Das Vampire

Homini Nocturna, Nosferatu, Vampiro, el chupacabras bípedo, hijo de caín, strigoi, Bracula, marasousa gótico... muchos nombres han recibido a lo largo de la historia los seres más aterradores y a la vez fascinantes de la literatura victoriana. Esos seres que chupaban sangre a falta de una vida sexual sana. No es de extrañar por ello que el mito surgiera en Rumanía donde... bueno, no hace que diga una palabra más sobre ello, ya todos sabemos como se las gastan en ese país.

Pero no quiero hablar hoy del asexuado y aún así seductor señor de la noche, sino de un libro infantil que me fascinó en mi niñez, hasta el punto de que llegué a leerme dos títulos de la saga en una tarde, lo que causó honda preocupación en mi madre, que pensó que me estaba volviendo loco. Se trata ni más ni menos que de "El pequeño vampiro", de la autora alemana Angela Sommer Bodenburg publicado en 1979, en España, por la editorial Alfaguara.

Antón es un niño normal, con unos padres normales y una normal afición por los cuentos de terror, que un día se encuentra a un vampiro en su habitación, como si de un okupa cualquiera se tratara, solo que más limpio. Antón que es un buenazo y está bastante acojonado por el no muerto, más o menos de su misma edad cuando fue convertido, le esconde de sus padres y pronto se establece un vínculo de amistad basado en el terror (como las relaciones con los ex)

El pequeño vampiro tenía que dar miedo. Como por tratarse de un libro para niños la escritora no podía escribir ninguna escena truculenta, tenía que buscar otro elemento que provocara pavor en el lector y en el protagonista de la historia. Ya que Antón es alemán y no se iba a asustar de otro alemán, Ángela hizo del pequeño nosferatu lo único que temen los alemanes: un prusiano. Así, le dio el nombre de Rüdiger von Schlotterstein.

En los libros, pues la saga consta de 19 entregas, se tocan los temas propios de la literatura infantil: ocultar a tu amigo de tu familia, evitar que un cazavampiros mate a tu amigo, el primer amor entre humano - vampira desdentada, mudarse de cripta, visitas a Transilvania...

Al final de la serie fue degenerando la cosa con títulos como "El pequeño vampiro baila que te mueres" (nótese la ironía) o "El pequeño vampiro lee", que no es para nada un intento de usurpar el trono educativo de Teo, si no que Rudiger encuentra las crónicas de su familia, y se las lee. Un tema apasionante vamos, y debía serlo de veras, pues durante años estuve presionando los nervios del bibliotecario para que comprara cualquier nuevo ejemplar que saliera al mercado, hasta que este decidió expulsarme de la biblioteca, pero esa es otra historia.

Luego, con un éxito rotundo a sus espaldas, habiendo sido traducido a más de 30 idiomas, se hizo una serie de televisión que no recuerdo y una película que prefiero no recordar y que no tenía nada que ver con esos libros de los que aún hoy, guardo un grato recuerdo. A todos los niños que lo fueron y a los que lo son, les recomiendo que le den una oportunidad al tímido chupasangre. Una vez empiecen les enganchara tanto como si les hubiera mordido en la yugular.

2 comentarios:

  1. A mi me encantaba de pequeña esa saga de El pequeño vampiro, supongo que ahí empezó mi afición a todo ese mundillo.
    Y qué suerte haber nacido entonces y haber pillado esas ediciones, porque ahora crecen todos con Crepúsculo y demás mierdas y jo, son todos unos vampiros de pró adictos a la insulina, de tan dulces que parecen.

    Qué ajco.
    :P

    besicos!!

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  2. Cuanta razón tienes Fle. Los vampiros de ahora parecen sacados del Soho o de la Superpop, según esten dirigidos a grandes o pequeños.
    La literatura infantil-juvenil en general, vive una época de pasteleo total, con el mencionado crepúsculo o Memorias de Idhun.
    He visto que han sacado "nuevas" ediciones de El pequeño vampiro, pero me da que hoy día se lee poco.
    Un abrazo!!

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