Feo, fuerte y formal

Las maravillas del mundo son tantas que es imposible conocerlas todas y debemos confiar en el destino o la suerte, en forma de amigo o un enlace a una página desconocida, para que una de ellas se cruce en nuestro camino y podamos disfrutarla. Y eso me ha pasado a mi con la música de Loquillo. Tuve que cruzar el océano para redescubrirlo.

Reunidos en mi casa, un compañero de trabajo y yo, buscamos en el disco duro de su portatil su amplia colección de mp3. Intentabamos culturizar a Luigi, mi compañero de piso italiano, abriendo sus oidos a la historia musical de nuestro pais. Casi se atraganta con los primeros pasos del Perrea, perrea, de Chikilicuatre y con Gran ganga su rostro mostró una mueca a medio camino entre el desprecio y la estupefacción, mientras se planteaba seriamente el visitar nuestro país, como planeaba hacer en cuanto se le terminara el contrato.




Decidimos no hacer sufrir más al chaval y los Fito, Barón Rojo, La Unión, Raphael (es un grande ¿qué pasa?) y compañía se fueron sucediendo uno tras otro, calmando a la fiera italiana que amenazaba rebelión si continuabamos con los anteriores esperpentos sonoros.

Aún vibraban en los altavoces los últimos gorgoritos de Bunbury, cuando la voz rotunda de Loquillo anunció la historia de un Cadillac solitario. El salón quedó en silencio en esos instantes mientras nos veiamos transportados a nuestros propios cadillacs, sentados en mitad de la noche y de la nada, recordando a esa persona que nunca se irá, mientras perdemos la vista en un futuro que no fue.

La canción terminó con el llamado desgarrado a su chica, y de entre nosotros nadie dijo nada durante medio minuto, quizá más. Se había hecho tarde y todos estabas absortos en nuestros recuerdos. La fiesta había terminado.

Yo subí a  mi habitación y enchufé mi portátil dispuesto a quemar la linea telefónica con la descarga de la discografía completa de Loquillo y los trogloditas. Uno tras otro me fueron enganchando sus temas, viéndome reconocido en muchisimos de ellos. Quizá por eso en mi juventud nunca le presté atención, al fin y al cabo los temas de sus canciones me eran ajenos, yo era un joven sin experiencia de ningun tipo que todavia no sentir escurrirse entre sus dedos los finos granos del reloj de arena que marcan nuestros días.

Hace poco me enteré que en mi última visita a Barcelona, estuve paseando por el barrio en el que se crió. No muy lejos de alli, a un par de manzanas solo, lo que son las cosas, permanece mi cadillac, aparcado para siempre bajo su ventana.




Y no volverá a arrancar.

6 comentarios:

  1. Uf, qué temazo. Como escarrrrpias :)

    Para que luego digas que no pretendes ser melancólico :P

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  2. No lo pretendo Rizos, me sale solo :P

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  3. Para mí siempre será "Supersónica" la canción "aparcada" en su azotea.
    Grande este post, muy grande.

    Mina

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  4. Dicen que siempre suena otra canción que ocupa tu garage, pero no me lo creo. ¿Por cierto, de quién es Supersónica?

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  5. Mira a quien tenemos por aqui, que sepas que no he llegado en cadillac, sino a patita, pero me alegra verte.

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  6. Gracias Eriwen! Espero verte por aquí!
    Gracias por la visita!!

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