que languidecían en las vías, como serpientes de metal adormecidas que solo revivirían tras engullir a la masa humana que se agolpaba, cansada, frente a ellas.

Cuando el último bocado del bocata traspasó mis fauces, creí oír un lamento lejano; el rugido de millares de estómagos clamando por un pedazo de pan. No me atreví a mirar hacia donde se encontraba la señora de antes. A veces es mejor no saber.

Aún me quedaba media hora antes de embarcar, así que como no tenía otra distracción, me dispuse de nuevo a observar a mis congéneres. Miré en la dirección contraria a donde se encontraba la novia de Galactus. La estampa que me encontré no era menos aterradora.

Otra señora, y no es que me fije solo en ellas y obvie de mi campo visual todo aquello que tenga rabo, que también, abrió un tupper con avidez, dispuesta a darse a la pitanza, como la hora lo requería. Cual fue mi sorpresa, cuando del tupper no sacó una cucharada de lentejas, un puñado de croquetas o un filete empanado acompañado de sus correspondientes patatas, sino.. ¡galletas de chocolate!

Y ojo que no es la primera, ni será la última, persona a la que he visto con semejante platillo. Hay mucha gente que decide portar sus preciadas galletas en tuppers gigantes. A ver, que puedo entender que no quieran que se queden manidas o se despedacen en el traquetreo del viaje, pero yo las he llevado envueltas en papel de aluminio siempre y han llegado como recién sacadas del paquete a su destino.

Estuve tentado de preguntarle el por qué de semejante empaquetado: ¿precaución? ¿paranoia? ¿una promesa? ¿estupidez? ¿extravagancia?, pero los altavoces anunciaron la salida de mi tren en escasos minutos y tuve que salir corriendo. Había pasado 23 minutos viendo a una mujer comer galletas, y ni siquiera se las metía enteras en la boca.

En busca de Pedro Sánchez

PRIMER ACTO

UNA HABITACIÓN CON UNA CAMA DE MATRIMONIO EN LA QUE UNA
PAREJA VE LA TELE.

Se escucha una voz en off.

                      PRESENTADORA
          El otrora líder socialista prepara
          el asalto a la dirección del
          partido por segunda vez, apoyándose
          en sus bases, toda vez que la
          cúpula dirigente maniobró para
          destituirle de la secretaría
          general el pasado mes de febrero.
          Para ello, ha decidido recorrer
          toda España para hablar con los
          militantes y recabar sus votos en
          la próxima asamblea del PSOE que
          tendrá lugar a finales de mayo.
          Comenzará con su gira el próximo
          viernes con una visita a Soria...

                      RICARDO
          Hoy es jueves, ¿verdad?

                      ANA
          Creo que sí.

                      RICARDO
          ¿Tienes algún calendario a mano?

                      ANA
          No. De todas formas, estamos de
          vacaciones. ¿Qué más da? (con voz
          seductora) ¿Acaso quieres saber el
          tiempo que llevamos en el séptimo
          cielo?

                      RICARDO
                (sonríe y se abraza a
                 ella con fuerza) No me
                 hace falta. Contigo el
                 tiempo que nos queda por
                 delante es demasiado
                 poco y el tiempo que
                 pasamos juntos es toda
                 una eternidad. Es que...
                 He pensado que estamos
                 al lado de Soria.

                      ANA
                 ¿Y?
         
                      RICARDO
          Lo acabas de escuchar. Pedro
          Sánchez estará allí.

                      ANA
          (Extrañada) ¿Quieres que vayamos a
          verle?
         
                      RICARDO
          Me alegra saber que pensamos lo
          mismo.

                      ANA
          A ver, no te equivoques. No tengo
          nada contra él...

                      RICARDO
          Además es guapete.

                      ANA
          Además es guapo, aunque eso no sé
          muy bien a qué viene. Te decía que
          si me lo cruzara por la calle no le
          escupiría a la cara ni le
          insultaría pero de eso a chuparme
          hora y media, o dos, en coche para
          verle caminar entre el gentío, pues
          hay un mundo.

                      RICARDO
          Pero estaría curioso. ¿Cuántas
          veces tendrás la oportunidad de
          estar junto a un secretario general
          del Partido Socialista Obrero
          Español? No se dejan prodigar mucho
          en público. Tenemos que aprovechar
          la ocasión.

