¿Por qué lo llaman descanso cuando quiere decir sexo en el sofá?

Corría el triste invierno de 2009. Europa aún seguía intentando zafarse de las intrincadas redes de la crisis económica que los Estados Unidos y sus hipotecas subprime habían lanzado contra ella, causando graves perjuicios a su industria y sus exportaciones; y en los distintos paises de la Unión, jóvenes desesperanzados por el desempleo y la falta de un futuro estable en el que desarrollar su carrera, buscaban con denuedo por miles de portales web de búsqueda de empleo (y alguna porno verían pero solo para desestresarse y seguir buscando con más ánimo) una oferta que cubriera sus expectativas laborales.

En la próspera Holanda un atractivo ciudadano llamado Renart (omitimos su nombre real para evitar problemas legales) respondía melancólico a sus cientos de admiradoras. Cada día inundaban su buzón con mensajes de todo tipo. En unos, fervorosas valonas le declaraban su amor incondicional, en otros le pedían un hijo, otras simplemente se conformaban con que les dijera qué champú usaba para el pelo... (aunque su secreto estaba en el acondicionador) Lo que para muchos hubiera sido motivo de satisfacción, llenaba al bueno de Renart de una profunda tristeza, pues la admiración que le profesaban las chicas no era correspondida. No había entre las autoras de aquellas misivas digitales, ninguna que provocara un torrente de mariposas batiendo sus alas en su estomago, figura retórica que por otra parte causaba ciertas dudas sobre su sexualidad. Mas aquella lluviosa mañana de febrero las hadas de la fortuna tuvieron a bien iluminar su destino y en su habitual visita a la web de Monster, encontró el anuncio de una desconocida empresa de testeo de videojuegos, ubicada en Canadá.

Sin pensarlo un instante envió su solicitud y tras unas semanas de espera, con una sencilla prueba escrita de por medio, recibió la confirmación de que había sido elegido para el puesto de tester lingüístico holandés en el remoto pueblo de Sainte Adele.

Hizo las maletas con un nudo en la garganta pues desconocía el idioma de los francos, que era el que se hablaba en aquella región de Canadá y por ello no podría entablar conversación con las féminas del lugar, teniendo que postergar así durante lo que durara su contrato, la búsqueda de la mujer que llenara su corazón y convirtiera sus solitarias noches en un espacio de confidencias y risas.

Tras un tortuoso y desesperante viaje en el cual estuvo a punto de despeinarse dos veces, hubo de utilizar sus encantos para que la agente de aduanas le dejara pasar y no le retuviera en las oficinas de inmigración más tiempo del necesario por culpa de un perro policía en sintonía con el aroma del cáñamo, en el que están impregnados todos los holandeses. Una vez más su mirada Stronjen con media sonrisa y guiño izquierdo le salvó de un apuro.

En su diario personal recogería sus primeras impresiones sobre el pueblo en el que había decidido vivir: un inmenso estercolero donde la alegría decide pasar de largo los meses de invierno, en los que más vale tener a mano un revolver con el que poner fin a tu vida antes que vivir enclaustrado en una nívea prisión sin muros. Claro que eso mismo escribía de todos los sitios que visitaba, incluido Disneylandia.

El cielo plomizo con el que le recibió su primer día de trabajo era una metáfora perfecta de sus ánimos en el momento en que cruzo las puertas de la empresa. La primera persona a la que conoció fue a la recepcionista, una nativa de nivel 7 en la escala Renart de sensualidad, que le invitó a pasar a una sala donde le esperaban el resto de sus nuevos compañeros para iniciar un pequeño cursillo donde aprender a desarrollar su trabajo de manera eficiente.

Allí conoció a gente muy dispar: un sueco muy alegre al que un par de cuervos solían acompañar a todas partes, un francés de Puerto Rico, una española bastante atractiva a la que incluiría en su lista de mujeres a conquistar, y aparte de alguno más, un español llamado Moriarty, un tipo siniestro de sonrisa falsa, mentón prominente y manos de tahur, con cierta afición a mirar de soslayo los senos del último miembro de aquel heterogéneo grupo, una alemana rubia y pizpireta cuyo nombre rememoraba la gloria del viejo imperio germano: Federica. Un nombre un poco rudo pero la chica tenía un buen cuerpo y Renart no pudo evitar caer en sus sensuales redes.

