Roma no se escribió en una hora (II)

Cuando empecé en esto de escribir (es un decir) pensaba que con tener algo en lo que escribir y un lápiz, bastaba. Con los posts chorras que suelo publicar aquí, si que lo es, pero a la hora de afrontar proyectos de gran envergadura, no es práctico.

Busqué información sobre los métodos de trabajo de los escritores profesionales, o aficionados, tanto daba, pero el resultado fue decepcionante, pues nada había publicado al respecto. O igual no busqué lo suficiente, vete a saber.

Por ello, me autoadjudico el título de escritor y he pensado en explicar la forma en que trabajo, por si a alguien le resulta útil.

Al principio es la idea. Esta puede venir de una sensación, un hecho insólito, una experiencia personal o de otros, una canción... Esa idea, generalmente no más de dos lineas, la apunto en alguno de mis cuadernos de notas. Allí reposan varias semanas hasta que un día, vuelvo a ellas y en mi cabeza ideo un principio y un final, final a partir del cual voy desarrollando mentalmente la historia durante los días siguientes.

Suelo apuntar situaciones que ayuden a espesar la trama, fragmentos de conversación y/o personajes nuevos. Por su carácter espontáneo, estas ideas las voy apuntando donde puedo: el móvil, una servilleta, la base de datos de mi PC, etc. Una vez tengo un número respetable de retazos con los que armar la historia, abro el procesador de textos y creo una división de la novela por capítulos, en los que voy clasificando todo lo anteriormente anotado.

Sabiendo ya qué sucederá en cada episodio, voy rellenando los espacios vacíos hasta tener un texto coherente aunque carente de estilo. Es la primera versión sin revisar.

Empiezo entonces con un el proceso de corrección. Párrafo a párrafo voy eliminando palabras repetidas con frecuencia, adverbios innecesarios, anglicismos, cacofonías, expreso determinadas frases de forma más elaborada o sencilla, etc. A continuación, sangro el texto según me venga en gana, pues desconozco si existe alguna regla para ello, ya que en unos libros lo hacen de una manera y en otros de distinta forma.

Para finalizar, hago un doble repaso ortográfico: el primero usando el corrector de Word y el segundo, leyendo integramente el texto, lo que me sirve para hallar algún error de estilo que se me haya pasado con anterioridad.

Días o semanas después debería volver a repasarse el texto, pero siempre que he escrito algo ha sido con el tiempo azuzándome con la fusta de la premura, por lo que no he podido hacerlo. Os lo recomiendo.

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