                      ANA
          En primer lugar es un (remarcándolo
          mucho) ex secretario general. En
          segundo lugar, tú siempre te has
          reconocido como una persona
          apolítica. Y en tercer lugar, me
          dijiste que iríamos a la playa.

                      RICARDO
          Apolítico a mi pesar, o si quieres
          que sea más preciso, más bien soy
          apartidista, si es que existe ese
          término. No me veo con ganas de ser
          parte de un proceso en el que
          participan exclusivamente
          formaciones que no representan mis
          ideales. Además, han dado lluvia
          para todo el fin de semana.

                      ANA
          Funda entonces tu propio partido.

                      RICARDO
          No te creas que no lo he pensado
          alguna vez. Nunca te lo había
          dicho. Espero que no te importe.

                      ANA
          Si todo lo que me tienes que
          ocultar es eso, puedo respirar
          tranquila.

                      RICARDO
          Palabra de joven promesa
          parlamentaria.

                      ANA
          ¿Y cómo se llamaría tu plataforma
          de lanzamiento hacia el sillón
          presidencial?

                      RICARDO
          Lo he pensado mucho y creo que no
          podría encontrar nombre mejor
          que... ¿Estás atenta?

                      ANA
          Soy toda oídos.

                      RICARDO
          Allá va, ¿eh?... ¡Putas y barcos!

                      ANA
                (silba) Un nombre que
                 deja a las claras su
                 línea ideológica. Tengo
                 la sensación de que
                 lograrías arrastrar a
                 gran parte del
                 electorado pro sistema.
         
                      RICARDO
          ¿Y eso es malo? Si son dirigidos
          hacia mi persona, no me importa de
          quién provengan los votos: obrero o
          banquero, masón o putero. Cuantos
          más, mejor.

                      ANA
          (A medio camino entre la ironía y
          la burla) Ardo en deseos de que
          lleguen las próximas elecciones
          para correr hacia el colegio
          electoral e introducir mi papeleta
          con tu nombre en la urna, de forma
          muy sucia.

                      RICARDO
                (ríe) Nada me gustaría
                 más... Pero no. Tengo
                 más de Josué que de
                 Moisés. Que sea otro el
                 que guíe a mi pueblo. Yo
                 no valgo para las
                 intrigas de salón y las
                 puñaladas de terciopelo.
         
                      ANA
          Lo tuyo es criticar a los poderes
          fácticos sin involucrarte demasiado
          en sus acciones. Por eso me extraña
          tu repentino interés por dar la
          mano a Ken.

                      RICARDO
          ¿A quién?

                      ANA
          Ya sabes, Ken Sánchez. ¿No te
          acuerdas de cuando le llamaban así
          durante las elecciones?

                      RICARDO
          Primera noticia que
          tengo.(Mirándola extrañado) Nadie
          le ha llamado así nunca.

                      ANA
          Pues en algún lugar he debido de
          oírlo porque a mí no se me hubiera
          ocurrido tamaña chorrada.

                      RICARDO
          En fin, tanto da. En cualquier
          caso, piénsalo, todo son ventajas.
          Nos movemos del pueblo, que siempre
          me estás diciendo que no salimos de
          la cama más que para comprar el
          pan, y los dos somos celíacos.

                      ANA
          Eso es cierto. Bueno, lo de la
          celiaquía en tu caso no sé. Sigo
          pensando que simplemente eres
          gilipollas.

                      RICARDO
          Segundo, sería una especie de
          excursión, una aventura que contar
          luego a los amigos o a nuestros
          nietos.
                      ANA
          En caso de que decidamos tener
          hijos. No es nada seguro, te lo
          recuerdo.

                      RICARDO
          Sí, sí. Era una forma de hablar. Y
          tercero, podemos aprovechar y
          grabarlo todo para subirlo luego a
          mi canal de Youtube.

                      ANA
                (Sorprendida)¿Tienes un
                 canal de Youtube? Qué
                 callado te lo tenías.

                      RICARDO
          Es reciente. Me registré hace un
          par de meses.

                      ANA
          ¿Y cómo se llama?

                      RICARDO
          Esas cosas no tienen nombre. La
          gente me sigue por mi nick:
          Elricardus.