Por suerte para él, era el soltero más dotado en decenas de kilómetros a la redonda y solo dos días después, ya estaban rozandose disimuladamente por las pasillos de la empresa, domeñando su pasión en los baños y borrando sus perfiles en Badoo, pues no necesitaban buscar más a su pareja ideal: la habían encontrado.

Y ocurrió que Cupido agitó sus alas y dejó sin proyectos a la empresa. Mientras Moriarty alcanzaba la gloria derrotando a las huestes de Shredder en la aventura de acción para Nintendo DS "TMNT Arcade Attack", Renart y Federica se veían libres de trabajo y pasaban las horas abrazados o cogidos de la mano, dedicándose arrumacos en los bancos frente a las oficinas. Sin embargo allí podían ser vistos con facilidad, por lo que, con cierta picardía, Renart sugirió a su amada guarecerse de miradas ajenas en la sala de juegos, dispuesta para el ocio y el relajo de los trabajadores. La habitación estaba perennemente dominada por las penumbras y no solo eso, disponía de dos cómodos sofás donde poder dedicarse al desenfreno amoroso sin temor a sufrir de cervicales o problemas de espalda.

Aunque debería haber algún quebecois perdiendo el tiempo jugando al hockey, la sala se encontraba vacía. Los cantos de sirena que entonaba el mullido tresillo que dominaba la estancia eran demasiado sugerentes como para resistirse a ellos y pronto se hallaron semirecostados en él, en una orgía de besos y caricias, inadecuada para ser emitida por el canal Playboy. La intensidad de su pasión fue en aumento, hasta hacerles olvidar de donde se encontraban. Federica se sentó a horcajadas sobre él y comenzó a devorar sus labios mientras las manos de Renart se introducían bajo su ancha blusa, cartografiando cada centímetro de su piel, encendiéndola hasta el punto de perder la cordura y empezar a desabrocharle el abultado pantalón, lo cual hubiera conseguido de no ser porque en ese momento apareció el malvado jefe de planificación y les pilló con las manos en la masa, arruinando una tórrida relación y el video amateur que estaba grabando en secreto el bedel y con el cual pensaba asegurar su jubilación.

Días más tarde la exhibicionista pareja regreso a Europa, porque así lo habían decidido, aunque siempre quedó la sospecha de un despido improcedente por la exuberancia de su cariño. Con todo, lo peor fue la retirada de los sofás de la sala de juegos, con lo que nadie pudo volver a dormir a pierna suelta allí. Aunque esa, es otra historia.

Une poutine s´il vous plait.

Una sensación de pesadez en el estomago, malestar general y una noche de insomnio dando vueltas en la cama, eso es lo que me ha dejado de recuerdo la primera poutine del año. Para el que no lo recuerde o sea nuevo en este blog además de profano en la gastronomia quebecois (quebequeño me suena muy mal) la poutine es el plato típico de la región, se podría decir que el único, consistente en patatas fritas, queso chicloso y bastante ruidoso cuando se mastica y un buen chorreón de salsa gravy (de carne indeterminada) regando el conjunto, que se suele servir en un plato de corcho blanco. Dependiendo del establecimiento puede ir acompañado de diversos ingredientes, algunos incluso saludables, como salsa boloñesa, verduras, ternera, pollo, tofu...

Cosa importante es no tomarla en cualquier lugar al que nuestros pies nos lleven. Recomiendo encarecidamente que si visitáis Montreal o alrededores, os desviéis de vuestra ruta unos cuantos kilómetros y os acerqueis a un pequeño local de Sainte adele al que los lugareños tiene a bien llamar "Mon oncle" pero que para los foráneos que vivimos allí, no es más (ni menos) que "El palacio de la poutine" donde los más refinados gourmets acuden a rendir pleitesía a su orondo y simpático dueño, que recibe a sus clientes frente a un altar de patatas de color amenazador. El restaurante es considerado por un prestigioso diario canadiense como el tercer mejor lugar donde comer poutine de todo Québec, que es como decir de todo el mundo, pues no se puede encontrar en otro lado tan carismático plato.

