Running on empty

Primero fue el jogging, ahora es el running, anglicismos cool que sirven para ocultar lo mundano y castizo de correr hasta que se te caigan las cejas del cansancio. La nueva moda que ha pegado fuerte, al menos en la costa, donde no es raro ver a decenas de "runners" dejarse el resuello a lo largo del paseo marítimo. Por un momento es agradable ver correr por allí a alguien que no sea un guineano con la policía pisándole los talones, luego el bamboleo aleatorio de los pechos de las corredoras te alegra el día pero más tarde, pasan a formar parte del paisaje, como las gaviotas o los vagabundos artistas de la arena y la única atención que les prestas es para esquivar a alguno que del esfuerzo ya no sabe si corre hacia su casa o hacia el ambulatorio más cercano, con la mirada ida, el rostro rubicundo y sudoroso y una trayectoria en zig zag con la que de seguro serían un blanco difícil para un francotirador.

Y es que parece que si el siglo de Oro español nos trajo grandes titanes de la literatura, ahora que el país está de nuevo en la ruin ruina, este nuevo amanecer dorado amenaza con crear una raza de superespañoles ciclados que tan pronto se ventilan una maratón como te levantan en vilo. Nunca pensé que viviría para decir esto, pero en este país el negocio más rentable ya no es un bar, es montar un gimnasio. Un alto porcentaje de la gente que conozco, de todo tipo de extracto social para que no se diga que solo me codeo con seguidores de Paquillo Fernández, se ha apuntado o piensa apuntarse a uno en un futuro cercano.

Los gimnasios son las ágoras del siglo XXI donde se discuten los problemas de la sociedad y se filosofa sobre los misterios de la vida como ¿por qué no me crecen los músculos si llevo haciendo pesas 14 meses? Al menos supongo que así serán ahora. Cuando yo solía frecuentarlos, el único tema de conversación eran las mujeres y los coches, mujeres sobre coches, coches con mujeres dentro, mujeres que miran coches desde la distancia... y creo que ya no quedan más permutaciones. No me quedé el tiempo suficiente para descubrirlo. Era un gimnasio de la vieja escuela, donde si preguntabas cuándo era la clase de pilates te respondían con un "Vuélvete a Chueca, invertido", la máquina más moderna era el reloj calculadora del "entrenador personal" y los clientes... bueno, iba yo, con eso está todo dicho.

Pero tras algunos años sin poder moverme de casa por el riesgo a morir congelado junto al supermercado de mi barrio, he decidido empezar a hacer algo de ejercicio físico. Mi motivación es estar en forma para enfrentarme al colapso de la sociedad, como buen fan de la trilogía de Mad Max que soy. No se por qué entrenan los demás. No me he atrevido nunca a preguntarle a alguno de los corredores anónimos con los que me cruzo. Les veo con sus cascos conectados a sendos ipods amarrados a su antebrazo, con la férrea convicción de llegar un metro más allá que el día anterior, aunque por el paseo marítimo de mi pueblo suele andar uno con la mirada permanentemente clavada en su iPad (Y entre los múltiples usos que Steve Jobs ideo para el aparato seguro que no estaba correr con él en la mano aunque sea por lo ridículo de la estampa) Por ello decidí salir a correr por la noche, esquivando, no ya a tranquilos jubilados de Cuenca, que lo hace cualquiera, sino a fornidos y borrachos ingleses que se arrapiñaban en los pubs frente al paseo para animar a su selección. Tras media hora de sufrimiento, acabé estampado contra uno, por fortuna tan alcoholizado que bastó con un agónico ¡England! por mi parte para que se le pasará el enfado y me invitara a una cerveza. No es que me sirviera de mucho correr, pero al menos hice un amigo.
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2 comentarios:

  1. Correr está bien, hombre. Yo soy niña de gimnasio totalmente, aunque rara vez estoy en forma de verdad. Mi motivación, en cualquier caso, es poder correr bien lejos y que no me cojan el día que me haga falta. Nunca se sabe, ¿no?

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  2. Como motivación es muy buena si. Al final correr sirve para eso, para que no te cojan. A menos que quieras claro :)

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