La madriguera del conejo blanco

Sobre la revista Playboy recae un aura mística de sensualidad y obsceno glamour. Junto con la coca cola, es uno de los iconos de los USA y no importa en que sucio agujero del planeta te encuentres, que siempre habrá alguien que haya oido hablar de ella, y de sus apetecibles muchachas de portada.

En España, el Playboy (quitando Espartaco Santoni), como el divorcio, era algo al alcance de muy pocos, pero su leyenda se perpetuaba en los filmes y teleseries americanas que bombardeaban nuestros televisores durante la mágica década de los ochenta. Siempre tuve curiosidad por echar un vistazo a la revista, pero donde yo vivo lo único que tenia el kioskero era el Supervixxen. Aquí de siempre nos ha gustado el porno duro.

Con internet y la generosa aportación de gente que mata su tiempo escaneando páginas y más páginas de todo tipo de magazines (gracias esforzados sufridores) tuve la oportunidad de hacerme con varios.

Aún recuerdo cuando "abrí" mi primer Playboy y me encontré paginas y más paginas de texto y anuncios, salpicadas si acaso con algunos dibujos ligeramente picantes. Yo me esperaba un festival de pechos y sexos depilados unidos con el fin de exaltar la libido del lector, pero nada de eso. ¿Donde estaban aquellas bimbos que amenazaban con dejarte ciego de un golpe de torso? Alguna había si, pero se podía encontrar fotos más explicitas y en mayor cantidad en un simple anuncio de chocolatinas de una página web.

Para mi supuso una pequeña decepción en cuanto a tias buenas se refiere. Supongo que como hijo de petardas.com, un puñado de chicas por muy buenas que estén, no son estímulo suficiente, deben moverse y gemir seductoramente además, para llamar mi interés. Sin embargo, descubrí la parte literaria de la publicación, con unos reportajes y unas entrevistas que más de un periodico nacional querria para si.

Interviu, la copia española, no le llega ni a la suela de los zapatos, básicamente porque no tenemos para entrevistar un Arthur Miller, un Coppola o un Woody Allen, en resumen no tenemos a nadie que tenga algo de que hablar más allá de publicitar su último trabajo.

En mi época uno leia el playboy para ver tias buenas. Hoy, un niño lo abriria para culturizarse, si es que le interesara la cultura, que va a ser que no, porque entonces se harian calendarios a todo color de Juan Manuel De Prada y no es el caso, por fortuna.

Larga vida a Playboy y a Hugh Heffner, auténtico titán humano, que se mantiene firme como una roca ante las acometidas de sus esposas, que no sé cómo no le han echado cicuta en el martini ya, para cobrar la herencia. Usa catadores de cockteles Hugh, el macho occidental no puede permitirse perde a su icono principal.

2 comentarios:

  1. ...calendarios a todo color de Juan Manuel De Prada...¿Ya sé que deseo por Reyes!

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  2. Seria un negocio a tener en cuenta... Tendriamos que hacer un estudio de mercado para ver cuantos familiares tiene De Prada, y si saldria rentable!
    Un abrazo.

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