La peculiaridad de este sitio es que cierra durante los meses de invierno, cosa que se puede permitir perfectamente pues el preciado tiempo que sus puertas permanecen abiertas al público, por sus puertas fluye una riada de gente, desde hambrientos transeuntes y ángeles del infierno jubilados hasta apocados trabajadores españoles que han jurado fidelidad a la poutine hasta la muerte.

Tantas horas echadas ahí dentro...

I was only 19 - Guerra Mundial Z

Resulta extraño para el lector crítico leer la recomendación de la banda sonora de un libro, pero ese es el caso de esta canción de un total desconocido para el público hispano como es el grupo australiano Redgum. Al fin y al cabo de Australia solo sabemos que es el hogar de paletos como Cocodrilo Dundee y el koala Mofli y que además de allí partía el avión de Lost. Es más, a lo mejor lo que está al oeste de la península es Australia y no Portugal.

La canción cuenta la experiencia de un chaval que abandonaba la adolescencia en plena jungla de Vietnam y es nombrada con frecuencia en la obra cúlmen del género zombi de Max Brooks "Guerra Mundial Z", una original novela en formato de entrevistas a los supervivientes de la guerra global no declarada contra los zombis, bajo un planteamiento realista de la situación, mostrando los puntos de vista de un amplio abanico de personas que se vieron envueltas en la vorágine bélica sin quererlo, como el joven recluta de la canción al que meten en un helicóptero hacia Nui dat dejando atrás una vida que pensaba duraría para siempre.

Una lectura recomendada mientras dure la fiebre por los muertos que caminan en la que nos hayamos sumergidos y que como ocurre con la fama de David Hasselhof, nos atormenta periódicamente con productos simplones, zafios y repletos de miembros desgarrados.



En Laponia hace frío

Cruel, despiadado, inmune a las súplicas, sin remordimientos, sin conciencia de algún tipo... Así es el frío, enemigo despiadado de los invasores de la santa Rusia, elemento fundamental en el devenir histórico, y algo muy sufrido de vivir cuando tienes que ir a trabajar a las 7 de la mañana.

Con todo, no se puede decir que los dos inviernos que he vivido aquí hayan sido demasiado duros para lo que son los estándares canadienses, pero para alguien acostumbrado a pasear en ropa interior durante todo el año y a pernoctar en las más variopintas comisarias, el contraste fue algo más que notable: fue catastrófico. Aun así tuve la suerte de vivir el cambio en el clima de forma gradual, desde las destempladas mañanas de verano hasta las gélidas noches de invierno, pasando por un amplio abanico de temperaturas, con lo que tuve tiempo de adaptarme y conocer las reglas de supervivencia a bajas temperaturas (además me vi un par de episodios de "El ultimo superviviente" y me leí el manual de operaciones de combate en el Ártico, por lo que si algún día me encuentro con un comunista, ya se como acabar con él y luego comérmelo para obtener valiosas proteínas)

La regla nº 1 a la hora de salir a la calle, pues tenemos claro que por desgracia no podemos quedarnos en casa siempre, es la teoría de la cebolla. De nada vale cubrirnos únicamente con un voluminoso abrigo de chinchilla, si acaso existe ese mítico animal o como muchos pensamos, no es más que un sinónimo de rata adinerada. Si tienes pareja es distinto pues vestido así solo puedes ir a un lado y el furor "interior" hará que no sientas el frío ni el calor ni ninguna sensación que no comience en tu bajo vientre, pero para los solteros lo más aconsejable es portar varias capas de ropa al estilo de las "plañideras" verduras, para que las bolsas de aire que se forman entre ellas, impidan que el calor que irradia el cuerpo escape a la atmósfera y con él, pedazos de nuestra vida.