                      ANA
                (Ríe estrepitosamente)
                 Ricardo, hijo, la
                 pitopausia te está
                 afectando con muchos
                 años de antelación.

                      RICARDO
          Ríete pero tengo ya 348 seguidores.

                      ANA
          ¿Tantos? ¿De qué tratan tus vídeos?
          (se pone seria de súbito) ¿No
          habrás subido vídeos de mí
          durmiendo... O algo peor?

                      RICARDO
          En ese caso los suscriptores se
          contarían por millones, mi amor.

                      ANA
          También es verdad.

                      RICARDO
          Me grabo jugando a la consola, con
          gritos esporádicos y a veces finjo
          sorprenderme con lo que veo en
          pantalla. Ya ves, yo, que tengo el
          culo pelado de jugar... Pero bueno,
          eso no importa. La idea sería hacer
          un video-diario de nosotros en
          nuestro viaje hacia Soria.

                      ANA
          Pero yo no quiero salir. Para que
          luego me reconozcan por la calle
          como la mema que siguió a su novio
          en un viaje absurdo a través de
          Castilla en pos de un señor al que
          Pablo dijo no. Sería una buena road
          movie si la rodara Terry Gilliam.

                      RICARDO
          No tienes por qué aparecer en
          ningún plano, aunque quizá se te
          escuche de fondo cuando hablemos.

                      ANA
          Vale, tú ganas. Pero la próxima
          salida es a la playa, ¿eh?

                      RICARDO
          Entonces, ¿hacemos las maletas y
          nos vamos en busca de fortuna y
          gloria?

                      ANA
          Tampoco te emociones, que Soria
          está ahí al lado como quien dice.

                      RICARDO
          No tenía ni idea.

                      ANA
          ¿Es que no enseñan Geografía en el
          sur?

                      RICARDO
          No sabría decirte, yo me iba a la
          playa.

                      ANA
          Seguro que a ligar con suecas.

                      RICARDO
          Cómo me conoces...

Ricardo se lanza sobre Ana y comienzan a besarse. Fundido a
negro.

SEGUNDO ACTO

LA SALA DE ESTAR DEL PISO DE RICARDO Y ANA. ESTÁ A OSCURAS.
NO HAY NADIE. LA PUERTA SE ABRE Y LA PAREJA ENTRA. ENCIENDEN
LA LUZ. ESTÁN VISIBLEMENTE CANSADOS.

Ricardo y Ana se quitan los abrigos y los cuelgan de un
perchero.

                      ANA
          Cariño, ¿sabes la de veces que te
          he pedido que vayamos al Ikea y la
          de excusas que me has dado siempre
          para escaquearte?

                      RICARDO
          No eran excusas, es que simplemente
          nunca se han dado las
          circunstancias óptimas para ir a
          mirar muebles.

                      ANA
          Lo que sea, pero que sepas que
          después del día de hoy, o me
          acompañas el fin de semana que
          viene a mirar el armario para el
          cuarto de invitados o pido el
          divorcio.

Ricardo se acerca juguetón a Ana. Ella le rechaza y se
sienta en el sofá, lo cual hace también su pareja.

                      RICARDO
          Pero amor mío, si no estamos
          casados, ¿cómo te vas a divorciar?

                      ANA
          No te me hagas el imbécil, que se
          te da muy bien para según qué
          cosas.

                      RICARDO
          Vamos, mujer. Ahora me dirás que no
          te lo has pasado bien.

                      ANA
          Uy, sí. De maravilla. Dieciséis
          horas en coche por carreteras
          regionales en el sábado invernal
          más caluroso desde que se inventó
          el calendario. Y por cierto, mira
          que te he dicho veces que arregles
          el aire acondicionado del coche.

                      RICARDO
          ¿Para qué? Si bajando las
          ventanilllas ya entra el fresquito.

                      ANA
          Para fresquito el de tu p...

                      RICARDO
          Ya sé lo que te pasa. Estás molesta
          porque aquel pastor te dijo que
          estabas plana.

                      ANA
          No es eso. Aunque no sé a qué vino
          ese comentario.

                      RICARDO
          La proverbial sinceridad de los
          hombres de campo.

