Roadside Picnic

Iba por el paseo tan tranquilo cuando el viento juguetón creo remolinos en mi pelo con cómico resultado. Alcé mi mano para atusármelo para no atraer demasiadas miradas sobre mi, cuando a lo lejos vi a una señora que a un perro paseaba responder a mi ademán con un efusivo saludo.

Me giré disimuladamente fingiendo una ligera contractura en el cuello y vi que no había nadie más a quien pudiera ir dirigido aquel gesto. Lo peor fue cuando vi que la mujer permanecía parada mientras yo me acercaba a ella con multitud de dudas merodeando por mi cabeza: ¿Tenía que decirle algo? ¿Me diría algo? ¿Cual es el protocolo en estas situaciones? ¿Se puede saludar a alguien a lo lejos y luego pasar a su lado sin decirle nada?

El caso es que la mujer me miraba fijamente con una sonrisa anclada en su boca sin hacer ademán de continuar su camino o preocuparse por lo que hacía su perro con el tronco de una palmera. Y me hizo dudar. ¿Acaso la conocía y la había olvidado? Ni vecina, ni compañera de pupitre o casual acompañante de paseo... Tampoco había salido con ella, eso estaba claro. Parecía inteligente. ¿Quizás una tuitera anónima que me habría reconocido? Todo el mundo sabe que detrás de las cuentas de Twitter se esconde un ejército de chinos intentando que la empresa crezca, Facebook termine por comprarla y peguen tal pelotazo que puedan dejar de pasar el fin de semana buscando oro en el World of Warcraft, así que eso no podía ser... ¿Quién diantres sería esa mujer?

Total, que me dio dos besos y recuerdos para la prima Amparo, la cual por cierto se ha separado y se ha echado un novio guineano según le dije. Así que si hay una chica llamada Amparo leyendo el blog con una prima que pasea su cocker spaniel por la costa, que sepa que la llamará mañana para ver si es verdad lo que dicen de los negros.
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