Otra cuestión importante es el calzado, sobre dos pares de calcetines por supuesto. Botas duras y que cubran por encima del tobillo son esenciales pues en no pocas ocasiones deberemos meter la pierna hasta la rodilla en la fría y húmeda nieve. En cualquier caso, no hay que preocuparse, pues no es muy difícil encontrar en las tiendas calentadores de pies y manos con los que evitar la aparicion de sabañones y la pérdida de valias falanges cuya ausencia dificultaría nuestra vida sexual (el que la tenga). Otras prendas con las que proteger nuestro busto, y cuando digo busto no me refiero a los pechos, que para protegerlos a esos ya están mis voluntariosas manos, son la socorrida braga con la que cubrirnos hasta la nariz, el típico gorro de lana que nos librará de un buen dolor de cabeza en mas de una ocasión y algo que yo llamo la "cuellera", una prenda de lana circular no muy extensa con la que cubrir nuestro cuello, pues aquí las bufandas son para vestir durante el otoño. No son nada prácticas en invierno. Para aquelllos que sean cuellilargos, puede que les quede algo corta, pero para los Fernando Alonso del mundo, les sobra la mitad.

Otro complemento que nunca viene mal son unas orejeras, calcetines con pilas para calentar los pies mas fríos, y pantalones de nieve, que nos protegerán de ella y nos calentaran por un módico precio. Si, y todo eso debes ponerte cuando te despiertas tarde y debes salir de casa en cinco minutos. Hay veces en que es mejor perder una falanga, total, para lo que lo voy a usar.

En cualquier caso, no hay que tomarse a risa el frío, ni pensar que porque estamos en un lugar donde es posible la vida humana (algunas casas hay por aquí), no nos va a pasar nada. En cierta ocasión tuve que volver a casa a eso de las 8 de la tarde, siendo noche cerrada y con el vaho helado empapando mi ropa mientras caminaba durante 3 o 4 kilómetros a más de una decena de grados bajo cero. Cometí el error de no proteger demasiado mis piernas y pronto empecé a sentir un leve dolor en las pantorrillas que a medida que pasaban los minutos se fueron volviendo rojizas (no es que las mirara en ese momento pero es lo que suele ocurrir) para a continuación ser asaeteadas por centenares de frías agujas cuyo dolor se hizo patente hasta que llegó un momento en que me veia caminando sobre una nube pues había dejado de sentir las piernas. Basta con ponerse en la piel del veterano John Rambo para saber que no es una sensación agradable que no recomiendo a nadie.




Verlo y entrarte un ligero escalofrío, es todo uno.

Back to the curro II

Es curioso cómo la ausencia de la gente con la que te llevabas bien se acentúa con la presencia de aquellos a los que desearías patear sus partes nobles de forma periódica. En realidad no es para tanto, pero no lo había sentido de primera mano hasta que llegó mi primer día de trabajo en esta nueva etapa. Demasiadas caras familiares se habían marchado ya, y tantas otras amenazaban con hacerlo en un futuro próximo. Por ello, ante la posibilidad de quedarme un poco más solo, una ligera perturbación se extendio por el fino tejido de mi confianza, hasta que recordé que el año pasado me había lanzado sin paracaídas alguno sobre este pueblo del que lo desconocía todo, incluso su grafía correcta.

Así pues respiré hondo y crucé la puerta del vetusto edificio que alberga  las oficinas de mi empresa. Unos dirían que es de estilo colonial clásico, pero a mi me parece un edificio okupado por la junta directiva en el que se instalaron definitivamente ante la pasividad de las autoridades. Puede que algún día venga los GEOS canadienses a obligarnos con la amabilidad de sus porras a abandonar las instalaciones.