Ana mira furiosa a Ricardo. Cruza brazos y piernas. No dice
nada. Se queda mirándolo durante unos instantes, tras los
cuales aparta la mirada.

                      RICARDO
          Era broma, cariño. ¿Cómo vas a
          estar tú plana con esos cántaros de
          miel que a mi me sulibeyan?

                      ANA
          ¿Y por qué no le dijiste nada?

                      RICARDO
          Todavía no nos había dicho por
          dónde quedaba el prado donde estaba
          dando el mitin Pedro.

                      ANA
          Para lo que sirvió... Yo creo que
          aquel paleto vio tu cara de pánfilo
          y reconoció a un igual. Y pese a
          ello, nos mandó al descampado
          equivocado.

                      RICARDO
          Creo que parte de culpa es mía. Con
          tanta rotonda me lío con las
          salidas. Lo que para un hombre es
          la tercera, para otro es la
          segunda.

                      ANA
          Y menos mal que nos llevamos la
          cámara sin batería. Si llegamos a
          grabar algo hubiéramos tenido que
          pagar a Youtube para que nos viera
          alguien.

                      RICARDO
          Ya es mala suerte. Y yo que
          esperaba conseguir el éxito y el
          respeto de los youtubers con la
          narración de nuestro viaje...

                      ANA
          ¿Quién querría ver diez horas de
          labriegos rascándose la cabeza, de
          vueltas y vueltas a las rotondas
          castellanas y las cuatro horas que
          estuvimos parados en la estación de
          servicio porque te quedaste
          encerrado en el baño?

                      RICARDO
          Si hubiera grabado lo que vi allí
          dentro, sería firme candidato al
          Oscar. Y con lo demás, un poco de
          montaje y tendríamos entre manos el
          Apocalypse Now español.

                      ANA
          El mundo llorará esa pérdida. (Se
          levanta, algo más animada) En fin,
          dejemos el asunto. ¿Qué hacemos
          mañana?

                      RICARDO
          Verás... Había pensado...

                      ANA
          No me gusta cómo suena eso.

                      RICARDO
          ¿Y si vamos a Burgo de Osma?

                      ANA
          Esa mujer te estaba tomando el
          pelo, Ricardo.

                      RICARDO
          ¿Cómo puedes dudar de la palabra de
          una farmacéutica? Si dice que Pedro
          se reunirá con los militantes allí,
          yo la creo.

                      ANA
          No pienso hacer el canelo más, al
          menos en lo que queda de mes.

                      RICARDO
          Pero amor...

                      ANA
          He dicho que ni hablar. Si quieres
          ir detrás de un hombre, conmigo no
          cuentes. Y mira que yo soy muy
          liberal pero me suena raro hasta a
          mí.

                      RICARDO
          ¿Voy a tener que ir solo entonces?

                      ANA
          Pero vamos a ver, ¿qué te ha dado a
          ti con Pedro Sánchez? Si es un
          inútil que no ha sido capaz ni
          de... De nada. Es que no vale ni
          para hacer chistes. Es una nulidad,
          un cero a la izquierda, el signo
          más en un número positivo, la pera
          en una macedonia de frutas...

                      RICARDO
          ¿Es que no lo ves? Es aquel al que
          esperan los militantes, el elegido,
          el que traerá el equilibrio a la
          izquierda.

                      ANA
          Y la llevará al centro. Como
          Isidoro.

                      RICARDO
          Eso me ha dolido. ¿Sabes qué? Me
          voy a ir ya. De noche se conduce
          mejor.

                      ANA
          ¿No te llevas la cámara?

                      RICARDO
          No tengo tiempo de cargar la
          batería. Dicen que han visto el
          coche de Pedro en la nacional 122 a
          la altura de Calatañazor. Con
          suerte llegaré poco después de
          él.(Se acerca a una mesa y coge el
          móvil)

                      ANA
          (Mientras se marcha Ricardo, que no
          la escucha) ¿Pero quién te lo ha
          dicho si solo estamos nosotros dos?
          (hablando para sí misma) Al menos
          esta vez se ha acordado de coger el
          móvil.

Cae el telón sobre el escenario.

TERCER ACTO

LA SALA DE ESTAR DEL PISO DE ANA Y RICARDO. ESTÁ
ATARDECIENDO. EL SOL CREPUSCULAR SE CUELA POR LA VENTANA.

