El graduado

Lunes. Extraño dia para celebrar la ceremonia de graduación de los que ayer entraron al instituto como niños y salen hoy como niños con más años. Supongo que sus razones tendrán, pero el comienzo de la semana tiene de festivo lo que los peta zetas de comida sana, y lo mismo han debido de pensar los miembros de la promoción del 2006 del instituto junto al que vivo, a juzgar por la actitud apática de más de uno al llegar al centro.
Ayer por la tarde, empezó a confluir en la puerta del colegio gente más elegante de lo normal, vaporosos vestidos de gasa ellas, trajes de dolce gabana ellos, que para eso el instituto es de pago. Todos guapos y guapas, incluso las madres, tias, primas, etc, etc, lo que supone una pequeña ratificación del post de ayer.
No se como se desarrollaria el acto, pero a más de uno se le veia entrar con la esperanza de que esa noche se iba a estrenar, al más puro estilo americano. Yo apenas recuerdo mi graduación del instituto. Solo que fue la primera y única vez que una chica me dijo que estaba muy guapo (otro punto a favor de la teoria del traje) aunque más bien se sorprendio de verme peinado y sin chandal. En la posterior cena el director del instituto (adicto al Doom) nos deleitó con un aria que salia en la película de los intocables (para que veais que no soy el único raro), eso os hara una idea de lo emocionante de la noche, que para mi terminó pasada la media noche, sólo y sin haberme estrenado y es que esto no es américa. Para que haya arrejuntamiento sin existir conocimiento previo no hay nada mejor que un baile en el gimnasio del instituto, pero esa costumbre aún no ha sido importada para desgracia de DJ´s en paro. La única manera de ligar era con las compañeras de tu mesa. En la mia solo se sentaron 3, asustadas sin duda por el catalogo de inadaptados que ocupaban el resto de asientos. Terminé hablando con la más guapa de todas de un tema realmente excitante: los examenes. Estaba en mi época triste, antes de empezar a escribir sobre suecas y lo que me pasa cuando voy a la biblioteca. Las miradas condescendientes que me lanzaba de vez en cuando a medio camino entre la lástima y la incredulidad, no animaban a profundizar en la conversación. Asi pues mi graduación no fue nada del otro mundo, una cena cara con gente que no volveria a ver; al menos me dio para un post.

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