Jamás se me hubiera ocurrido imaginar que hubiera tanta gente que pudiera recordarme (de una forma agradable sobre todo) Y aquel primer día, que pese a la cercanía en el tiempo se pierde ya en el recuerdo, lo pasé a medio camino entre el rubor y el agradecimiento por las muestras de afecto de los que habían sido mis compañeros. Incluso una alemana llegó a abrazarme, lo cual, si la vida real dispusiera de ellos, podría considerarse como un logro desbloqueado. Eso si, me clavó los pinchos de su muñequera en la espalda, para que no se diga que los germanos son suaves.

Por motivos de confidencialidad no puedo dar datos sobre mi trabajo, más allá de que en estos momentos no dispone de muchos proyectos por lo que ya el primer día pedí la tarde libre y en el segundo, me colocaron donde acaban todos aquellos que no tienen una función especifica en el organigrama y no pueden despedir porque es sobrin@ del jefe: recursos humanos.

Mi tarea consistía en realizar sendas entrevistas telefónicas a los aspirantes a entrar en la maravillosa industria del testeo de videojuegos. Allí me vi con una pila de curriculums y un teléfono fijo al que hace no muchos años hubiera sido incapaz de enfrentarme. Sin embargo no me costó mucho descolgar el auricular y marcar el primer número, cosas de la edad y de que te importe un pimiento cualquier cosa que no sea tener el congelador repleto de helado.

La mayoría no me cogieron el teléfono. No me extraña pues cuando yo en su día estuve al otro lado de la linea, tampoco lo hice la primera vez, sin embargo un par de personas tuvieron el valor suficiente para afrontar la llamada de un número desconocido y gracias a los minutos de charla que mantuve con ellos descubrí el primer gran secreto de recursos humanos: solo contratan a la gente que les cae bien. Pues son las vibraciones que te transmite alguien con el que hablas, y no lo que ponga en un pedazo de papel, lo que determina tu afinidad con esa persona, que al fin y al cabo es lo más importante a la hora de desempeñar un trabajo en equipo.

Por suerte para ellos, se trataba de entrevistas informales sin ningún valor inmediato pues hasta después del verano dudo que vayan a a necesitar a alguien en la empresa, y para entonces, segundo gran secreto de RRHH,  intervendrá más el azar que los méritos del demandante.

Cuando llegó la hora de marcharme entregué los documentos a la encargada del departamento y me fui con cierta angustia. Entre los solicitantes del puesto se encontraban ingenieros, profesores de ciencias políticas con años de enseñanza en universidad del extranjero, informáticos de amplia experiencia con cuatro idiomas... todo un indicativo de lo mal que deben ir las cosas en España para que gente así aspire a perderse en un pueblo olvidado de la mano de dios en un país a miles y miles de kilómetros del hogar, por un puñado de dólares.

Las comparaciones son odiosas

Es la noticia del fin de semana. El gobierno de Ángela Merkel está pensando en ofrecer trabajo cualificado a los jóvenes ingenieros en paro de este país. Ofrecimiento por otra parte innecesario pues cualquiera puede irse para allá que para eso estamos en la UE ¿O es que la vaca aquella que clamaba por su vida en un capítulo de Farmacia de Guardia murió para nada? Se da así un paso más, calculado o no según a quién se pregunte, en la construcción de una Europa supranacional con zonas delimitadas por su función y aportación al nuevo megaestado. De esta forma Alemania aglutinaría el I+D continental, compartiría con Francia  y el norte de Italia el tejido industrial y en la RTL Television se podrían ver anuncios tipo "España, país de vacaciones", un lugar donde los ancianos europeos podrían terminar sus días rodeados de sol y de compatriotas más jóvenes inundados en alcohol barato; como ahora pero sin nadie capaz de endeudarse por encima de sus posibilidades y poner en riesgo la estabilidad económica.

El hecho de que tenga que venir un gobierno extranjero a intentar arreglar el problema del paro español, haría que en un país serio su parlamento en llamas iluminara la noche y los políticos se balancearan en las farolas de la capital pero como estamos así por lo que somos, al menos me sirve para presentar una nueva aplicación web, más curiosa que útil, por la cual podemos comparar dos países cualesquiera y obtener una serie de estadísticas entre las que se incluyen algunas tan frívolas como el tamaño y otras algo menos, como la posibilidad de conseguir un empleo.