Ana, con ropa veraniega, está limpiando mientras escucha la
radio.

                      VOZ DE LA RADIO
          Y en el plano político, mañana dará
          inicio el congreso socialista en el
          que los militantes del PSOE
          elegirán al que será su nueva, o
          nuevo, secretario general.

Llaman a la puerta.

                      ANA
                (Mirando a un reloj que
                 hay colgado) ¿Quién
                 será? Es demasiado
                 pronto para que haya
                 vuelto. (Abre la puerta
                 y entra Ricardo)
         
                      RICARDO
          ¡Ana, cariño! (se abalanza sobre
          ella. La abraza. Ella se ha quedado
          helada. Cuando intenta besarla,
          ella le aparta)

                      ANA
          (Visiblemente sorprendida, turbada)
          Ricardo... Qué sorpresa... ¿Qué
          haces aquí?

                      RICARDO
          Vivo aquí, ¿no? (sonríe)

                      ANA
          Pero, ha pasado...

                      RICARDO
          Lo sé, y lo siento mucho. He estado
          fuera varias semanas y no he dado
          señales de vida, pero se me cayó el
          móvil en una alberca de Cabrejas
          del Pinar y no hubo manera de
          sacarlo. (Se sienta en el sofá) No
          te puedes imaginar por todo lo que
          he pasado. (Ana se sienta,
          incómoda, mirando a su alrededor)

                      ANA
          No termino de hacerme a la idea de
          que estés aquí.

                      RICARDO
          Pero lo estoy, amor. Lo logré.
          (sonríe como un maníaco) Creías que
          no lo lograría pero lo conseguí.

                      ANA
          No sé a qué te refieres.

                      RICARDO
          Será verdad...

                      ANA
          Ah, ya. ¿Viste a Pedro Sánchez?

                      RICARDO
          No solo lo vi. Fue mucho más que
          eso. (sacude su cabeza) Pero déjame
          que te cuente desde el principio.
          No te voy a engañar. Después de
          marcharme de casa estaba muy
          enfadado. Quería que me
          acompañaras, que compartieras mi
          pasión, pero durante las solitarias
          horas que estuve conduciendo
          mientras escuchaba Hablar por
          hablar, hice las paces conmigo
          mismo y comprendí que no podía
          arrastrarte contra tu voluntad. Me
          encontraba en un viaje iniciático
          en el que pretendía encontrar la
          razón de mi existencia.

                      ANA
          A ver, Ricardo, échame el aliento.

                      RICARDO
          Minutos después de que amaneciera,
          con el sol despuntando tras unos
          montecillos que se recortaban en el
          horizonte y que servían de fondo al
          lienzo que formaban las abigarradas
          casas del pueblo, llegué a Burgo de
          Osma. Con los jilgueros aún
          desperezándose, me adentré en el
          centro de pueblo y aparqué junto a
          un bar. Necesitaba despejarme y
          comer algo, porque desde el
          sandwich de pavo que comimos la
          tarde anterior no había probado
          bocado, así que entré a tomarme un
          pincho de tortilla y un café. Con
          la tortilla no tuve suerte porque
          la cocina estaba cerrada, pero el
          café doble me despertó para el
          resto del día. Era un café negro,
          puro, sin los edulcorantes de
          ciudad propios de gentes
          refinadas...

                      ANA
          Todo eso está muy bien, pero
          ¿podrías saltarte los detalles? Es
          que tengo prisa.

                      RICARDO
          Está bien. Ya te contaré más tarde
          la historia de la tortilla y el
          descuartizador de Palencia. A lo
          que iba, ya con el estómago lleno y
          el ánimo que ello conlleva, le
          pregunté a una señora que iba al
          mercado si sabía dónde podría
          encontrar la Casa del Pueblo del
          PSOE. Cuando la buena mujer me dijo
          que la habían quemado los
          nacionales en el 37 se me heló la
          sangre. Estaba en territorio de la
          derecha. Corrí hacia el coche y
          salí como alma que lleva el diablo.
          Por suerte puse la radio...

                      ANA
          ¿No podrías abreviar un poco?