La aplicación la podéis encontrar en If it were my home. Su funcionamiento es muy sencillo, seleccionamos dos países cualesquiera, y en el caso de que uno de ellos sea la antigua Hispania y el otro un país civilizado, nos echamos a llorar. No recomiendo a ningún desempleado probarlo con Canadá o la citada Alemania, para no caer en una profunda depresión. Eso si, hay que destacar la mala leche de la página pues en las lecturas recomendadas sobre el país germano, un alto porcentaje de ellas está dedicada al período Nazi, cuando uno de sus lemas era: El trabajo libera.


Si solo tuviera uno o dos meses menos de invierno sería el país perfecto

They will take my lightsaber from my dead cold hands

Una de las razones del tremendo éxito de La guerra de las galaxias está en las distintas interpretaciones que pueden sacar de ella sus espectadores. Unos ven la emotiva historia de redención de Anakin Skywalker, para otros es un espectáculo de efectos especiales y explosiones, también es la biblia de la que gente con pocas posibilidades de hacerle el amor a una mujer extrae las valiosas enseñanzas de una nueva religión, un tema con el que romper el hielo con alguna chica muy muy muy borracha o el manual perfecto para subvertir el orden democrático y convertirlo en una despiadada dictadura. Sin embargo, una vez repasada la dos trilogías, bajo una capa de seres multiformes, luchas con espada láser, batallas espaciales y disléxica filosofía, aparece la verdadera motivación de la historia: un alegato a favor de la segunda enmienda de la constitución de los Estados Unidos, la cual permite la tenencia de armas a sus ciudadanos.

Han pasado cuatro años desde el final de la guerra por la independencia de las 13 colonias inglesas y varios de sus representantes se reunen en Filadelfia para dar forma a una constitución por la cual se regirá el gobierno de los recién nacidos Estados Unidos de América. James Madison, abogado y futuro presidente de la nación, redacta una serie de enmiendas con el fin de contrarrestar el poder del gobierno federal con una serie de libertades individuales entre ellas la libertad de expresión y la de portar armas. Este punto es causa de innumerables discusiones aún hoy, muchas veces sin tener en cuenta por qué fue establecido así.

En el imaginario colectivo, la segunda enmienda se ve como algo obsoleto producto de un tiempo en que el rey de Inglaterra podía entrar por la puerta de la casa de cualquier americano, como bien explica Homer a Marge cuando intenta hacerle ver lo necesaria que es tener una pistola en casa y como ocurrió en la guerra de 1812 en la que la Casa Blanca fue incendiada por las tropas inglesas. En esos momentos era necesario contar con una milicia armada que pudiera, o intentara al menos, repeler los ataques de los enemigos de la nación si el ejército se viera desbordado. Sin embargo hay otro motivo al cual no se suele dar pábulo por el ejemplo que podría dar en la actualidad. La idea de Madison al redactar la declaración de derechos en la cual se recogen las primeras enmiendas a la constitución, era otorgar al ciudadano de los derechos necesarios para evitar los desmanes de un gobierno federal incontrolado sobre su persona. Pese a lo que se diga, el poder emana de la fuerza y en teoría, un gobierno con un ejército poderoso podría imponer sobre sus ciudadanos cualquier tipo de ley, por muy abusiva que fuera. Esto se traduce en la famosa frase que se le atribuye incorrectamente a Benjamin Franklin: La democracia son dos lobos y un cordero votando sobre lo que se va a comer. La libertad es un cordero bien armado impugnando la votación.

En una galaxia muy muy lejana, justo antes del Episodio I, nos encontramos con una minoría, los jedis, que imponen la paz con su diplomacia del sable láser, esto es, o haces lo que te digo o dominaré tu voluntad mediante el uso de la fuerza.

Este pequeño cuerpo de paz que responde ante el gobierno de la república, parece ser suficiente para mantener el orden galáctico, hasta que se presenta una amenaza seria: el bloqueo de las rutas comerciales por parte de la Federación de comercio y su ejército de insensibles droides. Su primera acción es contra el indefenso planeta de Naboo que, como sociedad presuntamente avanzada, posee un ejército testimonial que es rápidamente arrollado por los invasores.

La princesa Amidala se ve entonces obligada a pedir ayuda a los hasta entonces repudiados Gungans, creando una pauta que se repetirá en toda la saga: son las sociedades con una estructura tribal o primitiva, los que no dudan en tomar las armas para luchar por su libertad: ya sean los Gungans de Naboo, los Wookies de Kashyyyk o los Ewoks de la luna de Endor.

El éxito de los amigos de Jar Jar Binks es temporal y localizado en un determinado espacio. Pronto se ve que son necesarias más fuerzas para detener el avance en la galaxia de una ola interminable de droides de combate de rápida construcción. Sin embargo, ¿cogen los blasters los ciudadanos de Coruscant? ¿Rellenan sus mochilas de detonadores térmicos los hombres de Alderaan? No, recurren a un ejército creado artificialmente y en secreto, por órden del canciller Palpatine, que planea usarlo para su asalto al poder supremo.

En numerosos sistemas planetarios se libran encarnizados combates protagonizados por peones de ambos bandos. Como regla general no hay ciudadanos en el campo de batalla, si acaso sirviendo de apoyo logístico. Son droides, clones y bárbaros los que vierten su sangre y su líquido hidráulico por los ideales de otros. Nada nuevo desde que los romanos se entregaban al pan y circo mientras los bárbaros defendían los limes del imperio.

Parece una situación ideal. La gente puede llevar una vida normal sin verse afectada por los horrores de la guerra. Sin embargo finalmente Palpatine descubre sus cartas y vuelve a ese ejército contra el pueblo que supuestamente defendía. Su mayor baza es la falta de empatía de sus soldados a los que no les tiembla el pulso al eliminar a sus líderes Jedi. Un ejemplo claro de esto es la actitud del comandante Cody, el cual ordena sin vacilar un instante acabar con la vida de Obi Wan Kenobi. Para quien haya visto la serie de animación "The Clone Wars" es algo chocante pues Kenobi había salvado la vida del soldado clon innumerables veces y su relación parecía ser afectuosa.

Es en el Episodio III donde Lucas señala los peligros de un gobierno con un ejército sin ninguna relación con la indefensa población, y como puede someter a esta a la tiranía. Ocurrió a pequeña escala en los Estados Unidos durante los tiempos de la Gran Depresión cuando un grupo de veteranos de la primera guerra mundial junto con sus familiares decidieron acampar en Washington en protesta por las políticas de Hoover para con ellos. El jefe del estado mayor del ejército y posterior héroe en la segunda gran guerra, Douglas Macarthur, ordenó a sus tropas entrar en el campamento a bayoneta calada para desmontarlo, acabando con la vida de dos veteranos e hiriendo a centenares.

Con los impasibles clones bajo su mando, el ya emperador Palpatine puso a la galaxia bajo su puño de hierro durante varios lustros. Sin embargo, todo empezó a cambiar en el momento en que los granjeros de Dakot... Tatooine decidieron coger las armas y rebelarse contra el gobierno, siguiendo la idea de los padres fundadores de crear milicias con los mejores ciudadanos (claro que no contaban con los paletos de Montana que dedican los fines de semana a beber cerveza, comentar los últimos cotilleos sobre Paris Hilton y hacer prácticas de tiro con una diana con la foto de Janet Reno) Hombres libres y algún que otro calamar decidieron dejar la tranquilidad de sus hogares, sacar sus cazas X-Wing del garage y confrontar la tirania, derrocando finalmente, tras muchos sacrificios, al emperador y devolviendo la democracia a los pueblos de la galaxia.

Ese en definitiva es el gran mensaje que se desprende de la obra de Lucas: No esperes que clones, robots o muñecos peludos luchen por tu libertad. Compra un blaster y acaba con tus representantes si no te gustan sus leyes. Lo de Darth Vader, el incesto, las navecitas y el chulo playas de Solo, es una cortina de humo.