                      RICARDO
          ¿Qué prisa tienes? Todavía queda
          tiempo para cenar. Además, para
          celebrar mi vuelta podemos comer
          fuera.

                      ANA
          Sobre eso...

                      RICARDO
          Vale, vale. Te contaré la versión
          abreviada, pero luego no vayas
          diciendo por ahí que te quedaste
          con ganas de más, ¿eh? (le guiña un
          ojo) Estaba confuso y desorientado.
          ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Volver a
          casa? ¿Después de todo lo que te
          había montado?

                      ANA
          Hubiera estado bien, sí.

                      RICARDO
          Las circunstancias, ya sabes...
          Además, pinché una rueda sin saber
          muy bien cómo y tuve que pararme a
          un lado del arcén. Allí estaba yo,
          en mitad de ninguna parte, rodeado
          de árboles y matorrales.
          Desesperado porque me había dejado
          el gato en el altillo...

                      ANA
          Mira que te lo he dicho veces.

                      RICARDO
          Ya lo sé. No me lo recuerdes más.

                      ANA
          Visto está que no lo he hecho lo
          suficiente. Pero vamos, que a mí a
          estas alturas...

                      RICARDO
          Vale, tú ganas. Lo que te decía. El
          pesimismo se había adueñado de mí.
          Estaba a punto de echar a andar y
          dejar atrás el coche cuando, ¿a que
          no sabes quién apareció montado en
          una moto?

                      ANA
                (Irónicamente) No me lo
                 digas. El Rey.
         
                      RICARDO
          Nada de eso. ¡La Guardia Civil! Al
          fin sirven para algo. Y he de decir
          que el agente fue muy amable y me
          ayudó a cambiar la rueda con las
          herramientas que llevaba. Eso sí,
          me metió 300 euros de multa.

                      ANA
          Podría haber sido peor. Podría
          haber sido el Rey y que te hubiera
          metido... Otra cosa.

                      RICARDO
          Muy graciosa, Ana. Cuando se
          despidió decidí que vagaría un par
          de horas sin rumbo en busca de una
          señal del dios socialista y si no
          obtenía ninguna, desistiría. En
          esas estaba, cuando recibí un
          mensaje del destino en forma de
          boletín radiofónico. Pedro se
          encontraba en Alcubilla del
          Marqués, a pocos kilómetros de mi
          posición. Y ahí ya sí. Deberías
          haber visto cómo estaba el pabellón
          deportivo donde estaba arengando a
          las masas. ¡Abarrotado! Me quedé
          embelesado escuchándole hablar de
          esperanza, de un futuro libre de
          Populares donde la libertad sería
          la menor de nuestras
          preocupaciones. Por desgracia,
          aunque estuve esperando junto al
          escenario para acercarme a él en
          cuanto terminara, recibí la llamada
          de la naturaleza y tuve que ir al
          baño. La suerte no estaba conmigo y
          me quedé encerrado por culpa de un
          pestillo oxidado. Cuando logré
          salir con la ayuda de los bomberos,
          ya se había marchado. Le seguí
          durante días por aldeas y cañadas
          reales, siempre un paso por detrás
          por mucha prisa que me diera,
          forzando la rueda de repuesto, que
          ya sabes que solo debe servir para
          llegar al garaje más cercano. Ahí
          fuera, en el rincón más desconocido
          puedes encontrarte cosas que van
          más allá de la lógica. Por ejemplo
          en el pueblo de Berzosa, donde
          tienen el billete de 500 euros más
          pequeño del mundo, invisible a
          plena vista. Necesitas de toda tu
          imaginación para poder verlo. En
          todos los pueblos era lo mismo.
          Cuando me paraba a preguntar si
          habían visto a la comitiva
          socialista, me contaban hechos
          increibles realizados por nuestro
          líder. Un mecánico de Valdeabín me
          contó cómo Pedro había hecho que su
          tío encontrara trabajo con solo
          enseñarle su carné del partido. No
          le creía y me llevó a casa del
          interfecto para que lo viera. Y
          allí estaba, el carné milagroso,
          colocado en un improvisado altar
          escoltado por un busto de Felipe y
          de Solchaga junto a la primera
          nómina. En Nafría de Ucero me
          contaron cómo obró el milagro de
          las porras y el chocolate en el que
          repartió churros a todo el pueblo
          en colaboración con la churrería
          del pueblo, cuyo dueño quería
          arrendar un solar municipal para
          ampliar el negocio, y en un pueblo
          que no nombraré, expulsó al
          concejal de urbanismo de un
          ayuntamiento poseído por el Partido
          Popular. En Valdemaluque al fin di
          con él y pude verle cara a cara.
          Estaba en una calle céntrica de la
          localidad rodeado de simpatizantes.
          El murmullo de sus conversaciones
          se confundía con el de las
          chicharras que se tostaban al sol
          en las cortezas de los escasos
          árboles que salpicaban las aceras.
          De pronto se hizo el silencio,
          Pedro cogió a un chiquillo que
          pasaba por allí y que el destino
          quiso que fuera sobrino de la
          hermana de su cuñada y le dijo: "Ve
          a la Casa del Pueblo y escribe los
          nuevos estatutos del partido, unos
          en los que el pobre vea mermada su
          pobreza, en los que los excluidos
          encuentren su lugar, en los que los
          indignados hallen paz para su
          espíritu atribulado y bajo los que
          los socialistas puedan cobijarse
          con la seguridad y el orgullo de
          que no se está traicionando a su
          pasado ni vendiendo su futuro. Si
          te ponen pegas di que Pedro el
          resucitado te envía. Ten, cinco
          duros para que te compres un polo
          flash por el camino, que la
          canícula aprieta". Y el chiquillo
          corrió como el viento en primavera
          impulsado por los gritos de ánimo
          de los presentes, soñando con un
          polo de Coca Cola.