Give me Liberty or give me death!

Una gamba en televisión

Si alguna vez llega a acontecer eso que tienen a bien llamar futuro, le contaré a los nietos de mis vecinos, cómo antiguamente los coches tenían cuatro ruedas, la coca cola era de pago y en la televisión emitían programas vacíos de contenido, que eran el equivalente a bajarte a la plaza con los colegas a aspirar el humo de los porros que emitían los repetidores, sentados en el banco más alejado de la calle, en ese rincón donde las esperanzas se esfumaban entre calada y calada.

Uno de estos programas es Tonterías las justas, que se emite en la actualidad en Telecinco 3, o Cuatro, como se prefiera, con un trío de solventes presentadores más una maciza importada de la pampa que solo aporta puntuales momentos de sensualidad tolerada, por las amas de casa que se privan de ver Sálvame con el loable fin de salvaguardar la moral de sus retoños (que suelen ser los del banco del párrafo anterior)

Hace no  mucho existía un programa llamado "Estas no son las noticias" presentado por uno de esos cómicos salidos del canal Paramount Comedy (Chanante, ¡¡chanante!!) llamado Quequé, que a la postre comenzó en el programa de Fuentes; pero no aludiré a él pues no haría más que señalar mi condición de viejuno sin vida social.

En dicho programa, aparte de esa diosa en la tierra llamada Ana Morgade, se rodeaba de un nutrido grupo de colaboradores entre los que destacaban David Broncano, un ser a medio camino entre un cani del extrarradio y el saltamontes de Basket Fever, Anna Simón, cuya función no recuerdo más allá de dar lustre y comprobar la resistencia elástica de los modelitos que le endilgaban y Dani Martinez, un imitador-cómico-observador de la vida, muy moderno y con los pantalones por debajo de la rabadilla.

El programa no llegó a disfrutar de un merecido éxito, pese al exceso de globos femeninos que desplegaban cada día. Si se juntara el volumen pectoral de las dos Anas, se podría elevar por los aires una pedanía de mediano tamaño.

A la Morgade se la llevó Buenafuente a su programa pese a que la expresión que adorna su cara más que a la sonrisa, incita a quitarse la ropa, ponerse a cuatro patas y pedir a gritos ser azotado por su implacable látigo. Simón y Martinez dieron tumbos por la parrilla televisiva hasta arribar al programa que nos ocupa, bajo la tutela de Florentino Fernandez, eterno Crispín Clander para una generación, presentador de El Informal para otra, y tontaco mayor del reino para los ni-nis de pocas ambiciones, escasa paciencia y nulas inquietudes.

TLJ es un programa que mezcla elementos de El Informal (poquísimos por desgracia), Se lo que hicisteis, antes de que fueran repudiados como Mourinho en una convención de payasos, por las cadenas de televisión, más el "6 en ranking", una novedosa sección en la que se conjugan los vídeos de caídas, con música disco y una violencia tan light como la carne que enseñan las chicas, que ya ni siquiera tienen el tirón suficiente para hacer que te enganches al programa, desde que Cuatro fue absorbida por la cadena amiga e introdujeron contenido de Sálvame en su escaleta.

Seguramente cuando les cuente todo esto en un futuro los chavales no solo no me creerán sino que me mirarán extrañados y me preguntarán: ¿En tus tiempos necesitabais los ojos para ver la tele?



Adorad todos a los hipno-pechos

Tu nombre en una cara

No se trata de un anuncio de tatuajes o de esponsorización extravagante, si no de una página web en la que podremos convertir nuestro nombre, o el que se nos ocurra, en una curiosa cara pixelada, al estilo de los gráficos de los ordenadores de 8 bits. Para ello, simplemente deberemos escribir el texto en el recuadro correspondiente y ya está, nuestra imagen lista para representarnos como avatar o para hacer pegatinas para la carpeta del insti ahora que el modelo masculino predominante, Justin Bieber, es de todo menos masculino. La página web es: Turn your name into a face.
Con la tecnología de Blogger.