                      ANA
          (Con el gesto grave) Todo eso está
          muy bien, Ricardo, pero...

                      RICARDO
          ¿Ocurre algo? ¿Ha envenenado Susana
          a Pedro en el tiempo en que venía
          hacia aquí?

                      ANA
          Mira... No esperé que las cosas
          sucedieran así. De hecho pensé que
          no regresarías jamás de la meseta.
          Creí que habrías cruzado la linde
          equivocada o bebido de un pozo
          envenenado o quizá hubieras
          conocido a una granjera que te
          hubiera ordeñado...

                      RICARDO
          ¿Pero qué dices? ¡Yo nunca te sería
          infiel!

                      ANA
                (Mira al suelo) Ya...
                 Pero, compréndelo, han
                 sido seis semanas.
                 ¿quién es capaz de
                 esperar tanto sin perder
                 la esperanza?
         
                      RICARDO
          Pedro ha esperado seis meses antes
          de retornar a la presencia de sus
          militantes, ha caminado por el
          valle de la amargura, soportando la
          tentación de Felipe, las presiones
          de Cebrián...

                      ANA
                (Furiosa) ¡Pedro! ¡Pedro!
                 ¡Pedro por aquí! ¡Pedro
                 por allá! Siempre Pedro.
                 ¿Y qué pasa conmigo
                 Ricardo? ¿Qué pasa con
                 mis sentimientos? ¿Acaso
                 por ser la hija de un
                 fontanero no merezco tu
                 atención? ¿Acaso valgo
                 menos que un
                 ex-secretario de un
                 partido en ruinas?

                      RICARDO
          Exsecretario por poco tiempo. Su
          triunfo está cerca.

                      ANA
          Vete al infierno, Ricardo. Mira,
          ¿sabes qué? No quería ser tan
          brusca pero mejor así. He conocido
          a... (se arrepiente a media frase y
          calla)

Se escucha ruido en la puerta, alguien ha introducido las
llaves y no puede abrirla. Al otro lado suena una voz
mientras llama a la puerta.

                      AMANTE
          Ana, cariño. ¿Estás ahí? No puedo
          abrir. ¿Te has dejado las llaves
          puestas otra vez?

                      RICARDO
                (Empieza a comprender lo
                 que pasa) Ana, tú no
                 me...

Segundos de silencio. La tensión se palpa en el ambiente.
Ricardo apenas puede contenerse. Se mueve inquieto en el
sitio.

                      RICARDO
          Por favor, dime que por lo menos no
          tiene coleta.

Ana parece que va a decir algo, pero desiste y gira la
cabeza hacia otro lado. La oscuridad cae sobre el escenario.
                      FIN
                     

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